jueves, 21 de febrero de 2019

ESTAS HUELLAS QUE NUNCA HA DE BORRAR EL VIENTO

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No puedo dejar sin inserción en este DdA el poema que acabo de leer, firmado por mi estimado y leído poeta José Ramón Ripoll, con quien viví una inolvidable jornada sevillana de primavera, hace muchos años. Versos en memoria de Antonio Machado, aquel que llegó a Colliure hace ochenta años y dejó allí su último aliento un 22 de febrero del último año de aquella infausta guerra. Lo hizo con un verso perdido, el último, en el bolsillo de su abrigo, Estos días azules y este sol de la infancia, con el que José Ramón inicia su poema y posiblemente Machado no desertó de la esperanza, a pesar de aquella apesadumbrada y doliente diáspora que le acompañó en el exilio:


HACIA COLLIURE
Para Antonio Machado

Estos días azules y este sol de la infancia,
este aroma que viene del mar y el limonero,
este canto en silencio como el grito primero,
este amargo murmullo que envuelve mi sustancia.
Este coro que entona su propia trashumancia
este andar sin camino hacia donde no quiero,
estos niños que cuentan del infinito al cero,
este escuchar el eco de la desesperanza.
Estas huellas que nunca ha de borrar el viento,
este común sollozo antes de ser palabra,
este sonido eterno que de la fuente mana.
Este río que lleva todo mi pensamiento,
esta perpetua herida, esta danza macabra,
estas sombras errantes, esta corriente humana.

                 DdA, XV/4094               

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