sábado, 8 de noviembre de 2025

VALENCIA COMO ORÁCULO Y NUEVA YORK COMO MODELO: LIDERAZGO, CONCISIÓN, MOVILIZACIÓN

Después de comentar el manifiesto del ultraderechista James Lindsay, que cambia los valores comunistas por los neofascistas, el articulista termina su artículo semanal en NORTES con una reflexión estimulante: Si lo de Nueva York encoge el poder atribuido a Trump -en alusión a la victoria de Madani como próximo alcalde de la ciudad-, se encogerá su poder real y el temor que infunde. La noticia de EEUU es que no está dicho todo. En Valencia chocará el tren del sermón (razón, moral y justicia) con el videojuego de la confrontación total y romperlo todo (Vox no está sólo muy a la derecha sino que está además enfrente, según Juliana). Valencia será nuestro oráculo. Mientras, Nueva York nos chiva: liderazgo, concisión y movilización.


Enrique del Teso

D. Brooks cuenta que comió en 1985 con Sam Francis, un palurdo racista que estuvo en la gestación de MAGA, ese movimiento con el que los ricos quieren poner en el poder a palurdos racistas que les laman el culo. Brooks es un conservador que por entonces no imaginaba que quienes se harían con el control de los conservadores serían los palurdos racistas y no la gente como él. Pero no ganó Sam Francis por sus ideas. Ganó porque era revolucionario y Brooks era conservador. Brooks quería reformar y gobernar y Francis quería romperlo todo. Confrontación total, exige ahora Vox al PP en Valencia, a través de la boquita deshabitada del tal Figaredo. No es cuestión de ideas. Qué puede ser eso de confrontación total con las políticas medioambientales de la UE. Si fuera cuestión de ideas, uno podría pensar que eso ya lo hizo el PP en Galicia y Castilla y León este verano. No se me ocurre confrontación más total con directrices de medio ambiente que dejar arder bosques y más bosques. Pero no es cuestión de ideas. Enric Juliana advierte de que Vox no solo está muy a la derecha, sino que está además enfrente. Esa es la cosa, estar enfrente, romperlo todo, ser revolucionario. Eso te da el triunfo cuando eso es lo que apetece.

Históricamente la izquierda diseñó las praxis más eficaces para romperlo todo. Triunfaron algunas revoluciones. Fueron capaces de organizar a gente para la revolución, hacer desear a la gente la revolución y convencer a la gente de que la revolución ya llegaba. Y las oligarquías tuvieron que aceptar el estado del bienestar, es decir, ceder tajadas sustantivas de poder, privilegios y riqueza, para evitar la revolución. D. Brooks sintetiza lo que tenemos a la vista: que los ricos quieren más privilegios y dineros que nunca haciendo una revolución, rompiéndolo todo; y que esto lo hacen usando los métodos más eficaces para ponerse enfrente y romperlo todo: los que históricamente usó la izquierda. Se dieron cuenta de que Gramsci podía ser un molde en el que cabía igual una movilización marxista que una movilización neofascista. La rebeldía puede predicarse contra la desigualdad igual que contra esa lista de obligaciones mojigatas que es el bien común. La furia de los de abajo contra las élites puede no ir contra los ricos si las élites son la clase media de alta cualificación. El sentido crítico se puede moldear como desconfianza en la ciencia y la historia. Y la transgresión, el reto irritante a las clases dominantes que dio lugar a tanto arte y conductas irreverentes, puede también emplearse como provocación contra los valores democráticos, echando vivas a Franco o Hitler, tronando zafiedades sobre coger a las mujeres por el coño o pontificando que los negros delinquían menos cuando eran esclavos.

«Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. […] De aquí resulta una doble enseñanza: 1º El comunismo está reconocido como una fuerza por todas las potencias de Europa, y 2º Ha llegado el momento de que los comunistas expongan a la faz del mundo su manera de ver, sus fines y sus tendencias». Con un par de frases omitidas, este es el comienzo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. «Un espíritu en alza acecha a América: el espíritu de una verdadera Derecha Cristiana. […] Hay una doble consecuencia […] 1º La Derecha Cristiana en sí misma es reconocida por todas estas fuerzas como un poder y, por lo tanto, una amenaza. 2º es hora de que este orden pactado termine y que una Nueva Derecha Cristiana emerja y reclame lo que por derecho le corresponde en la política estadounidense del siglo veintiuno». Así empieza The Liberal Consensus and the New Christian Right, el manifiesto de ultraderecha de James Lindsay. La gracia es que parafrasea párrafo a párrafo el Manifiesto comunista cambiando los valores comunistas por los neofascistas. El diablo imita a Dios para burlarse de él, decían en El día de la bestia. Cogemos la horma revolucionaria izquierdista y le cambiamos el relleno. Y de paso los dejamos sin lenguaje, porque eso de que el pasado hay que hacer añicos ahora sirve para una cosa y la contraria. Vemos en nuestro recinto patrio cómo se fue llamando libertad a la privación de libertades, independencia judicial al lawfare, gobierno ilegítimo al gobierno elegido, comunismo a la democracia, constitucionalismo a la quiebra de la Constitución, concordia al blanqueo de la dictadura, privilegiados a los débiles, opresión a la igualdad y otra vez libertad a la imposición de dogmas católicos. Atacamos las virtudes democráticas usando el nombre de las virtudes atacadas, para dejar sin vocabulario a la progresía.

