A propósito del artículo que sigue, publicado en el diario argentino Página/12, leemos estas recomendaciones para acabar con el matón del barrio:
Visibilizarlo. El matón vive del miedo y del silencio.
Denuncias formales, registros escritos, audios, videos, testigos. Todo documentado.
Acción colectiva. Solo es fuerte frente a individuos aislados. Con vecinos organizados pierde poder. Reclamos firmados, reuniones barriales, consorcio, junta vecinal.
Vía legal sostenida. Denuncias reiteradas por amenazas, coacción, disturbios, ruidos, violencia. No una sola: constancia. La ley actúa por acumulación.
Autoridades correctas. Policía cuando corresponde, fiscalía si hay amenazas, mediación comunitaria si el conflicto es cotidiano. Cada cosa por su canal.
No confrontarlo a solas. La confrontación directa es su terreno. Ahí gana.
Evitar provocaciones y discusiones cara a cara.
Límites claros y públicos. Cuando hay que hablar, que sea con testigos o por escrito.
Frases breves, firmes, sin insultos ni desafíos.
Persistencia. El matón se cansa cuando ve que no intimida y que cada acto tiene consecuencia.
EN DEFINITIVA: El matón no se “termina” a golpes. Se termina cuando deja de ser impune.
Luis Bruschtein
Si algo confirmó el ataque norteamericano a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China.
Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares. Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.
En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.
La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo.
La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro. La fuerza de elite norteamericana tenía información precisa para el ataque, desde los movimientos de Maduro hasta el despliegue de sus guardaespaldas. Tuvo informantes dentro de su círculo más cercano. Treinta de sus guardaespaldas cubanos resultaron muertos en el combate, y seis de los atacantes se retiraron heridos.
El dato más fuerte fue que, en vez de saqueos y manifestaciones contra Maduro, hubo una enorme manifestación de apoyo al gobierno. La gente se movilizó a pesar del miedo. Las Fuerzas Armadas se mantuvieron leales y ordenadas. Y la nueva presidenta, Delcy Rodríguez ha sido una militante revolucionaria destacada. Su padre fue un dirigente guerrillero que murió en la tortura en los años ’70. No parece que hubiera un cambio en la política del gobierno venezolano.
Estas son las cartas. Pero solamente las que se pueden conocer. Quedan abiertas muchos interrogantes. Y muchos de ellos dependen del proceso interno en los Estados Unidos.
PAGINA 12 DdA, XXII/6219

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