martes, 16 de abril de 2019

EL HIJO DE FLORENCIO SOTO (ASESINADO) NUNCA SUPO POR QUÉ SU PADRE QUISO QUE APRENDIERA A LEER



A la izquierda, la carta que escribió Florencio Soto a su mujer antes de ser
 fusilado en Toledo el 22 de julio de 1940 y a la derecha una imagen de él
 cedidas por su nieta María del Carmen Gómez Soto

Félix Población

En el digital ToledoDiario leo un interesante reportaje sobre Florencio Soto Martín y Anselmo Rodríguez García, de profesión jornaleros en los municipios de Añover de Tajo y de Novés, respectivamente. Ambos fueron fusilados el 22 de julio de 1940, cuatro años después del inicio de la Guerra de España. Sus restos mortales comparten fosa con otra veintena de víctimas del franquismo en el patio 31 del cementerio de Toledo. Dicho ámbito ha sido dignificado no hace mucho por estar ocupado por los huesos de hasta 220 republicanos ejecutados por los vencedores de aquel fatídico conflicto armado.

Según cuenta Carmen Gómez Soto, nieta de Florencio, su abuelo escribió una última carta a su mujer, Modesta, en el papel que cosió en el forro de su ropa y que así llegó hasta su destinataria, que de otro modo no hubiera podido leer esa despedida. El texto es muy distinto al de las postales que el preso había remitido anteriormente desde la cárcel de San Bernardo de Toledo, en donde estuvo preso alrededor de un año y que sí pasaron la censura previa impuesta en estos casos a los internos. Florencio, sindicalista de la UGT, había sido presidente del Comité de Añover de Tajo. El firmante se refiere en su misiva a la dura represión inquisitorial, hecha con ensañamiento por los vencedores, y pese a reconocer su derrota, no desestima que en otra ocasión les tocará ganar a sus hijos, porque son jóvenes y la vida tiene muchas alternativas. Este es el texto literal de la carta, respetando la redacción original y ortografía de un jornalero republicano al que le segaron la vida a los 36 años de edad:
Toledo día/22/de Julio del 1940
Querida Modesta pensaba no poderte escribir Mas por que el martes por la tarde tuve la Triste noticia de ser preparado para ser fusilado. Desde luego no solo sino con 12 más de diferentes — pueblos del pueblo yo el primero del pueblo que recibió la tan lamentable noticia. Ojalá fuera el primero y el ultimo de esta cárcel de Toledo pero no será así habrá que lamentar muchas mas no por que yo lo sepa sino porque conozco el paño y no se veran nunca artos de sangre mientras que estén en el poder seguirán con lo mismos por que son cuatro Años de Ynquisicion y siguen con su misma táctica como si hubiera empezado ahora mismo la lucha siempre habido guerras y habido vencidos y vencedores, pero no ensañamientos ante hermanos como estos que se están cometiendo en España en mi España digo mi España po que mesiento tan Español como el que mas y digo anti hermano por que tengo mucha razón para decirlo después de estos diez meses con la pena de muerte nos avisan seis o siete días antes de ser ejecutados lo que no es conocido en ningúna historia del Mundo, pero ya diría yo que como el cinismo de estas personas sin hiel pero no importa el tiempo da gusto a todos y nuestra sangre llegara un día que selebantara ante el mundo privilegiado para pedirlos justicia de estas indominias que están haciendo con la clase humilde y trabajadora los que sedan muchos golpes de pecho y se llaman gente de orden y cultos pero en fin nos toco perder otra vez os tocara ganar nuestros hijos son jóvenes y la vida tiene mucho alternativas.
Ahora boy a dedicar este trozo de papel en hacer te unas alvertencias que tienes que esconder en tu pecho y se las das aconocer a nuestros hijos para que hagan lo mismo yo no quiero que meguardes luto nitu ni nuestros hijos por que no podras conseguir nada mas que selegren cada vez que tevean ni llores por lo mismo esto seguarda como tedigo para otra ocasión. También quiero hagas lo posible por no estar en el pueblo para que no estes arrastrada en el campo pones a las muchachas aservir y tu haces otro tanto y siempre entre las tres ganareis para que pueda comer Sigfrido hasta que sea mayor para el martes venidero te mande recado que vinieras en una tarjeta del pelao y con la madre de la porfiria para ver si llego a ese dia y medespido de ti y si no llego te llevaras la ropa.
Sin más que muchos vesos y habrazos para nuestros hijos hermanos y parientes y tu recibes un fuerteabrazo en compañía de todos de este que nunca os olvido.”
Días antes de enviar esa carta, Florencio había escrito otra a Modesta en la que le pedía a su mujer que sus hijos aprendieran a leer, sobre todo el varón, de nombre Sigfrido, para que -según transcripción literal- "algún dia lea la Historia cuando sea mayor que se esta escribiendo con sangre de la clase trabajadora donde podrá sacar la conclusión que murió su padre por cumplir con un deber en de fensa del trabajo y de su clase proletaria”.