Mazón no es una alucinación, es una deformación grotesca las derechas. Sus vilezas con resultado de muerte eran ya conocidas de otros episodios. En él se dan retorcidas en una bajeza repulsiva, pero son reconocibles en las conductas montunas de la derechona. Lo que veamos en Valencia serán un augurio. Lo mantuvieron Feijóo y Vox. Si discutiéramos ideas, Vox se desplomaría. Vox lo mantuvo hasta que se deshizo de tan desmadejado. La negación y mofa de riesgos del clima es bandera de Vox y marcó la actitud del gobierno valenciano a las advertencias de los técnicos. Vox puso el recurso por el que el anterior Tribunal Constitucional declaró inconstitucional el estado de alarma, cuando se morían 700 personas diarias en todas partes, y maniató cualquier intención que pudiera tener Sánchez de asumir la autoridad al desaparecer Mazón. Pero veremos cuánto moviliza la mímesis de un estado emocional intenso, con la confrontación total y romperlo todo. En el desastre, la ira y la ausencia de agarraderos, el bramido que resuene con nuestra furia compite con ventaja con la verdad y el razonamiento. Por eso Vox sabe que, a pesar de su indignidad, mejorarían su posición unas elecciones y dejaría al PP como un cascarón vacío. Por eso Trump quintuplica su fortuna a plena luz del día, miente, se contradice y rompe, pero de momento gana. Es más que el relato. Es la acción permanente. Trump es un videojuego y la izquierda es un sermón. Esto es lo que entrará en colisión en Valencia y nos susurrará el futuro. Valencia tiene un enorme peso y ahora será el molde que se repita en otros sitios.

Pero no está todo dicho. Las noticias de Nueva Jersey, Virginia y sobre todo Nueva York son que no está todo dicho. Zohran Mamdani ganó, dice P. Nagovitch, con liderazgo, mensaje conciso y voluntarios. Sin líder no hay paraíso, no hay mensaje más breve que el que se condensa en un líder. Decimos Sheinbaum y ya dijimos mucho. El mensaje conciso es imperativo, sin simplicidad tampoco hay paraíso. Bienvenidas sean las razones demoradas, bien construidas, asentadas en el bien y dotadas de sentido. Pero en tiempos, como dice E. Juliana, de memoria corta y reflejos rápidos, no inocularás en el torrente sanguíneo de la sociedad tus discursos serenos y tu justicia social argumentada más que con la jeringuilla del mensaje conciso y rápido. A través de él llegará lo demás. La simplicidad no ha de ser simpleza. La simplicidad no se corrige cuando se añaden datos y contextos. La simpleza es un desecho apenas aumenta la información o se razona. Y voluntarios, recuerda Nagovitch. Esto quiere decir movilización. La izquierda tiende a la melancolía, la pesadumbre y el pasmo escandalizado. Mamdani rebosó optimismo (recordemos a Obama reiterando lo de Yes We Can), hizo que cada simpatizante fuera un resonador, como para mal está consiguiendo de momento la ultraderecha. Aún no sabemos lo que pasó en Nueva York. La psicología todo lo amplifica. Se tiene más poder cuando te atribuyen poder. Te lo cuentan todo cuando te atribuyen estar muy informado (lo decía Alfonso Guerra cuando era libre oyente), te dan más crédito cuando te atribuyen una fortuna (los accionistas de Tesla le acaban de dar un billón a Musk, de tanto que creen que tiene). Si lo de Nueva York encoge el poder atribuido a Trump, se encogerá su poder real y el temor que infunde. La noticia de EEUU es que no está dicho todo. En Valencia chocará el tren del sermón (razón, moral y justicia) con el videojuego de la confrontación total y romperlo todo. Y será nuestro oráculo. Y Nueva York nos chiva: liderazgo, concisión y movilización.

NORTES DdA, XXI/6161  

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