martes, 17 de julio de 2018

EL MAL DE LA PIEDRA* EN EL PÓRTICO DE LA CATEDRAL DE LEÓN


Lazarillo

Hay estatuas irrecuperables en el maravilloso pórtico occidental de la catedral de León. Nada se sabe de la ubicación final que tendrán las que fueron desmontadas hace nueve años (23) y que hoy están en el claustro y en el propio recinto del templo, a la espera de una restauración o de una réplica que las devuelva a la intemperie, preservando las originales en el interior de la catedral, tal como ocurrió en su día con la talla de la Virgen Blanca, ubicada en origen en el parteluz del pórtico central y obra de autor anónimo de finales del siglo XIII. Esta imagen, que  fue pintada en el siglo XV, fue trasladada al ábside en los años cincuenta del pasado siglo, en evitación de que sufriera los daños de la intemperie que acabaron con su policromía pero no con la sonrisa que humaniza la talla y la hace muy especial. Para justificar que las estatuas originales puedan hallar acomodo finalmente en el interior de la catedral, bien se podría recurrir a imágenes como la que ilustra este comentario, con las figuras de las jambas de uno de los pórticos devastadas por el llamado mal de la piedra. Despreciadas por los fotógrafos, ante la admirable consistencia que ofrecen otras imágenes más enteras del propio pórtico, son en sí mismas una plasmación fehaciente del desgaste a que han sido sometidas por obra del tiempo, el sol, la lluvia y el aire, año tras año, siglo tras siglo.

*Se denomina mal de la piedra a la descomposición superficial de la piedra en forma de exfoliaciones, arenilla y desprendimiento de las capas externas. La erosión se debe principalmente a la polución, a aquellas sustancias que gravitan en la atmósfera, prodicto de la combustión, con lo cual se produce bióxido de azufre que provoca un proceso degenerativo de la piedra.

DdA, XIV/3905