«Cuando el padre tuvo millones amasados por él y el primerío que fue trayendo desde la lejana aldea asturiana, descubrió que era época de casarse, que necesitaba una mujer para perpetuar la familia, la suya propia, su estirpe de aldeanos milenariamente aferrados a la pomarada y al maizal, a la espuerta y al cuido del cerdo y la vaca, equilibrados en las almadreñas, con la boina y el zurrón y a flor de labio una praviana, firmes en una sabiduría telúrica. Ni padre ni madre acompañándolo en la aventura de América. Viejos apegados ellos a la tierra nativa, al duro corte de los picachos y al cencerro de las cabras mezclado al tintineo de la campana de la ermita, suficiente todo para sus corazones sencillos. Primerío tan solo en América a su alrededor. Y hasta esa frontera del medio siglo, nada más que el afán de enriquecerse, de abrir sucursales al negocio, de vender clavos y pernos, alcayatas y españoletas, y todo el cesto que encierra una ferretería; de vender y almacenar mercaderías y dineros. Sin descanso.»
martes, 10 de febrero de 2026
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXII): NO NOS DEJEN SOLOS CON ESTOS "NACIONALES" DEL PRESENTE
Marta BRUNET CÁRAVES (Chillán, Región del Biobío, Chile,
9 de agosto de 1897 - Montevideo, Uruguay, 27 de octubre de 1967):
Inicio del “Capítulo 2: Raza de inmigrantes” de Amasijo (1962) .
La historia de nuestros antepasados emigrados a América es una sucesión de hambres y luchas personales, de descubrimientos y ambiciones, de afanes de acumulación y nostalgias del origen, de recuerdos evanescentes y afectos aplazados… No hay mayor estímulo, mejor caldo de cultivo para el egoísmo capitalista que las historias de los emigrantes triunfadores (es decir, enriquecidos, pues esa parece que sea la única medida de su triunfo).
Y por eso sembraron, con frecuencia, las inmediaciones de las pomaradas originarias de ésta su tierra natal, con palmeras orgullosas en su altura dominante... Y construyeron mansiones de pretencioso barroquismo... Y restauraron o construyeron relamidas iglesias aldeanas... Simples muestras, frecuentemente inútiles, nunca utilizadas personalmente, de poderío.
Hoy los nuevos ricos, los amos del mundo, en cualquier caso, no pretenden mostrar su poder con semejantes dispendios simbólicos (que sólo disfrutan y atesoran en su ámbito privado)... En lo público, prefieren demostrar su control sobre vidas y haciendas, a través de la casta política (en la que, de vez en cuando y según su particular dosis de narcisismo ególatra, empiezan a integrarse), transformando a su antojo leyes y normas, desmantelando derechos para mejor afianzar sus intereses.
Porque la educación o la salud, y hasta la misma miseria ajena, también son su negocio... Como lo son los propios inmigrantes. Pero, por muchos motivos (pragmáticos, éticos y hasta estéticos) la ciudadanía de a pie no puede permitirse (no podemos permitirnos) prescindir de los inmigrantes de hoy. Aunque sólo sea para que no nos dejen solos con estos nacionales del presente… Y con los amos del mundo.
DdA, XXII/6258

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