lunes, 17 de diciembre de 2018

LA FILOSOFÍA DE LA PATATA Y LA CACHARRERÍA MÓVIL COMO HERRAMIENTA DE LA IMBECILIDAD


Lazarillo

En el número de diciembre de la revista de literatura Quimera, que acostumbro a leer cada mes, hay una entrevista con el editor Javier Jiménez, que desde hace algo más de diez años en que nació la editorial Fórcola está al frente de ella, hasta conseguir un más que interesante catálogo de autores. Jiménez, que tuvo un abuelo linotipista en la vieja editorial Escelicer -tan querida para quienes somos devotos del teatro-, cree por eso que lo de edición quizá estaba en sus genes, como su amor a la filosfía se lo debe con toda probabilidad a aquel maestro jubilado de una aldea de Ávila que todos los años leía El Quijote y El espectador, de Ortega y Gasset, filósofo de cabecera de Javier Jiménez.
Si traigo hasta aquí está entrevista con el director de Fórcola es, precisamente, por un artículo suyo sobre la filosofía que publicó en la revista de la facultad hace años, titulado La filosofía de la patata, en donde consideraba que la filosofía, como la patata, es un alimento fundamental, primario y esencial. "La hambruna de filosofía que estamos viviendo actualmente quizá llegue a tener peores consecuencias que las que tuvo la gran hambruna irlandesa del siglo XIX -afirma este editor vocacional e ilustrado-. Esta vez, las víctimas serán nuestras mentes. Las consecuencias de una sociedad que no sólo no piensa, sino a la que por todos los medios se le impide llegar a pensar por sí misma, ya se están haciendo notar a marchas forzadas: la corrupción política, la desidida de nuestra juventud, la victoria del populismo, las frivolidades de la posverdad, o los estragos del nacionalismo, los desvaríos del nuevo lenguaje presuntamente inclusivo, la ciega militancia del animalismo y del postureo de cierto feminismo de sofá". 
Jiménez nos recomienda un libro de Ricardo Moreno al respecto: Breve tratado sobre la estupidez humana. También habla de otro del catálogo de Fórcola: Mierda y catástrofe, de Fernando Castro, sobre las claves del arte contemporáneo. Y siguiendo con la estupidez, Jiménez es igual de terminante al referirse al aparataje y a la cacharrería móvil que en su día comparó con la termomix: "Esta no es la era de la comunicación -sostiene-, sino de la imbecilidad, en un país/sociedad de mamarrachos. En unos años empezarán a aparecer estudios de psicólogos, pedagogos y psiquiatras hablando de las desastrosas consecuencias de estas adicciones. Leer nos hizo libres, mientras que la tecnología móvil nos ha hecho esclavos. Una vuelta de tuerca: Agustín, santo y filósofo (y que escribió un curioso tratado de música) inventó la lectura en silencio en el siglo IV de nuestra era, lo que revolucionó el mundo tal y como se conocía hasta la fecha; hoy en día, unos tipos de marketing con medios y mucha publicidad pretenden convencernos, vendiendo audiolibros en aplicaciones, de que escuchar es leer. No dejo de pensar que vamos para atrás".

                 DdA, XV/4.038                 

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