martes, 21 de agosto de 2018

OTRO MOTIVO PARA ENVIDIAR A PORTUGAL: LA TUMBA OLVIDADA DE SU DICTADOR


Félix Población

Hace unas semanas, en el mes de julio, pudimos leer el manifiesto que el diario conservador La Razón publicó en sus páginas, en el que  casi dos centenares de militares jubilados mostraban su apoyo al general Franco y al régimen que encabezó durante casi cuarenta años. El texto, redactado con ocasión del propósito del Gobierno de exhumar los restos del dictador del Valle de los Caídos, lo suscribieron después más militares en esa misma situación, así como algunos otros que están en la reserva. 

El Gobierno de Pedro Sánchez no pareció reaccionar hasta hace unos días con una nota del Ministerio de Defensa en la que anuncia la apertura de una información sobre esos cinco militares en la reserva, sin que esto vaya a aplicar contra el resto de los firmantes, todos ellos miembros ya retirados del Ejército y "sin ninguna vinculación profesional con Defensa", según esa misma nota. Defensa podría actuar contra los reservistas, ya que el régimen de las Fuerzas Armadas recoge como faltas graves y muy graves la manifestación de "expresiones contrarias" a la Constitución, la Corona y demás instituciones del Estado, así como "infringir reiteradamente los deberes de neutralidad política". Esta normativa recoge sanciones como una multa económica de ocho a quince días, un arresto de quince a treinta días y la resolución del compromiso, es decir, ser expulsados de las Fuerzas Armadas.

Al Foro Milicia y Democracia le parece muy preocupante que suceda esto cuarenta años después de aprobada la Constitución y algunos más desde la muerte del dictador: Muestra -según un comunicado de esta asociación- en manos de quién han estado muchas de las unidades, organismos y centros de decisión de las Fuerzas Armadas durante la ya larga democracia de nuestro país. "Algo ha fallado -leemos- para que muchos de aquellos jóvenes militares, recién graduados o aún cadetes hace cuarenta años, sigan hoy alineándose con doctrinas e ideologías que defienden un régimen dictatorial y antidemocrático surgido de la comisión de un delito de rebelión, siguen tratando de héroe a Franco y banalizan las graves secuelas de muerte y represión que siguieron a la guerra civil provocada por el golpe de Estado que él encabezó en 1936".

Ante hechos así, no se puede evitar una mirada atrás y recordar aquel esperpéntico intento de golpe de Estado del 23-F. También conviene hacerlo mirando a Cataluña para decirle a Torra que cuide sus palabras contra el Estado que él representa al frente de la Generalitat. Y puestos a mirar, fijarnos una vez más en Portugal, donde además de un gobierno progresista que ha sabido entenderse entre los diversos partidos de la izquierda y conseguir buenos resultados en tan solo tres años, tienen a su dictador discretamente enterrado en un cementerio de la localidad de Vimieiro, en Santa Comba Dâ0, desde que falleció en 1970.

Oliveira Salazar fue el fundador del Estado Novo, un régimen dictatorial que él presidió desde 1932 hasta 1968, sin que aquel país tuviera que soportar la sangría de un conflicto armado como el que desató el golpe de Estado de general Franco en España y llenó de víctimas las cunetas y fosas comunes hasta nuestros días. Se trataba, como la española, de una dictadura personal de partido único (la Unión Nacional), basada en el corporativismo (por influencia del fascismo italiano), en el confesionalismo católico (contó con el apoyo de la Iglesia) y en la represión sistemática de opositores y disidentes a través de temida Policía Internacional de Defensa del Estado (PIDE). 

A pesar de tan larga y similar dictadura, sería inimaginable un manifiesto militar en el Portugal de hoy que exaltara la figura de Antonio de Oliveira Salzar, cuyo restos reposan junto a los de su padres en un olvidado cementerio del pequeño pueblo donde vio la luz en 1889.


DdA, XIV/3931