miércoles, 18 de enero de 2023

LEÓN HA DE SER TAMBIÉN CIUDAD PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

 


Félix Población

Después de un otoño lluvioso, en contra de los pronósticos meteorológicos, el invierno entró este año de la misma forma, con lluvias continuadas en los últimos días de diciembre y primeros de enero, hasta que mediado este mes se anunciaron por fin las nieves en el norte y centro de la península, que dejaron bien cubiertas las montañas de Asturias y León, tal como ocurría con mayor regularidad, frecuencia y abundancia en el pasado. 

Yo formo ya parte de ese pasado cada vez más lejano, cuando -advertido por los pronósticos del tiempo- escuchaba por la radio o leía en los periódicos que nevaría en la cordillera Cantábrica, con probabilidad de que también  lo hiciera en la capital leonesa. Mi kilométrico de familia de ferroviario me permitía viajar en tren gratis desde Asturias, por lo que solo tenía que aprovisionarme del correspondiente bocadillo para disfrutar de un día blanco, sin gasto alguno, y proseguir mi actividad favorita: estudiar y admirar la catedral gótica más bella de España. 

Traigo por eso hasta aquí la imagen que ilustra estas líneas, correspondiente a la primera nevada del año en curso en la ciudad de León, a la que su actual alcalde con toda razón quiere hacer Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Para ello impulsará su candidatura, que es de esperar cuente con el apoyo de los gobiernos central y autonómico. En mi opinión tiene León tantos o más méritos que cualquiera de las ciudades que ya lo son en nuestro país.

Bien es cierto que aquel adolescente enamoriscado al que le salían gratis aquellas inolvidables jornadas blancas de cielo azul tendría que abonar hoy su entrada para admirar y amar la belleza la Pulchra Leonina, esa Lámpara de Piedra según Unamuno que debería seguir siendo de libre acceso para la ciudadanía, al menos para que cualquier otro adolescente de cualquier latitud pudiese tener las vivencias estéticas y sensoriales que yo tuvo cada vez que encontraba encendidos por el sol del mediodía los vitrales de la catedral y escuchaba, a veces al unísono, los ensayos del organista.

No se le debería poner precio a la belleza cuando forma parte del Patrimonio de la Humanidad, a menos que hagamos de la humanidad un objeto de consumo. Me temo que en eso estamos desde hace tiempo, para menoscabo de la belleza y la humanidad. 

   DdA, XIX/5.353   

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