lunes, 26 de junio de 2023

NI LOS BIBLIOBUSES NI LAS FERIAS DEL LIBRO SON DE AHORA

 


Félix Población

Hace unas fechas, circulando en bici por una de las carreteras de la montaña oriental leonesa, vi pasar uno de los bibliobuses de la Diputación Provincial, en ruta hacia sus usuarios en algunas de las localidades que reciben periódicamente su visita. Me gustaría saber al día de hoy el grado de acogida que tiene este servicio en la provincia, habida cuenta la creciente incidencia que ha alcanzado en el entretenimiento popular el visionado de series cinematográficas a través de las distintas plataformas. 

Algo no marcha, en relación con la incidencia de lo audiovisual en nuestra sociedad occidental, cuando en Suecia se ha optado por devolver a los libros de textos la prioridad que, a mi juicio, nunca deberían haber perdido en favor de las ya no tan nuevas tecnologías. La crecientes dificultades de interpretación y análisis de la lectura por parte de las más jóvenes generaciones, las más atrapados por los formatos audiovisuales, deberían empezar a alarmar a los responsables durmientes de nuestro sistema educativo. 

De momento, los bibliobuses siguen circulando por nuestras carreteras de montaña y toda la provincia, llevando el preciado material en el que se gestó la educación y cultura de sucesivas generaciones. Según datos de hace un par de años, el número de ejemplares prestados por la red de bibliobuses leoneses llegó a 60.000, con un total de 13.000 socios que reciben, además, información y orientación lectora. No estarían de más campañas de concienciación lectora para que esa actividad no decaiga. 

La de los bibliobuses o las ferias del libro no son propuestas culturales que hayamos inventado en nuestro tiempo, pues tuvieron sus antecedentes hace ya casi un siglo, durante la Segunda República española. La primera feria del libro de Madrid que se celebra anualmente todas las primaveras data 1933 y fue promovida por el director de la editorial Cenit Rafael Giménez Siles.

Sabido es -no lo suficiente- que el régimen republicano impulsó la educación y la cultura no sólo con las construcción de miles de escuelas para combatir el alto porcentaje de analfabetismo, sobre todo en el ámbito rural, sino con campañas como las de las Misiones Pedagógicas, una iniciativa creada por el patronato del mismo nombre, según un decreto fechado un mes y medio después de la instauración del nuevo régimen. En el preámbulo de tal decreto se indica como objetivo "llevar a las gentes, con preferencias a las que habitan las localidades rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en él". También en el artículo 48 de la Constitución de la II República se subraya que "el servicio de la cultura es atribución esencial del Estado".


Imágenes como las que ilustran este artículo son testimonio de la existencia de lo que hoy llamamos bibliobuses, a los que por aquellos años se le llamaba camiones/librería, como el que representa a la Asociación de Editores Españoles. La promoción de la cultura impresa y la lectura pública fue algo que, como analiza la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense Ana Martínez Rus (La República de los Libros, revista de Historia Contemporánea, 11/2013) tuvo mucha relevancia en aquellos años:

 "Además el ambiente institucional proclive al libro y a la extensión de la cultura -escribe Martínez Rus- impulsó a editoriales y librerías a desarrollar actividades como las ferias del libro y el camión librería que acercaron las obras a los compradores. A lo que hay que añadir la respuesta del público a todas estas propuestas en consonancia con los nuevos rumbos de la vida política y cultural. La democracia republicana contribuyó a la socialización del libro y de la lectura. De este modo el estudio de la edición y de la lectura desvela problemas y conflictos cruciales del régimen democrático, así como las resistencias de grupos políticos y de colectivos sociales que acabaron apoyando al bando franquista en la guerra. El régimen democrático generalizó el objetivo colectivo de la conquista de la cultura y del saber para todos y por todos, y no sólo como un privilegio para unos pocos. Por tanto no se deben despreciar o relegar las cuestiones culturales ya que los enfoques, las perspectivas de análisis y la metodología empleada en las diferentes investigaciones aportan visiones interesantes, novedosas y enriquecedoras del período republicano, más allá de la convencional historia política pero, sin olvidarla ya que esta historia cultural integra los aspectos culturales en la sociedad del momento atendiendo a la política y a la economía de los años treinta".

Al frente de las miles de bibliotecas puestas en marcha, sobre todo, durante el primer bienio republicanos estuvieron no pocos de los maestros y maestras que en buen número fueron represaliados durante la dictadura franquista, dado que fue entre los docentes donde fueron más frecuentes y exhaustivas las purgas llevadas a cabo por el viejo régimen.  

     DdA, XIX/5.378     

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