jueves, 10 de mayo de 2018

LA PROCESIONARIA DE LAS RELIQUIAS (CON MOTIVO DEL REGRESO DEL LIGNUM CRUCIS A ASTORGA)

Reciente el fallecimiento de Eugenio de Nora a edad nonagenaria, dialogaba hace unos días con Félix Maraña este Lazarillo acerca de la prodigalidad de poetas que se dan en la provincia de León, e incluso en todo el viejo reino donde nació el parlamentarismo, secuestrado o camuflado en el absurdo reparto de la España de las autonomías bajo el epígrafe de Castilla y León. Extiendo hoy lo dicho a la literatura en general y al periodismo en particular, con casos como el de este pequeño periódico, radicado en antigua ciudad de Astorga (poco más 11.000 habitantes), que desde hace cinco años se dedica a informar de la localidad y sus comarcas más próximas bajo la cabecera de AstorgaRedacción.
Lo que más cabe admirar de ese diario digital, comprometido y ciudadano, no es únicamente su papel como notario de un medio rural con sumas dificultades de sobrevivencia y al que AR presta una voz cercana y más que necesaria, sino que lleve ya un lustro entre sus lectores, se mantenga sin pérdidas, y  ofrezca, apegado a la tierra en la que se elabora y respira, una calidad de escritura digna de resaltar en estos tiempos de redacción precipitada, excesivamente acuciada por las urgencias y las audiencias. Los gestores de AR, María Antonia Reinares y Eloy J. Rubio, han invitado a este Lazarillo a colaborar, algo que haré con sumo gusto de vez en cuando, pues la empresa y su sostenimiento me seducen. Valga para darse idea de sus articulistas la columna que sigue, firmada por Samuel Yebra Pimentel , cuyo expresivo y lúcido titular llama a una lectura que no defrauda: La procesionaria de las reliquias.
Lazarillo
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 Samuel Yebra Pimentel

Forma ya parte del saber común que si se reuniesen todos los pedazos de la Cruz de Cristo recompondríamos todo un bosque como el del pinar de Xaudella. ¿De qué madera será ese Lignum Crucis que regresa tras 45 años de exilio a pasear por Astorga? Parece ser que de ciprés. Hubiera sido más poético que fuera de cedro del Líbano…

Sin que haya habido un aumento de la fe en los últimos tiempos, sí se ha detectado en ciudades curiales como Astorga un aumento de sus manifestaciones populares. No se consumen tanto esas floraciones en las iglesias, sino en las oficinas de turismo, al tiempo que te venden un cocido o “unos mantecados.”

Me pregunto qué es lo que ven y sienten cuantos/as acuden a tanto bullicio procesional. Yo percibo cada vez más una falsificación de ambiente medieval de parque temático. Por cierto, queda aún por recuperar la ’Vencejada’, la mojiganga de la despedida de los vencejos del barrio de Puerta de Rey, el único carnaval identitario que podría epatar con los foráneos.

En las procesiones laicas, excepción de la Zuiza, la gente participa, como  hacía antaño en las religiosas; ahora a estas casi solo se acude a dar o a ver el espectáculo.

En la catedral de Astorga se guardan al menos otras dos reliquias no lo suficientemente publicitadas: el huesecillo de San Blas y la quijada de San Cristóbal, de la que Antonio de Torquemada comentaba que dado el tamaño de la misma, el Santo  “no podía dejar de ser tan grande como una alta torre.”

Ahora regresa el Lignum Crucis, que también perteneció a la catedral de Astorga antes de que Santo Toribio se lo llevara consigo, y que por desgracia no es de cedro del Líbano.

Decía Álvaro Cunqueiro que Santiago de Compostela era La Meca de las reliquias de España. Entre las cuales reliquias se encontraba, en la iglesia de San Martín Pinario, una pluma del Espíritu Santo. En La catedral de Mainz llegó a enseñarse un huevo de la Santa Paloma. También en Compostela se puede visitar la reliquia de la ‘sombra del cayado del Apóstol’. No se trata de literatura fantástica, sino de verdad cunqueriana o realismo mágico el que en el Museo del Bon Jesús de Braga, además del  cuerpo embalsamado de San Clemente, podamos observar un gran relicario que contiene la reliquia del prepucio amojamado de San Roque. (¡Qué extraño que no se lo comiera el perro!)

Hasta bien entrado el siglo XX se podían contemplar en Europa unas dos docenas de prepucios del mismísimo Jesucristo; uno de los cuales, el de más fiar, se custodiaba también en la catedral compostelana. Otras reliquias curiosas, de categoría vaticana, eran un estornudo del Espíritu Santo, o un bostezo de San José retenidos en sendas botellitas. En las cuevas del Vaticano se sabe de un frasco opaco que guarda los mismísimos rayos de la estrella que guio a los magos hasta Belén. No hay que decir que está terminantemente prohibido destapar esa redoma.

Griales los hay por doquier, como no, el auténtico es el de Doña Urraca de León. La mano incorrupta de Santa Teresa fue usada políticamente por el dictador golpista Francisco Franco, y se veneraron más de 200 dientes de leche del Niño Jesús a lo largo y ancho de Europa.

En fin, todo sea por el espectáculo. Fuera de la Semana Santa cuando alguien se topa en Astorga con una procesión extemporánea, añadida a las supernumerarias del calendario, se produce esa extrañeza del tiempo que regresa. Si no fuera por esa japonesa que se acerca sin pudor al paso y le pide al viandante que le haga una foto con el móvil creeríamos estar en el medievo. Ese medievalismo atmosférico que en los últimos tiempos nos tiene absortos. Casi que echamos de menos los locos cacharros y sus petardeos por el centro de la ciudad con los que el concejal del motor nos venía deleitando. 

Por cierto, nuestros regidores acuden como en manada a esos pases medievales o a tantos fastos inanes de una guerra que sucedió hace más de 200 años. La vida está en otra parte. Allí donde las mujeres jóvenes el viernes demandaron justicia e igualdad está la vida de verdad, y allí ellos tampoco estuvieron. Como tampoco estarán en las manifestaciones por una sanidad mejor, por un centro decente de especialidades ni en las que demanden una educación pública de calidad. Ni siquiera han apoyado cuando se trataba de la dignidad de las pensiones. 

La sociedad contra el Estado, que decía Pierre Clastres de los pueblos primitivos, parecen haberla invertido con tanto requilorio estos mandatarios.

DdA, XIV/3845