lunes, 23 de febrero de 2026

LA DE LA PAZ DE TRUMP, UNA JUNTA DE MAMPORREROS CON OLOR A MUERTO

Dice David Torres en el diario Público que la Junta de Paz que ha montado Donald Trump despida un olor a muerto que tira de espaldas. De acuerdo que la ONU, en sus mejores momentos, resulta tan efectiva como una reunión de mi comunidad de vecinos, pero el equipo de figuras que ha seleccionado el tío Donald no tiene desperdicio. Con fichajes de la talla de Netanyahu, Putin, Salman, Milei, Erdogan, Bukele, Meloni, Orban y Lukashenko es evidente que en la trasera de la Junta de Paz hay montada una funeraria. Lo mejor de la inauguración de esta caterva de filántropos, escribe el firmante, estuvo en los discursos: una Junta de Paz para Gaza donde apenas se habló de Gaza. En cambio, Donald le dedicó un resbaladizo elogio al presidente de Paraguay, Santiago Peña: "Qué joven tan guapo. No es que me gustes. No me gustan los hombres jóvenes, las mujeres sí, pero en los hombres no tengo tanto interés". Tampoco hacía tanta falta que explicara algo que está explicado de sobra en los papeles de Epstein.


 

David Torres 

Llámenme raro, llámenme extravagante, pero a mí eso de la paz siempre me ha dado mal rollo. Son tres letras bien rotundas, prácticamente un epitafio, unas siglas como R.I.P. o E.T.A. o U.S.A., que también son conceptos para andarse con ojo. En 1964, el régimen franquista decidió celebrar sus 25 años de paz, conmemorando el final de la guerra que perdimos todos salvo esa sanguinaria garrapata a la que le pesaba el culo más que las medallas. Aprovechando el tirón, José Luis Sáenz de Heredia dedicó un documental de lo más cómico a la figura del Caudillo (Franco, ese hombre) en el que, entre otros chascarrillos, escuché por primera vez una expresión que define bastante bien cómo andaba por aquel entonces la profesión de reportero en España e incluso cómo anda ahora. Con la inconfundible locución nasal del NODO, el narrador iba describiendo los preparativos del desfile militar y, para explicar que algunos periodistas todavía no habían hecho acto de aparición a esa hora de la mañana, decía: "De suyo perezosos". Supongo que el adjetivo le costó el paredón a más de uno.

La paz, así, con mayúsculas triunfales, suele ser la de los cementerios, la de las cunetas y las fosas comunes en el caso de la guerra que perdimos todos -aunque, la verdad, algunos la perdieron más que otros. De ahí que la Junta de Paz que ha montado Donald Trump para hacerle la competencia a la ONU despida un olor a muerto que tira de espaldas. De acuerdo que la ONU, en sus mejores momentos, resulta tan efectiva como una reunión de mi comunidad de vecinos, pero el equipo de figuras que ha seleccionado el tío Donald no tiene desperdicio. Con fichajes de la talla de Netanyahu, Putin, Salman, Milei, Erdogan, Bukele, Meloni, Orban y Lukashenko es evidente que en la trasera de la Junta de Paz hay montada una funeraria.  

Como siempre, la realidad va tres o cuatro pueblos por delante de la ficción, ya que no hay chiste alguno que pueda superar las fotos de una cumbre que parecen sacadas de un especial de José Mota o de una retransmisión en directo del sorteo de la lotería de Navidad, con los participantes disfrazados para atraer la suerte al bombo. En esta convocatoria, entre turbantes y bigotes, con Donald levantando un mazo dorado y J.D. Vance sonriendo al mejor estilo Chucky, la Junta de Paz parecía el congreso anual de los enemigos de Batman, sólo que sin Batman. También podría ser una conferencia internacional de los villanos de James Bond -de Goldfinger a Blofeld y de Le Chiffre a Scaramanga-, sólo que sin James Bond. Spectre en todo su esplendor, esta vez dibujada por Ibáñez. Como decía Benedict, el sicario con ojo de cristal en esa ignorada maravilla que es El último gran héroe: "En el mundo real, el mal siempre triunfa".

Fotos aparte, lo mejor de la inauguración de esta caterva de filántropos estuvo en los discursos: una Junta de Paz para Gaza donde apenas se habló de Gaza. En cambio, Donald le dedicó un resbaladizo elogio al presidente de Paraguay, Santiago Peña: "Qué joven tan guapo. No es que me gustes. No me gustan los hombres jóvenes, las mujeres sí, pero en los hombres no tengo tanto interés". Tampoco hacía tanta falta que explicara algo que está explicado de sobra en los papeles de Epstein. Por lo demás, Donald prometió diez mil millones de dólares para la Junta de Paz, un invento que según él supervisará el trabajo de las Naciones Unidas; bromeó sobre Vance, Rubio y el resto de sus mamporreros; comentó lo mucho que se merecía el Nobel de la Paz; pidió un aplauso para Netanyahu, por lo bien que mataba niños; y alabó el documental sobre su mujer, Melania, que viene a ser al arte cinematográfico más o menos lo mismo que Donald Trump a la política. De la paz en Gaza tampoco había mucho que decir, puesto que está enterrada junto a docenas de miles de palestinos. Y los que quedan por pacificar. La Paz, como decían Les Luthiers, está en Bolivia.  

         PÚBLICO  DdA, XXII/6271

No hay comentarios:

Publicar un comentario