lunes, 25 de junio de 2018

MÁS DE 65 AÑOS Y TETRAPLÉJICO: SIN DERECHO A LA VIDA


350.000 personas dependientes permanecen en el “limbo” de la lista de espera de la Ley de Dependencia. Atraviesan un laberinto burocrático incierto para optar a ayudas que no cubren la tercera parte de sus necesidades.
Lean, por favor, uno de los mejores reportajes que este Lazarillo ha leído en los últimos años. Lo firma Soraya González Guerrero y se publica en El Salto. Espero que algún profesor de Redacción de las Facultades de Ciencias de la Información lo tenga en cuenta para su análisis en el aula. Cuando el Periodismo llega tan al fondo humano al pie de la vida cotidiana, la profesión recobra una dignidad ejemplar. Gracias, Soraya.


Mi padre no puede tomarse una caña por sí mismo. Se la tiene que dar alguien y, preferiblemente, con pajita. A sus 67 años, no quiere renunciar al placer de tomarse una caña, pero no está dispuesto a que le pongamos perdido de goterones.
Hace un año se cayó de una escalera de dos metros y se quedó tetrapléjico. “Su médula espinal es como una fibra óptica retorcida. Por dentro está machacada”, nos soltó a bocajarro el cirujano que le operó. Su lesión medular es cervical, no siente ni mueve su cuerpo de pecho para abajo. No mueve ninguna de las cuatro extremidades, solo un brazo, pero no es funcional. Tampoco mueve el tronco.
La tetraplejia por lesión medular no es solo una cuestión de movilidad. Afecta a la respiración y al control del esfínter, entre otras muchas alteraciones menos visibles. Mi padre podría haberse quedado con sonda nasogástrica de por vida y con un aparato para respirar. Afortunadamente, tras la rehabilitación, pudo volver a tragar y ha aprendido a respirar con el diafragma. 
+Lectura: El Salto
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