viernes, 19 de octubre de 2018

LA CABRA DE LA GUINDALERA COMO SOLAZ SEXUAL DE LA POSGUERRA


Lazarillo

Hace cosa de tres años, el actual obispo de San Sebastián publicó un libro al que tuvo el valor de titular Sexo con alma y cuerpo, acaso porque su autoridad en la materia fuera la suficiente como para permitirse el asesoramiento a sus feligreses. Sus opiniones al respecto levantaron lo que se suele llamar una fuerte polémica porque el prelado Munilla decía entre otras memeces que el placer no es un fin en sí mismo y que la masturabación era un ataque al propio cuerpo. De ahí que aconsejara a los lectores de su obra el combate contra la masturbación, en evitación de la caída en una suerte de esclavitud, a la que sólo bastaba asociar en la prédica de monseñor la figura del Maligno, con la que el nacional-catolicismo imperante durante la dictadura penalizó la sexualidad en la niñez de varias generaciones de españoles de ambos sexos. Para que tengamos una idea del papel represor ejercido por la institución que honró al dictador con palio y preces, y lo nombró caudillo por la gracia de Dios, conviene leer este pequeño cuento cruel, escrito por Jesús Urceloy, a propósito de los tiempos de mocedad de todo un Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, en el barrio de La Guindalera de Madrid, donde una cabra servía de solaz sexual a sus propietarios en la negra posguerra:

"Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura, relata en sus memorias cómo en su juventud y en Madrid capital, él y unos amigos compraron una cabra a un pastor, que menudeaba su rebaño en los límites hacia el este del conocido Barrio de Salamanca. Este lugar, zona fronteriza de la ciudad con el campo, llamábase (y hoy se sigue llamando) La Guindalera, y eran sus vecinos gentes de oficios inferiores, pastores como se ha dicho, lecheros, servidores independientes de las casas de postín, talabarteros, comerciantes al detall, oficinistas pobres y estudiantes de pensión. Pasaba por allí un regato de poca anchura, profundidad y caudal llamado El Canalillo, quizá porque parte de él corría entre cemento y adoquines. La cabra. mantenida a turnos por aquellos muchachos en una triste caseta, servía los fines de semana para solaz sexual de sus dueños. Hoy en día, la avenida Camilo José Cela, de Madrid, está situada exactamente donde estuvieron aquel riachuelo, aquella caseta y aquellos miserables".

Léase+@ El obispado de Alicante defiende que el cura pederasta de Granada trabaje de capellán.(El País).


                      DdA, XV/3986