domingo, 11 de noviembre de 2018

¿DELINCUENTES EN LOS SANTUARIOS?

El religioso benedictino Francisco Carreras habría abusado de varios menores durante su etapa como sacerdote en Miami y luego en la provincia de Salamanca, según informó el pasado viernes el diario El País. “Tengo la imagen grabada de ocho o diez niños con él en medio. Todos desnudos, todos masturbándonos”, relata uno de ellos. Antonio y Carlos, de más de 40 años, que no dudan en ofrecer sus testimonios, pero ruegan que no sea revelada su identidad. “Que salga todo. Ya era hora. Pero que esto no nos perjudique más de lo que ya lo ha hecho”, afirman  en El País. Ambos crecieron en el pueblo de Sequeros, destino que el obispado dio al cura tras su expulsión de Miami. Allí estuvo de octubre de 1981 a abril de 1983. En esos 18 meses, volvió a mostrar su doble cara: cautivador de día, monstruo de noche. “Montó un taller de marquetería al que íbamos muchos niños. Los viernes, nos quedábamos a dormir en su casa. Allí sucedía todo”, recuerda Carlos. “Tengo la imagen grabada de ocho o “Te hacía partícipe y cómplice de sus actos. Luego te hacía regalos increíbles, como una cámara Polaroid. No sabías cómo manejarlo”, lamenta Carlos. “El pueblo lo reverenciaba. Era inimaginable decirlo. Yo mismo lloré el día que se marchó del pueblo”, sigue Antonio. Y si el secreto amagaba con aflorar, Carreras recurría a la violencia. “Un día me atreví a decirle que se lo podía contar a mis padres. Me pegó un guantazo que me tiró al suelo y me dijo: Explícalo si te atreves”, concluye Carlos. Ninguno ha contado su caso hasta hacerlo ahora en El País.El obispado de Salamanca ignoró un aviso de la archidiócesis de Miami, que expulsó en 1981 de su jurisdicción a Francisco Carreras tras un caso de abusos a un menor, y mantuvo a este sacerdote durante más de dos décadas, entre 1981 y 2004, al frente de una decena de parroquias rurales de la provincia. En sus nuevos destinos, Carreras dejó un reguero de nuevas agresiones sexuales, según han denunciado ahora tres víctimas al diario El País. Los testimonios hablan de sesiones de sexo en grupo en las que el único participante que superaba los 11 años era el sacerdote. “Nos hacía mantener relaciones entre nosotros y con él”, rememora una víctima a El País. “El obispado lo sabía. Lo podría haber evitado, pero nos dejó en sus manos. Fuimos entregados en bandeja a un pervertido. No puede haber perdón para eso”, acusa otro de los denunciantes.El obispado defendió airadamente al cura en 2011 cuando medios locales de Salamanca se hicieron eco de las denuncias contra él en Miami. Calificó su trayectoria como “intachable”. Ante las nuevas revelaciones guarda silencio. Carreras llegó a Salamanca cuando el obispo era Mauro Rubio, ya fallecido. En 1995 le relevó Braulio Rodríguez, actual arzobispo de Toledo. En 2003 le sustituyó el actual, Carlos López. Francisco Carreras nació en 1945 en Nueva York y fue ordenado sacerdote de la orden benedictina en 1973 en Salamanca. Antes de ir a Miami, estuvo destinado dos años en los pueblos de Ahigal de Villarino, Robledo Hermoso y Sanchón de la Ribera, según los boletines de la diócesis. Llegó a Miami en 1975 y, según las denuncias posteriores, los abusos empezaron pronto. En sendas denuncias presentadas en 2002 y 2011, dos hombres le acusaron de abusos cuando eran niños cometidos en sus propias casas, en campamentos y horas de teatro. Los relatos de las víctimas, con coincidencias notables, sitúan los hechos en 1976 y 1981, respectivamente. Ambos casos fueron desestimados. Carreras vive desde 2011 en el santuario de Valdejimena, en la comarca de Alba.


LOS NIÑOS DE SAN JUDAS NO SON SÓLO DE 1939 

Este artículo fue publicado el 21 de mayo de 2009 y hace referencia a un film visto en un cine de Salamanca en compañía de mi hija algunos años atrás:  


Félix Población

Hace ya algún tiempo que visioné el film Los niños de San Judas, de la directora irlandesa Aislin Walsh, basado en la novela autobiográfica del mismo título de Patrick Galvin. La historia discurre en 1939 en un severo internado católico irlandés, donde uno de sus profesores recién contratado, que acaba de regresar de la Guerra de España como combatiente contra el fascismo, tiene que enfrentarse a la metodología violenta con la que se trata a los alumnos. En la película se dan escenas muy explícitas y sumamente duras tanto de esa violencia como del abuso sexual a que es sometido algún interno.

Confieso que al ver la crudeza de esas imágenes estuve a punto de arrepentirme por haber querido que mi hija me acompañara al cine para que tuviera un referente cabal de ese tipo de enseñanza. Aunque le había advertido con antelación sobre el asunto de la película y tenía ya una edad apta para asumirlo sin efectos traumáticos, llegué a temer que por su notable tratamiento cinematográfico el verismo del film pudiese afectarla en exceso.

Recuerdo que a la salida del cine mi máximo empeño fue asegurarle, una vez escuché sus preguntas ante la posibilidad de que ese tipo de enseñanza se pudiera seguir dando en nuestro tiempo, que por fortuna los hechos de los que había sido testigo como espectadora habían ocurrido hace casi setenta años. Que hoy eso, en nuestro país o en cualquiera de los de nuestro entorno, sería muy excepcional y de inmediato condenable, pues para ello existen las leyes, convenciones y organismos encargados de proteger los derechos de los menores.

Tendré que rectificar esa apreciación a la vista de lo ocurrido y denunciado días atrás en el mismo país donde discurre el film. La noticia que hoy nos ofrecen los periódicos dice que miles de menores fueron objeto de abusos sexuales y torturas físicas y psíquicas en Irlanda, en instituciones estatales regentadas por religiosos, durante casi 70 años. Es lo que afirma un informe elaborado por una comisión gubernamental, que además califica de endémica esa situación.

Ahora tendré que decirle a mi hija que lo que viviera y contó el escritor Patrick Galvin hace exactamente 70 años, y de modo tan certero reflejó Aislin Walsh en su película, no es una historia pretérita. Hay casos denunciados en el año 2.000, cuando mi hija -de ser irlandesa y tener unos padres creyentes- podría haber sido alumna en uno de esos centros. La noticia me ha reafirmado en que hice bien cuando la llevé al cine a ver Los niños de San Judas.


+@El Liceo y la Puerta de Zamora se iluminarán de verde contra los abusos a menores. Léase La Crónica de Salamanca

+@Rebajan la pena a un agresor sexual porque la víctima fue actriz en el colegio Léase en El Plural.

                  DdA, XV/4.009