martes, 27 de marzo de 2018

"VIBRATO": CUANDO LA MÚSICA VA POR DENTRO DE LA ESCRITURA

Félix Población

Incluso aquellos que no hayan leído el anterior libro de la violinista chilena Isabel Mellado (El perro que comía silencio, 2011), donde ya se aprecian sus peculiares y personales cualidades literarias, no necesitarán pasar muchas páginas de esta su segunda obra para advertirlas y dejarse arrastrar por su elocuente fluencia. 

Hechas las primeras y sonoras aproximaciones al nacimiento de la protagonista, Clara, cuando la extirparon del compás materno, y a los personajes familiares de su niñez (con un padre detenido/desaparecido bajo la dictadura), pasan muy pocos compases más (a modo de breves capítulos) para advertir hasta qué punto nos va a sorprender la autora con la originalidad de un lenguaje y un estilo ricos en fortaleza expresiva y en inspiración poética, desde que los oídos -según sus propias palabras- destapan la damajuana del corazón a raíz del descubrimiento de las Sonatas y partitas para violín solo de Bach: ¿Sería posible que no llegase a tocarlas, al menos la Partita nº 3? Lloré por ellas y supe que lo mío no tendría cura.  

El camino será arduo, de Chile a Berlín, con todo  por delante en el horizonte y un violín a la espalda. Por ese tránsito se abrirá la novela, a través de la cual asistimos a las emociones, sensaciones, reflexiones e incidencias de su protagonista en un mundo tan distante y distinto del que procede: desarraigo, soledad, amistades, formación instrumental, amores, vivencias musicales, nostalgias, pesadumbres, júbilos, abatimientos. Habrá lectores que ante determinados comentarios no tengan la suficiente formación musical para interpretarlos del todo en fondo y forma, pero el contexto del relato es lo suficientemente sugestivo como para pasar por alto esas carencias y centrarse en la enjundia íntima que lo anima. Con todo, sí sería recomendable en una próxima edición la inclusión de un glosario de términos musicales.

Más que la historia en sí misma, a cuya trama habría que objetarle algunas deficiencias de desarrollo para responder al género novelístico, lo que importa es la realización profesional de quien centra su pasión en la música, en primera persona de singular, y se atiene a ese objetivo. No importa demasiado para recibir ese mensaje  que nos falte documentación para saber por qué besar es viajar cinco octavas de labio a labio. Aunque sí conviene tener en cuenta que el vibrato es una regular perturbación del sonido, una desafinacion programada, una ínfima fluctuación, hermosa inexactitud en la exactitud de la música. El día en que Clara lo supo, regresó a casa con ese temblor nuevo, un temblor que parecía venir de mucho antes, de tan intenso. Tanto como para dar título al libro.

No va a dejar la autora de describir y reflexionar intensidades a lo largo de trescientas páginas con indisimulable pulsión autobiográfica, pues en Berlín discurrió la formación e inicios profesionales de Isabel Mellado, gracias a una beca Karajan que le permitió estudiar en Alemania, como a Clara, que además vivió un tiempo en un piso okupa, trabajó en un cuarteto con éxito haciendo bolos, asistió a clases con el competente y exigente profesor Herr Yasumao (de utilidad muy didáctica para estudiantes de violín), se malcasó con un crítico musical que olía a patata cruda e ingresó en una orquesta donde el director era capaz de lanzar miradas que escarchaban la lana ante el más ínfimo desajuste. De todo ello, con sus correspondientes particularidades, broncas y embelesos, versa la novela, a la que no le falta como escenario de fondo coyuntural la caída reciente del muro en 1989, año en que la autora llegó a la capital alemana.

Leí sobre Vibrato una magnífica crítica en la que el autor afirmaba que Mellado escribe desde las yemas de los dedos, en clara alusión a la sensibilidad de la violinista para compartir la sonoridad que nace de la dinámica del tacto en las cuerdas con su facultad para hacer lo propio con la expresividad de las palabras. Recordando a su amigo el fagotista de la orquesta, donde encontramos quizá las mejores páginas de la novela con un personaje muy de carne y hueso,  Clara dice que su voz poseía una calidad táctil que cada día echo en falta, algo que denota una especial sensibilidad auditiva ante la necesidad acaso de una sonoridad más afectiva en la lengua alemana.

Se podrían poner muchos ejemplos de la calidad del fraseo en los tres tiempos y 99 compases en que está dividido Vibrato. De hecho no he podido dejar sin subrayar muchas de las frases que a modo de greguerías salpimentan todo el libro y caracterizan el estilo de la autora: Los altoparlantes de un quiosoco me interrumpen, comienzan a secretar sonidos purulentos. Un trasero indeciso, gemebundo, cuyas nalgas son lágrimas de carne. No sé por qué la sangre me tuteaba tanto los órganos. El arco es el electrocardiograma de los nervios. Yo vivo el concierto como una especie de sangramiento dichoso. Un tejido de notas brota de mí y se esparce en el aire, desabotonándolo. ¿No te tranquiliza que los sonidos, que la emoción se sustente en la exactitud matemática? La herida de no ser músico no cicatriza jamás. Lo llamaré Cucurucho [al gato] para meterle cariño dentro. El entusiasmo es un aliño que, como el azafrán o el vibrato, no siempre puedes permitirte. Cargas en la mochila tres risotadas de árbol. Llenaste un domingo con pequeños siempres. Olvidar es faltarse al respeto, es desvivir. Fue con él, siendo niña, que conocí el cielo de la boca. Nos quedamos así un buen rato, embelesados, escuchándonos las yemas.

Estamos ante un libro dotado de una indudable prestancia sensorial. Suena en silencio y a veces, para advertirlo mejor, hay que darle voz a algunos párrafos con atinada y afinada hondura y dicción de poema. Es como si la música fuera siempre por dentro de la escritura, alentando el pulso de Isabel Mellado para dejar constancia de la vida empeñada y empañada en su andadura vocacional. La novela termina con la advertencia de que los personajes casi siempre son ficticios, no así la música que escuchan, disponible en: https://open.spotify.com/user/vibratoplaylist

* Vibrato. La música y el resto en 99 compases, por Isabel Mellado. Alfaguara, 2018 

DdA, XIV/3804