lunes, 11 de febrero de 2019

LUDWIG BÖSENDORFER, UN FABRICANTE DE PIANOS MUY CUMPLIDOR


Félix Población

Si se busca el nombre del firmante de ese cartel, se encontrará que el apellido Bösendorfer corresponde al del una reputadísima empresa vienesa fabricante de pianos, gracias al trabajo realizado a partir de 1828 por Ignaz Bösendorfer (1796-1859), hijo del carpintero vienés Jakob Bösendorfer y de su esposa Martha. Ignaz  se inició como aprendiz a los 19 años de edad en el taller del constructor de pianos y órganos Joseph Brodmann, sito en la capital austriaca, de quien con toda seguridad debió de ser un aplicado alumno. 

En 1828,  Ignaz Bösendorfer solicitó la licencia comercial para crear su propia empresa de fabricación de pianos, L. Bösendorfer Klavierfabrik. Además, se hizo cargo del negocio de su maestro Brodmann y comenzó a producir instrumentos por cuenta propia. Fue entonces cuando Franz Liszt probó uno de sus pianos y logró que el nombre de Bösendorfer alcanzara una gran repercusión social, hasta el punto de que se le concedió el título de fabricante de pianos de la cámara imperial y de la corte real. Fueron numerosas  la distinciones que obtuvo en esos años. Con el aumento de la demanda de sus pianos, Ignaz comenzó a pensar en fundar una nueva fábrica, pero no vivió para ver esta realidad. Murió en 1859, por lo que le tocaría a su hijo Ludwig sustiuirle al frente de la compañía. 

Si el viajero visita en Viena la Musikverein, observará que una de las calles próximas a este prestigioso auditori0 -muy cerca del recomedable restaurante mexicano (Café Mendez) que hay en la inmensa Karlsplatz-, lleva el nombre de Bösendorferstraßer en honor al hijo del fundador de la empresa. Tal denominación se debe a las donaciones realizadas por Ludwig a la Musikverein, de la que este admirado fabricante de pianos que trabajó también para las cortes rusa y japonesa fue administrador y miembro honorario. Al carecer de descendencia,  en 1909 Bösendorfer vendió la empresa a uno de sus amigos, el banquero Karl Hutterstrasse, y diez años después falleció -muy apenado por los efectos de la primera Gran Guerra-, siendo enterrado con todos los honores en el Cementerio Central de Viena. 


Es, por lo tanto, a Ludwig Bösendorfer a quien corresponde el texto que ilustra este comentario y que he podido encontrar en el Weltmuseum de Viena, como punto final del itinerario que se sigue para ver la gran Colección de Instrumentos Musicales Históricos, visitable en la planta superior de tan extraordinario edificio y entre los que encontraremos varios e impresionantes pianos de cola Bösendorfer como el de la fotografía. Al término de esa exposición nos encontraremos, junto unas vitrinas que nos muestran las herramientas de un lutier -con imágenes de los más reputados de Viena-, el simulacro de un pequeño taller del fabricante de pianos, con el cartel que ilustra este artículillo y que se puede resumir así:

A mis señores empleados.
Como el reglamento interno de la casa más detallado  y más largo siempre será incompleto, me limito a lo siguiente:
1.- Reclamo de mi personal en lo posible buenos modales y decencia.
2.-Por otra parte, mis empleados, por supuesto, tienen el derecho de reclamar de mí también la decencia y el salario más alto posible.
Presupongo que mis colegas influirán amistosamente en el orden de manera amistosa, para facilitar un trabajo exitoso.
Por cierto, estamos sujetos a todas las normativas oficiales y cooperativas.
März, 1902  

 
Desde el 1 de febrero de 2008, L. Bösendorfer Klavierfabrik pasó a formar parte de Yamaha Corporation. Los pianos que producía Bösendorfer fueron considerados entre los mejores del mundo y supongo que así seguirá siendo bajo la nueva firma. Lo que ya no sé es la vigencia del cartel en Yamaha Corporation de quien dio nombre al sonido de esos afamados instrumentos.

                  DdA, XV/4085                

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