Después de comentar el manifiesto del ultraderechista James Lindsay, que cambia los valores comunistas por los neofascistas, el articulista termina su artículo semanal en NORTES con una reflexión estimulante: Si lo de Nueva York encoge el poder atribuido a Trump -en alusión a la victoria de Madani como próximo alcalde de la ciudad-, se encogerá su poder real y el temor que infunde. La noticia de EEUU es que no está dicho todo. En Valencia chocará el tren del sermón (razón, moral y justicia) con el videojuego de la confrontación total y romperlo todo (Vox no está sólo muy a la derecha sino que está además enfrente, según Juliana). Valencia será nuestro oráculo. Mientras, Nueva York nos chiva: liderazgo, concisión y movilización.
Enrique del Teso
D. Brooks cuenta que comió en 1985
con Sam Francis, un palurdo racista que estuvo en la gestación de
MAGA, ese movimiento con el que los ricos quieren poner en el poder a palurdos
racistas que les laman el culo. Brooks es un conservador que por entonces no
imaginaba que quienes se harían con el control de los conservadores serían los
palurdos racistas y no la gente como él. Pero no ganó Sam Francis por sus
ideas. Ganó porque era revolucionario y Brooks era conservador. Brooks quería
reformar y gobernar y Francis quería romperlo todo. Confrontación total, exige
ahora Vox al PP en Valencia, a través de la boquita deshabitada del tal Figaredo.
No es cuestión de ideas. Qué puede ser eso de confrontación total con las
políticas medioambientales de la UE. Si fuera cuestión de ideas, uno podría
pensar que eso ya lo hizo el PP en Galicia y Castilla y León este
verano. No se me ocurre confrontación más total con directrices de medio
ambiente que dejar arder bosques y más bosques. Pero no es cuestión de
ideas. Enric Juliana advierte de que Vox no
solo está muy a la derecha, sino que está además enfrente. Esa es la cosa,
estar enfrente, romperlo todo, ser revolucionario. Eso te da el triunfo cuando
eso es lo que apetece.
Históricamente
la izquierda diseñó las praxis más eficaces para romperlo todo. Triunfaron
algunas revoluciones. Fueron capaces de organizar a gente para la revolución,
hacer desear a la gente la revolución y convencer a la gente de que la
revolución ya llegaba. Y las oligarquías tuvieron que aceptar el estado del
bienestar, es decir, ceder tajadas sustantivas de poder, privilegios y riqueza,
para evitar la revolución. D. Brooks sintetiza lo que tenemos a la vista: que
los ricos quieren más privilegios y dineros que nunca haciendo una revolución,
rompiéndolo todo; y que esto lo hacen usando los métodos más eficaces para
ponerse enfrente y romperlo todo: los que históricamente usó la izquierda. Se
dieron cuenta de que Gramsci podía ser un molde en el que
cabía igual una movilización marxista que una movilización neofascista. La
rebeldía puede predicarse contra la desigualdad igual que contra esa lista de
obligaciones mojigatas que es el bien común. La furia de los de abajo contra
las élites puede no ir contra los ricos si las élites son la clase media de
alta cualificación. El sentido crítico se puede moldear como desconfianza en la
ciencia y la historia. Y la transgresión, el reto irritante a las clases
dominantes que dio lugar a tanto arte y conductas irreverentes, puede también
emplearse como provocación contra los valores democráticos, echando vivas a
Franco o Hitler, tronando zafiedades sobre coger a las mujeres por el coño o
pontificando que los negros delinquían menos cuando eran esclavos.
«Un
fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. […] De aquí resulta una
doble enseñanza: 1º El comunismo está reconocido como una fuerza por todas las
potencias de Europa, y 2º Ha llegado el momento de que los comunistas expongan
a la faz del mundo su manera de ver, sus fines y sus tendencias». Con un
par de frases omitidas, este es el comienzo del Manifiesto Comunista de
Marx y Engels. «Un espíritu en alza acecha a América: el espíritu de
una verdadera Derecha Cristiana. […] Hay una doble consecuencia […] 1º La
Derecha Cristiana en sí misma es reconocida por todas estas fuerzas como un
poder y, por lo tanto, una amenaza. 2º es hora de que este orden pactado
termine y que una Nueva Derecha Cristiana emerja y reclame lo que por
derecho le corresponde en la política estadounidense del siglo veintiuno».
