domingo, 20 de enero de 2019

LA CAUSA DE LA MUJER


Jaime Richart

Quienes pensamos en absoluta libertad, no profesamos una ideología (pensamiento cerrado) o no reflexionamos a través de ella, sin prejuicios o con los prejuicios justos para no dinamitar los fundamentos de la sociedad, ni subestimamos ni desprecia­mos las argumentaciones de nadie aunque sólo sea por serlo, es decir, por ser razonamientos motivados. Todo el mundo pen­sante tiene una cuota de la razón universal. Es más, nosotros construimos nuestras ideas tratando de conciliarlas todas por encontradas que estén. Y a ello nos debemos como pensadores sin más pretensiones que esforzarnos.

Pues bien, la anterior introducción es para afirmar que está claro que en esta clase de democracias cada movimiento social denun­cia y mira por su interés gremial o colectivo. Los trabajado­res por sus salarios, los pensionistas por el poder adqui­sitivo de su pensión, quienes se sienten en situación vulnera­ble... por un paso a nivel desprotegido, por los recortes presupuestarios, etc. Y así sucesivamente. Así ha na­cido el movi­miento feminista y el tan traído y llevado concepto violen­cia de género asociado a una estadística y al conteo de muje­res muertas o agraviadas por un hombre...

Sin estar en absoluto alineado con el pensamiento franquista o tar­do-franquista de al menos dos partidos políticos españoles, uno camuflado como tal y otro prácticamente declarado en este asunto, en el territorial, en inmigración, etc, creo que la iz­quierda feminista lleva demasiados lejos sus quejas, sus deman­das y sus políticas para no suscitar contestación. Pues ¿quié­nes en los mismos términos de movilización ideológica se “preocu­pan” o velan por la integridad de los niños o de los ancianos? ¿quiénes se mani­fiestan y claman al cielo en nombre de los indi­gentes o de las ma­dres desprotegidas o de quienes han de sopor­tar la injusticia social estructural? ¿quiénes se convierten en caja de resonancia del agravio comparativo entre quienes viven opípa­ramente y quienes se las ven y se las desean para sobrevi­vir ellos, ellas y los suyos? ¿quiénes representan la causa de los mi­les de suicidas al año por decisiones legislativas o causas so­ciológicas provocaron directa o indirectamente la res­puesta psíquica del suicida? ¿quiénes, más allá del intento político, mi­ran por implantar de una vez la eutanasia ac­tiva?

La violencia del hombre sobre la mujer hunde sus raíces en cau­sas profundas: unas biológicas, otras culturales, otras económi­cas y otras sociológicas. Protestar organizadamente para atajar esa violencia no es lo mismo que exigir equiparación de de­re­chos entre el hombre y la mujer como demandaban las su­fra­guistas hasta que la mujer consiguió votar también... El re­me­dio en materia de muertes de mujeres a manos de un hombre no existe más allá de un contexto general relacionado con esas cau­sas culturales, sociológicas y económicas. Las biológicas de la mayor fuerza física no son evitables, y la protección por parte del Estado y de la sociedad por ese motivo es un brindis al sol, es como tratar de coger agua entre las manos...

Detrás del homicidio de cada mujer (que no necesariamente asesi­nato como se proclama sin miramiento para agravar  cada hecho indiscriminadamente y con ello perder fuerza el argu­mento), para no incurrir en desmesura y en un egoísmo de género extremo al ceñirse exclusivamente a esa clase de trage­dias, es preciso preguntarse tras cada una de ellas: antes de produ­cirse la muerte de esa mujer ¿hubo drogas, hubo prostitu­ción, hubo carencia de recursos para sostener a una exigua fami­lia, hubo violencia moral sostenida que percutió la violencia del macho que causó su muerte?

En resumidas cuentas, comprendiendo y compartiendo la causa de la mujer, tras una historia de torpe discriminación, se echa de menos movimientos tumultuarios en sinergia, sincronizados, exigiendo el cambio de la ley electoral, un referéndum monar­quía-república, transfor­marla a fondo o abolir la Constitución, exigiendo la expropiación forzosa de la tierra improductiva o vi­viendas adquiridas en am­bos casos dios sabe cómo, en distintas regiones de España, recha­zando el protagonismo de la iglesia en un Estado aconfesional, re­clamando la abdicación del monarca, denunciando la tremenda desigualdad social y abusos intolera­bles en el siglo XXI de unos sectores de la sociedad sobre otros... Pues todas las demás movilizaciones, aparte de ser casi siempre inútiles se me antojan modos vulgares de llenar el tiempo quienes pueden perderlo, y propias de gentes a quienes sólo interesa lo suyo y les importa un comino lo que piensen y su­fran los demás...

                        DdA, XV/4.065                 

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