miércoles, 20 de junio de 2018

¿QUÉ VENDRÁ DESPUÉS DE SEPARAR A LOS NIÑOS DE SUS PADRES EN LA FRONTERA, MISTER TRUMP?

Félix Población

Se podría pensar, después de la grabación en audio obtenida por ProPublica en el que se escuchan los gritos y llantos de los niños separados de sus padres en la frontera sur de los Estados Unidos, que al menos sigue habiendo una parte de la humanidad que no está sorda y puede percibir el sentimiento de orfandad repentina que sienten esas criaturas de muy pocos años. Su escucha ha indignado a buena parte de aquel país.

Hasta ahora, en la polémica sobre la inmigración, se habían escuchado muchas voces, pero faltaba la de aquellos seres humanos más endebles y, por lo tanto, más necesitados de ayuda en este conflicto que afecta a los países pobres explotados por los poderosos del planeta, responsables máximos de su degradación ecológica y social.

Desde el pasado mes de abril en que el presidente Trump puso en marcha su política migratoria bajo el nada edificante eslogan de Tolerancia cero, la cifra de niños separados de sus padres ronda los 2.300. Esto es, cada día se repite por decenas una tortura, aplicada por ley contra los hijos de la pobreza, pues lo legislado es que sus padres sean procesados por buscar un porvenir que les quitaron más al sur. Más de un centenar de esos niños son menores de cuatro años y cabe suponer, por elemental sentido de confianza en la humanidad de los funcionarios de frontera, que algo del llanto de esas criaturas se llevarán a casa cuando disfruten familiarmente de las suyas.

Esos funcionarios depositan a los hijos de la pobreza y la desesperación en tiendas de campaña, jaulas y grandes almacenes, convertidos en centros de detención de la Patrulla Fronteriza, mientras se procesa a sus progenitores. Quizá no lleguemos nunca a ver el reportaje de Humanidad cero que está mereciendo esa política migratoria por parte de amplios sectores de la sociedad norteamericana, desde el conservadurismo religioso al activismo pro derechos humanos. Hasta la que fuera primera dama, Laura Busch, ha calificado de crueles e inmorales esas prácticas y comparó las imágenes de los niños inmigrantes detenidos en perreras  con las de los campos de internamiento japoneses durante la Segunda Guerra Mundial [no dijo nazis].

A la Casa Blanca ha llegado un sujeto extremadamente peligroso, que no sólo puede poner en riesgo de gran conflicto internacional  la precaria estabilidad geopolítica en Oriente Medio, sino que con métodos como el que está llevando a cabo en la frontera sur de su país está mostrando al mundo la imagen más descarnada de su inhumanidad sin que sienta por ello vergüenza alguna. 

En uno de sus tuits, el presidente Trump le ha reprochado a la canciller Merkel su política migratoria con estas palabras: “El pueblo alemán le está dando la espalda a sus gobernantes debido a que la inmigración está sacudiendo la débil coalición de Berlín. La criminalidad en Alemania está subiendo. Un gran error por parte de toda Europa el aceptar a millones de personas que radical y violentamente han cambiado su cultura."

Cabe preguntar, después de someterlos a la tortura de separarlos de sus padres, ¿qué vendrá después, con este individuo en la Casa Blanca, si la crueldad de ese método resulta insuficiente para evitar la llegada de más inmigrantes a la frontera con México? Porque si se trata de impedir que millones de personas cambien la cultura norteamericana radical y violentamente, igual no basta con esa ignominia y hay que ser más expeditivos.




DdA, XIV/3883