viernes, 1 de junio de 2018

LA DERECHA QUE VIENE, LA QUE SE VA ...Y EL EJEMPLO PORTUGUÉS

Félix Población

La sesión de ayer en el Congreso, así como la de hoy que dará por terminada la moción de censura planteada por el Partido Socialista, tendrán como significación histórica la de haber sido la primera en cuarenta años que ha tumbado a un gobierno en España. M. Rajoy paga así la vergüenza no menos histórica de haber estado al frente de un partido condenado por corrupción.

En lugar de excusarse por ello, el presidente Rajoy ha apelado a España y al caos en que podría derivar un gobierno presidido por Pedro Sánchez. Lo mismo ha hecho su hasta ahora partido/muleta, convencido de que puede ser la alternativa que sustituya al Partido Popular en las preferencias de la derecha española.

Tanto Sánchez como Pablo iglesias tuvieron ayer frases muy duras contra el líder de esa nueva derecha en flor. El primero, reconociendo que se equivocó con Ciudadanos, al que tuvo por socio preferente hace dos años, impidiendo cualquier entendimiento con Podemos. Iglesias fue más allá, pues consideró el discurso de Albert Rivera como más propio de un fascista que de un demócrata, calificando a su partido de cooperador necesario de la corrupción del PP y de protagonizar una operación gatopardiana para heredar demoscópicamente a ese partido.

Si hubiera que elegir dos detalles que definen la catadura del líder de la nueva derecha y la del líder del Partido Popular ayer, elegiría la mezquindad de Rivera simulando llorar cuando Iglesias le dirigió esas palabras, burlándose de las lágrimas que el secretario general de Podemos  no pudo ocultar tras su intervención parlamentaria el día antes al recordar las torturas practicadas por Billy el Niño y solicitar que se le retirara la mención honorífica que denigra a la democracia española. ¿Alguien puede esperar algo digno de un sujeto que se mofa públicamente así de un sentimiento tan respetable?

La otra vergüenza corresponde al presidente del gobierno, protagonista de la moción de censura y ausente durante toda la tarde de ayer de la sesión, dando con ello una de las más bochornosas actitudes de desprecio que puede caber e imaginar en quien incluso nos tenía acostumbrados a otras a lo largo de sus seis años como jefe del ejecutivo.

Esos son, de momento, los jefes de filas de la derecha española, a la que se le llena la boca con la palabra España que sólo ellos dicen representar, pero que ayer han jugado a lo mismo cuando de lo que se trataba era de aplicar un terapia drástica y regeneradora  contra el factor de mayor inestabilidad que puede amenazar a una democracia: el que provoca la corrupción política.

Hace casi un año por estas fechas, Unidos Podemos se quedó solo con una moción de censura que, de haber prosperado, quizá nos habría ahorrado algunos lamentables episodios de los vividos en Cataluña y que nos han llevado a una situación tan complicada como la actual. El problema territorial de España no lo tienen en Portugal, pero fue alentador que ayer, tanto Sánchez como Iglesias, recordaran la buena gestión del gobierno de izquierda del vecino país y lo hicieran más cercano a la expectativas de muchos españoles.



DdA, XIV/3865