lunes, 30 de julio de 2018

GELMAN: ME DUELE UN ABEDUL LLENO DE CIELO/ QUE EN MI RECUERDO RECOGÍ EN EL CAMPO

Lazarillo

Hace ya bastantes años que tuve la oportunidad de conocer a Juan Gelman, del que no solía perderme sus artículos en el magnífico diario Página/12. Fue con motivo de una visita del poeta argentino a Salamanca, donde se celebraba un evento sobre Memoria Histórica que organizaba el Centro Documental de la Memoria Histórica ubicado en esa ciudad y que, a pesar de disponer de un amplio edificio restaurado desde hace años, mantiene una muy escasa actividad memorialista de carácter público. La charla de Gelman fue memorable, por lo lúcida y emotiva, y de ella quedó constancia en este modesto DdA, junto con la que dio el poeta Marcos Ana (ambas se glosan en uno de los artículos que integran el libro La memoria nombrada, a publicar próximamente por la editorial El viejo topo). Juan Gelman perdió a uno de sus hijos durante la dictadura argentina y su hija Nora también sufrió cárcel y exilio por culpa de los mismos genocidas que acabaron con la vida de Marcelo y su cuñada Claudia Iruretagoyena, embarazada de siete meses. Nora falleció el año pasado, habiendo dejado constancia, junto a su madre Berta Chubaroff, de su lucha por los desaparecidos, en la que sigue Jorge, hijo de Nora. Del libro Violín y otras cuestiones, transcribo este luminoso y querido  poema de Juan Gelman:


Afirmo fieramente: tengo estómago.
Pero no, pero no. Mejor dejarlo.
Ayer nació un gorrión en mi camisa
y hoy me cité de nuevo con un árbol.
Pero además resulta que estoy vivo,
fértil de sangre aguda en el costado.
El señor hambre se metió en mi casa
y no sé cómo echarlo.
Pero no es eso, no. Mejor dejarlo.
Me duele un abedul lleno de cielo
que en mi recuerdo recogí en el campo.
Urgentemente debo hablarle hoy.
Él se cree olvidado.
El almacén, la luz, el alquiler,
todo lo que se debe y no está pago.
Espero un hijo, allá, para diciembre.
Pero no, pero no, mejor dejarlo.
Me aguarda el aire. Es junio y hay invierno.
Llueve exclusivamente en mi zapato.
¡Ay de la carne que no se ha comido!
Pero no es eso, no, mejor dejarlo.
Estoy de novio con la primavera,
con mi mujer y con mis manos.
Si me toco la frente con un silbo
echo a volar mis pájaros.
Pero no, pero no.
Mejor dejarlo.

DdA, XIV/3913