martes, 29 de enero de 2019

CONCHA DE MARCO: LAS IMPULSIVAS MEMORIAS DE UNA MUJER LIBRE*


 Concha de Marco y Juan Antonio Gaya en Bermeo, 1943

Félix Población

La cita de Luis Buñuel viene al pelo para valorar en su estilo y medida las impulsivas memorias manuscritas de Concha de Marco, nombre literario de Concepción Gutiérrez de Marco, (Soria, 1916 - Madrid, 1989), según la edición preparada por José María Martínez Lasaca, publicada el año pasado: “Una vida sin memoria no sería vida, como una inteligencia sin posibilidad de expresarse no sería inteligencia. Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada”. Parece como si la autora hubiera tenido en cuenta esa cita para justificar su decisión de hacer memoria para compulsar mejor su razón existencial.

Tal como señala el editor, las quinientas páginas de La patria de otros. Memorias de una mujer libre son un auténtico ajuste de cuentas con la historia por parte de la autora, esposa del escritor, historiador y crítico de arte Juan Antonio Gaya Nuño (1913-1976), teniendo como base sobre todo la personalidad y obra de éste, con quien compartió un matrimonio en el que dice haberse sentido a gusto, por más que fueran muy adversas las circunstancias vividas durante la guerra (separados) y la primera posguerra. Los dos padecieron las consecuencias de haber sido Gaya Nuño defensor activo de la República en el frente de combate (con el grado de capitán), razón por la que sufrió cárcel, destierro y marginación social y profesional. 

De su lucha en la guerra, con el IV Cuerpo del Ejército en Guadalajara (1936-1939), dejó constancia Juan Antonio en un pequeño libro (Memoria de guerra). Fue publicado también hace tres o cuatro años por la editorial Cálamo, y en el breve pról0go ya nos anunciaba Santonja estas memorias de "caiga quien caiga" de Concha de Marco. Margarita Caballero y Álvaro Sanz nos ofrecen en ese libro un excelente estudio introductorio acerca del autor, cuyo padre, Juan Antonio Gaya Tovar, médico rural, cofundador del diario La Voz de Soria y concejal del Ayuntamiento de esa ciudad, fue asesinado a mediados de agosto de 1936 junto a la tapia del cementerio de El Espino por las tropas golpistas, después de haber sido detenido por un grupo de requetés cuando acudía a socorrer a un herido. Se le embargaron los bienes a su familia, en aplicación de la ley de responsabilidades políticas, y se le impuso además una multa considerable de 7.000 pesetas. 



Poeta, ensayista y traductora, Concha de Marco reconoce en La patria de otros haber sido una entusiasta y entregada colaboradora de su marido en su trabajo como incansable investigador del arte y notable escritor. La  obra de Gaya se cifra en un total de 70 libros y más de 700 publicaciones breves entre folletos, separatas y artículos, con un archivo de medio millar de artistas españoles. Su esposa dejó a un lado su propia carrera literaria, avalada por los siete libros de poesía publicados entre 1966 y 1974 y un interesante ensayo sobre La mujer española en el romanticismo. "Le serví de secretaria, de enfermera, de ama de llaves, de chica de recados, de cocinera, de todo lo que puede servir. Y lo hacía con amor, con una total entrega de mi misma, haciendo dejación de mis posibilidades, de mi libertad. Yo, amigos, fui una esclava, una esclava voluntaria, una esclava feliz". Esto lo escribe Concha de Marco recordando la semana de agonía de su marido, cuando en su labios no había ya palabras y "únicamente sus bellísimas manos sensitivas recorren las líneas de mi cara, la forma de mis rodillas, suavemente, dulcemente. Y se acabó en mis brazos, suya hasta la muerte, después de la muerte...Yo viví su vida, ahora que él ha muerto comienzo a morir la mía".

Hasta los últimos días de su existencia persiguió Concha de Marco que el legado de Juan Antonio Gaya Nuño encontrara en Soria un centro cultural que llevara su nombre, algo que finalmente no llegaría a ver hecho realidad al ser inaugurado ese centro unos años después de su muerte.  Tampoco llegó a tiempo a la gran exposición sobre su marido, inaugurada cinco meses más tarde de fallecer en octubre de 1989. Se dice que el centro, ubicado en la plaza de San Esteban de la capital soriana, ha tenido desde 2006 una trayectoria llena de altibajos. Es muy posible que su legado lo iniciara Gaya cuando a los catorce años pidió  a una librería de París el Picasso de Maurice Reynal, cuando en aquella España (1926 0 1927) ni se conocía a Picasso, no digamos en Soria, apunta su esposa.

Estas memorias, cuya escritura arranca en 1974 y termina en 1977 -después de la muerte de su marido, vivida en apartada soledad con una impactante cercanía y sentimiento-, se remontan a los años en que se conocieron Concha y Juan Antonio en su localidad natal y a su casi inmediato matrimonio civil durante la guerra.  Se prolongan, a través de la oscura y depauperada posguerra, hasta los años sesenta y setenta de la dictadura, en los que frecuentaron la vida artística e intelectual, reflejada con una cierta amargura y puede que excesivo rigor por la autora,  hasta el punto de que sus lacerantes críticas hacia la mayoría de las afamadas personalidades del arte, la política y la literatura  podría parecer en extremo ácidas. Aparecen esas reseñas tipológicas a lo largo de los cuadernos manuscritos quinto y sexto, bajo un título que ya de por sí sugiere su contenido:  Los plásticos, plastas y demás canalla. Ahí están, entre otros: Camilo José Cela, José Hierro, Vicente Aleixandre, Buero Vallejo, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Tierno Galván, el ministro Joaquín Ruiz Jiménez (que impidió a Gaya Nuño opositar a cátedra), Oriol Bohigas, Max Aub, Dámaso Alonso, etc. No con todas se muestra la autora igual de crítica, pero sí con la mayoría.

El título del libro obedece al que dio Concha de Marco  al primero de los seis cuadernos manuscritos de que consta. Como durante su desarrollo la autora insiste en expresarse con absoluta libertad, se optó por hacerlo constar en el subtítulo, creo que muy buen criterio, pues es esa libertad de escritura -en la que no faltan algunos poemas- lo que más llama la atención del libro a lo largo de la lectura de su desarrollo, un tanto falto de organización. Se trata, como dice la autora, de unas confesiones de urgencia y enredadas. 

Pocas memorias podrán gozar de la espontaneidad y falta de retraimiento con la que Concha de Marco revela su intimidad sentimental, sus inquietudes intelectuales, las dependencias y estrecheces de la vida doméstica, y hace, en fin, un balance muy minucioso de su vida al lado de Gaya Nuño, a quien debemos -conviene recordarlo ahora que el Museo del Prado cumple 200 años- uno de los mejores libros escritos sobre su historia, publicado cuando nuestra primera pinacoteca cumplió 150 años (1969). ¿Alguien se ha acordado de reeditarlo?

*Marco, Concha de: La patria de otros. Memorias de una mujer libre. Ed. José María Martínez Lasaca, ediciones Cálamo, 2018.

                     DdA, XV/4.075                  

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