martes, 6 de noviembre de 2018

ASPIRANTES A PROFESOR SIN ORTOGRAFÍA O ENSEÑAR A ESCRIBIR SIN SABER

Resultado de imagen de miranda podadera Félix Población 

Casi el diez por ciento de las más de veinte mil plazas convocadas para profesores de secundaria, formación profesional o escuelas de idiomas han quedado vacantes, a pesar de que se presentaron el pasado mes de junio unos doscientos mil candidatos a la mayor oferta de empleo desde que se inició la crisis/estafa.(En ocho años hay un 60 por ciento más de ricos en España). 

Se sabe, gracias a la información publicada por el diario El País, que las faltas de ortografía y los errores gramaticales lastraron la calificación de un número no despreciable de opositores. Según las fuentes consultadas, eso fue algo determinante en comunidades como Aragón, Madrid y Murcia. 

En relación con esta noticia, quizá convenga tener en cuenta lo que las autoridades educativas francesas han resuelto para el próximo curso: cambiar los programas escolares, visto el notable retroceso que está marcando a las nuevas generaciones y que podría equipararse al que los datos de esas oposiciones publicados por el citado diario sugieren. 

Allí han decidido dar marcha atrás para volver a instruir según las viejas fórmulas relegadas que las llamadas "nuevas pedagogías" o como se les quiera llamar no han logrado superar. Los dictados, por ejemplo, formaban parte de la tradicional enseñanza primaria, dado que la ortografía era considerada materia muy importante en la formación de los alumnos. Algunos -al menos entre los mayorcitos- recordamos que también aquí en España ocupaba la ortografía una atención prioritaria. Muchos agradecemos al Miranda Podadera las dificultades que comportaba cada uno de aquellos dictados leídos con regodeo parsiomonioso por nuestros maestros, entre ellos mi recordado don José Suárez, del Grupo Escolar Jovellanos.

Deberíamos escuchar con más atención a aquellos profesores de secundaria que manifiestan su preocupación por el ostensible deterioro entre sus alumnos no sólo de la ortografía sino de la sintaxis, la caligrafía, el vocabulario que manejan -en extremo simple y cada vez más reducido-, y la capacidad y coherencia expositiva tanto oral como escrita, que personalmente considero alarmante. Quizá conviniera un mayor uso del cuaderno antes que de la tablet y las actividades visuales, con una más intensa dedicación a la lectura y el comentario de textos en voz alta, porque quien no sabe leer en voz alta tiene menos posibilidad de escribir con corrección.

Las nuevas pedagogías y sus defensores entendieron que la corrección ortográfica era poco menos que un freno a la creatividad y a la libre expresión, los muy majaderos. Lo mismo ocurrió con la lectura en voz alta y la memorización de textos, sustituidas como herramientas de estudio por técnicas menos "invasivas" para el alumnado, como si percibir la sonoridad de las palabras, la perfecta construcción de las frases o el cultivo de la memoria lo fueran.

Pues bien, ya que en Francia una vez más estarán por delante de nosotros con el retorno de los dictados, la lectura en voz alta y el cálculo mental, no estaría de más hacer aquí lo propio a ver si mejoramos el nivel de esos opositores cuya aspiración debía ser la de enseñar a escribir, no sabiendo hacerlo casi el diez por ciento de ellos mismos. 

A propósito de la noticia que ha motivado este artículo, no quiero dejar sin consignar el comentario que a su vez generó en mi estimado Francisco Fuster:
1. La gente sale del Bachillerato con su título, pero sin saber escribir.
2. La gente sale de la Universidad con su título, pero sigue sin saber escribir.
3. La gente hace un Máster en Formación del Profesorado, donde se le da un título habilitante, pero no se le enseña a escribir, porque se da por hecho que ya sabe hacerlo.
4. La gente que acumula títulos se queja, con razón, de que no salen plazas para Profesor de Educación Secundaria.
5. Cuando, por fin, salen plazas, muchas quedan desiertas porque se constanta lo que todos sabemos y nadie quiere admitir: que mucha gente no sabe escribir, incluso aquellos -como los de Lengua Española- que se supone que quieren dedicarse a enseñar a escribir al resto.


Léase también@La epidemia de faltas de ortografía escala hasta la Universidad. Y no es de ahora. (El País)


                  DdA, XV/4.004