Así empieza The Liberal Consensus and the New Christian Right, el
manifiesto de ultraderecha de James Lindsay. La gracia es que parafrasea
párrafo a párrafo el Manifiesto comunista cambiando los
valores comunistas por los neofascistas. El diablo imita a Dios para burlarse
de él, decían en El día de la bestia. Cogemos la horma
revolucionaria izquierdista y le cambiamos el relleno. Y de paso los dejamos
sin lenguaje, porque eso de que el pasado hay que hacer añicos ahora sirve para
una cosa y la contraria. Vemos en nuestro recinto patrio cómo se fue llamando libertad
a la privación de libertades, independencia judicial al lawfare,
gobierno ilegítimo al gobierno elegido, comunismo a la democracia,
constitucionalismo a la quiebra de la Constitución, concordia al blanqueo de la
dictadura, privilegiados a los débiles, opresión a la igualdad y otra vez
libertad a la imposición de dogmas católicos. Atacamos las virtudes
democráticas usando el nombre de las virtudes atacadas, para dejar sin
vocabulario a la progresía.
Mazón no es
una alucinación, es una deformación grotesca las derechas. Sus vilezas con
resultado de muerte eran ya conocidas de otros episodios. En él se dan
retorcidas en una bajeza repulsiva, pero son reconocibles en las conductas
montunas de la derechona. Lo que veamos en Valencia serán un augurio. Lo
mantuvieron Feijóo y Vox. Si discutiéramos ideas, Vox se desplomaría. Vox lo
mantuvo hasta que se deshizo de tan desmadejado. La negación y mofa de riesgos
del clima es bandera de Vox y marcó la actitud del gobierno valenciano a las
advertencias de los técnicos. Vox puso el recurso por el que el anterior
Tribunal Constitucional declaró inconstitucional el estado de alarma, cuando se
morían 700 personas diarias en todas partes, y maniató cualquier intención que
pudiera tener Sánchez de asumir la autoridad al desaparecer Mazón. Pero veremos
cuánto moviliza la mímesis de un estado emocional intenso, con la confrontación
total y romperlo todo. En el desastre, la ira y la ausencia de agarraderos, el
bramido que resuene con nuestra furia compite con ventaja con la verdad y el
razonamiento. Por eso Vox sabe que, a pesar de su indignidad, mejorarían su
posición unas elecciones y dejaría al PP como un cascarón vacío. Por eso Trump
quintuplica su fortuna a plena luz del día, miente, se contradice y rompe, pero
de momento gana. Es más que el relato. Es la acción permanente. Trump es un
videojuego y la izquierda es un sermón. Esto es lo que entrará en colisión en
Valencia y nos susurrará el futuro. Valencia tiene un enorme peso y ahora será
el molde que se repita en otros sitios.
Pero no está
todo dicho. Las noticias de Nueva Jersey, Virginia y sobre todo Nueva York son
que no está todo dicho. Zohran Mamdani ganó, dice P.
Nagovitch, con liderazgo, mensaje conciso y voluntarios. Sin líder no hay
paraíso, no hay mensaje más breve que el que se condensa en un líder. Decimos
Sheinbaum y ya dijimos mucho. El mensaje conciso es imperativo, sin simplicidad
tampoco hay paraíso. Bienvenidas sean las razones demoradas, bien construidas,
asentadas en el bien y dotadas de sentido. Pero en tiempos, como dice E.
Juliana, de memoria corta y reflejos rápidos, no inocularás en el torrente
sanguíneo de la sociedad tus discursos serenos y tu justicia social argumentada
más que con la jeringuilla del mensaje conciso y rápido. A través de él llegará
lo demás. La simplicidad no ha de ser simpleza. La simplicidad no se corrige
cuando se añaden datos y contextos. La simpleza es un desecho apenas aumenta la
información o se razona. Y voluntarios, recuerda Nagovitch. Esto quiere decir
movilización. La izquierda tiende a la melancolía, la pesadumbre y el pasmo
escandalizado. Mamdani rebosó optimismo (recordemos a Obama reiterando lo de
Yes We Can), hizo que cada simpatizante fuera un resonador, como para mal está
consiguiendo de momento la ultraderecha. Aún no sabemos lo que pasó en Nueva
York. La psicología todo lo amplifica. Se tiene más poder cuando te atribuyen
poder. Te lo cuentan todo cuando te atribuyen estar muy informado (lo decía Alfonso
Guerra cuando era libre oyente), te dan más crédito cuando te
atribuyen una fortuna (los accionistas de Tesla le acaban de dar un billón a
Musk, de tanto que creen que tiene). Si lo de Nueva York encoge el poder
atribuido a Trump, se encogerá su poder real y el temor que infunde. La noticia
de EEUU es que no está dicho todo. En Valencia chocará el tren del sermón
(razón, moral y justicia) con el videojuego de la confrontación total y
romperlo todo. Y será nuestro oráculo. Y Nueva York nos chiva: liderazgo,
concisión y movilización.
NORTES DdA, XXI/6161

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