La nieta cuenta que su abuela, su madre y los otros tres hijos del matrimonio pasaron la mayor de las penurias en la posguerra, pero su madre -ya fallecida-  jamás habló de las cartas de Florencio en casa, ni nunca se supo del lugar en el que podría estar enterrado. Fue un primo hermano de Carmen quien se impuso la búsqueda hasta dar con la fosa en el patio 31 del cementerio toledano. Este pasado domingo, día de la proclamación de la segunda República, fueron homenajeadas todas las víctimas del franquismo enterradas en ese lugar. Con los restos de Florencio también se sacó a la luz su última carta, dada a conocer en el citado diario, como  documento ejemplar en honor a la dignidad de su memoria.

Por haber prolongado los cuarenta años de difamación y silencio de la dictadura con otros tantos y alguno más de olvido e indiferencia durante el vigente régimen, Sigfrido no llegó a conocer por qué su padre quiso que aprendiera a leer. Así es la intrehistoria que sigue oculta bajo las miles de fosas comunes de España y que este país debe hacer leer a las jóvenes generaciones. Esa intrahistoria que, según su santidad Francisco pero no sus reverendos obispos españoles, nos impide sonreir al futuro.
 

ANSELMO RODRíGUEZ GARCÍA

Junto al caso anterior, el redactor de ToledioDiario cuenta el que le narró Antonio Rodríguez, nieto de Anselmo Rodríguez García, natural de Novés, jornalero y afiliado a UGT. Como Florencio, Anselmo fue fusilado también el 22 de julio de 1940, con 44 años. Antes de recibir el tiro en la nuca que acabó con su vida, había pasado por la cárcel de Talavera de la Reina, la de Torrijos y, por último, por la de San Bernardo en Toledo. Tuvo tres hijos, aunque uno de ellos murió también joven, apunta Antonio, quien ha estado “mucho tiempo buscando, mirando y tratando de averiguar todos los datos” que marcaron el final de la vida de su abuelo y que no había podido conocer por medio de su otro tío ni de su padre.
“Está enterrado en una fosa común junto a otros 20 represaliados. Yo no lo voy a cambiar, es muy difícil pretender que me den los restos de mi abuelo, pero ahora sí sé dónde está”, relata Antonio, al tiempo que precisa que en la tumba en la que se encuentra su abuelo se pueden leer ahora 7 de los 20 nombres de las personas que comparten fosa en el tramo 86 del patio 31 del cementerio municipal.
“Lo tuvieron que pasar muy mal, eran hijos de fusilados y no lo podían decir. Mi padre -quien falleció en 2008- no podía hablar de ello. Era un tema tabú, aunque sí sabía que mi abuelo había sido fusilado”. Desde la muerte de su padre, Antonio comenzó a buscar, se puso en contacto con foros sobre memoria histórica y tuvo “la suerte” de encontrar a Emilio Sales, presidente del Foro por la Memoria Histórica de Castilla-La Mancha.

Imagen de la placa instalada y del patio 31 tras la actuación para dignificarlo / Julio López Espeso

A pesar de la complicación que le suponía el desconocimiento del año que su abuelo falleció para pedir su certificado de defunción y de los errores en la transcripción del propio nombre de su abuelo en los archivos, Antonio consiguió toda la documentación sobre el proceso de su abuelo en unos dos años, tras pasar por el Ayuntamiento de Toledo, el Archivo Municipal y también por la sede de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior. “Es la historia de mi abuelo, para mí es importante”.
Gracias al registro que se llevó a cabo en Toledo, casi 80 años después, Antonio ha podido encontrar el lugar donde se encuentran los restos de su abuelo Anselmo. “Yo por lo menos lo puedo decir, desgraciadamente hay mucha gente que no lo sabe”, lamenta sobre todas las víctimas que fueron enterradas en las cunetas y de las que muchas familias desconocen su paradero.

Información de Fidel Manjavacas/ ToledoDiario.com

                         DdA, XV/4142                       

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