viernes, 5 de octubre de 2018

LOS RESTOS DE UN DICTADOR NO CABEN EN UNA IGLESIA

Desconozco si entre los católicos confesionales de España es mayor o menor el número de ciudadanos que coincide con la opinión sostenida en este comunicado por las Redes Cristianas de Base, pero este Lazarillo considera que serán muchos los que se identifiquen con la misma, lo suficientes como para que este comunicado haya sido también noticia en los medios de información, y no sólo -como lo fue profusamente- la opinión del arzobispo de Madrid, monseñor Osoro. Echo de menos igualmente el criterio de la iglesia en la Tarraconense, pues los obispos catalanes deberían hacerse escuchar también en esta cuestión, tan importante al menos como cuando lo hacen  ante el encarcelamiento injusto de los políticos de aquel país que defienden la independencia y la república de Cataluña.

Redes Cristianas de Base

Ante la innecesaria polémica en torno a si se deben inhumar los restos de Franco en la Basílica de la Almudena y las -a nuestro juicio- desacertadas declaraciones del Cardenal Osoro, desde Redes Cristianas queremos hacer pública esa “Otra voz de Iglesia” que se opone a que los restos de un dictador sean enterrados en un templo, no solo por violar las propias leyes vaticanas interpretando torticeramente el Derecho Canónico, sino por el grave valor simbólico de enterrar a quien causó tanto dolor y violó los derechos humanos más elementales, en connivencia con gran parte de una Iglesia y un régimen nacionalcatólico.
Desde las muchas razones de sentido común que podríamos argumentar,  bastaría rechazar este enterramiento –ya sea en un templo o en una cripta cristiana- para favorecer la reconciliación entre españoles y españolas así como para desvincular, de una vez por todas, a la Iglesia Católica del franquismo y del funesto nacionalcatolicismo anterior.
No vale decir –Sr Osoro- que la Iglesia  “acoge a todas las personas”,  porque un dictador como Franco no es un bautizado más, y la inhumación de sus restos en un templo católico generaría más división y escándalo  que en el mismo lugar del que ahora se aprueba su exhumación. Sería más que probable que,  al estar en el centro de Madrid y en una zona eminentemente turística, se convirtiera en un lugar de visita y homenaje que,  además de fomentar el odio y la división en la ciudadanía, sería ilegal por ir contra el espíritu y la norma de la ley de Memoria Histórica.
Esta pretensión de la familia Franco no se justifica ni desde la ética ni desde la axiología más elemental, esa que habla de los valores cristianos y se enraíza  en el amor como único mandamiento que heredamos de Jesús. Porque el Amor es  justo lo contrario a la violencia, las desapariciones, las muertes violentas, las fosas comunes, o la guerra civil que son precisamente los “logros” de este dictador. Desde el evangelio tenemos derecho a preguntarnos si una forma de vida así, objetivamente mirada, puede ser considerada cristiana.
No nos gusta una Iglesia que sigue apostando y en connivencia con una forma de hacer política que no solo no es entendida por muchísima gente, sino que se vincula a una ideología neoconservadora y a una ultraderecha antisocial que está muy lejos del evangelio y de la orientación más progresista del Papa Francisco. Para una sociedad, ya de por sí muy secularizada, esto sería una losa más que achacar a la Iglesia, que herirá la sensibilidad de la inmensa mayoría de la buena gente que existe en este país.
Si ante los avaros mercaderes que tomaron el Templo, la entrada de Jesús fue con látigo, hasta los pilares (y criptas) del Templo seguro que los derribaría, de cometerse esta felonía. Porque ni el Evangelio, ni las Víctimas admiten complicidades con el dictador. Paz y Bien.

DdA, XV/3972