Es de esperar, para bien de ese gran país que es Argentina, en cuyo pasado vive aún la huella aciaga de una cruel dictadura que asesinó a miles de personas, que la segunda vuelta de las elecciones presidenciales arroje un resultado a favor de la democracia y la libertad lo suficientemente rotundo como para dejar arrumbada cualquier posibilidad de involución por parte de candidatos como el que ahora representa a la extrema derecha, un tipo cuya sola posibilidad de aspirar a primer mandatario de la nación debería avergonzar a la ciudadanía. Mañana puede ser un gran día para aquella república o uno de los más adversos de su historia. En el diario Página/12 leemos hoy este testimonio del nieto de un genocida:
Augusto De Bernardi tiene 21 años, estudia Derecho en la UBA y es nieto de un coronel retirado condenado por crímenes de lesa humanidad. A los 15 años se enteró de que su abuelo había participado en el secuestro y desaparición de un militante. Vio el testimonio de la madre del joven en un video de la audiencia del juicio. “Fue un baldazo de agua fría. En ese momento algo empezó a resonar en mí”, contó en diálogo con la AM750. Fue a verlo en la cárcel y le preguntó qué había hecho durante la dictadura: “No me pudo responder nada, simplemente me miró, hubo unos minutos de silencio, y en esa mirada recibí las respuestas que necesitaba. Pude ver el odio y la deshumanización. Fue ahí cuando me cayó la ficha y dije: ‘yo no quiero replicar esa mirada’”. Ahora Augusto es uno de los nietos y nietas que se integró al colectivo de Historias Desobedientes y aportó su testimonio a la campaña “Ser familiar de un genocida no te hace cómplice”, una propuesta de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
DdA, XIX/5.500
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