martes, 27 de febrero de 2018

MEMORIA DE DIAMANTINA RODRÍGUEZ

En recuerdo de este Lazarillo a su querida madre, fallecida hace siete años, que siempre quiso cantar como la quirosana Diamantina Rodríguez, y así lo estuvo haciendo desde mi lejana niñez hasta su ancianidad. Mi agradecimiento a Xaime Arias por su libro, en homenaje y reconocimiento a una de las más notables cantadoras de la tonada asturiana, cuya voz suena en mi memoria como la de mi madre.

Fue cantadora en un tiempo en que las voces de mujer eran minoritarias. Abarcó un repertorio tan extenso que va más allá de la propia asturianada. Recuperó el piano como instrumento de acompañamiento musical de la tonada, junto a la pianista Carmen Vigil. Y, entre otras cosas, sentó las bases para que una nueva generación se atreviera a hacer innovaciones dentro del ámbito de la canción asturiana. Por todo ello, Xaime Arias y la editorial La Cruz de Grado dedican a Diamantina Rodríguez un volumen con el que homenajear y facilitar el conocimiento de la que hoy es la decana de la música asturiana.


Nacida el 14 de septiembre de 1920 en Vil.laxime, concejo de Quirós, Diamantina Rodríguez comenzó a escuchar los cantares de la tradición asturiana a través de algunos de sus familiares, muy aficionados al canto pero nunca profesionales. Con doce años, en el concejo de Quirós, conoce al que sería su marido, Argimiro Fernández Álvarez,  Argimiro’l de Bueida sobrino de Juan el Gaiteru (Xuan el de Ricao) y primo de Julio’l de Fresneo, otro reputado gaitero de la época, de quienes aprendió. Madreñero y gaitero, fue con él con quien Diamantina empezó a tocar en las fiestas donde eran contratados, acompañándolo a la pandereta. Igualmente, por su voz, era contratada en las bodas para cantar la bienvenida a los padrinos y la salida de la novia.

Casados en 1936, tras la guerra se trasladan a vivir a Ribera d’Arriba, donde Diamantina comienza a darse a conocer como cantadora de tonada. Y desde donde, tras escuchar semanalmente los programas de radio dedicados al género, se anima a ir a participar en el primer concurso de Radio Oviedo, celebrado en la Sala Babel, al comprobar, después de una actuación de Josefina Fernández, que intervienen mujeres. Aquella tonada que interpretó, con veintisiete años, fue Aquellos bueyes. Quedando entonces en un segundo puesto, por detrás de Josefina, Diamantina la toma como referencia hasta el punto de cantar por ella en muchas ocasiones, y enseñando así las canciones a las nuevas voces de la asturianada muchas décadas más tarde.

Un libro único e indispensable para acercarse a una mujer, a un tiempo y a una cultura

Con la popularización de los concursos, en la década de los sesenta las grandes voces surgidas de ellos comienzan a organizarse en formaciones profesionales que se ofrecen a las sociedades de festejos y empresas para actuaciones. La primera de ellas está integrada precisamente por Diamantina Rodríguez, junto a José Requejo y Carlos Fernández Muñiz, Carlitos el de Murias. Y en 1968 se integra en la Compañía de Campeones de la Canción Asturiana Asturias Canta. Dos años más tarde, Manolo Delgado impulsa y dirige Así canta Asturias, en la que, junto a Diamantina, participan José Noriega, José Fernández El Tordín de Frieres, Manuel González Manolo Ponteo, Agustín Argüelles, Celestino Rubiera y Marcelino Meré El Manquín. Con esta agrupación, donde intervenía como gaitero José Antonio García Suárez, El Gaiteru Veriña, y a la que años más tarde se unieron voces como la de Margarita Blanco y Josefina Argüelles, recorrería, además de toda Asturias, la mayoría de los centros asturianos españoles, la Feria del Campo de Madrid, y multitud de teatros y fiestas por toda la península. De esta manera, la popularidad de Diamantina llegaría a ser tal que participa incluso en el programa de TVE La casa de los Martínez.

Es en ese período también cuando se editan sus primeras grabaciones. La primera, la canción Carretera de Colloto, grabada por primera vez en 1930 por La Busdonga, y en esta ocasión incluida en el recopilatorio Lo mejor de Asturias, de 1965. Tras ella vendrían al año siguiente cinco tonadas acompañada a la gaita por Remis Ovalle, entre las que incluye la pieza que se convertiría en la más significativa y de composición propia: Arboleda bien plantada.

Diamantina Rodríguez siguió participando en otras grabaciones, entre las que cabe  destacar el recopilatorio de 1969 Asturias Patria Querida, donde aparece acompañada al piano por Carmen Vigil y a la gaita por Chema Castañón. Y, tras un período intenso de grabaciones, no vuelve a aparecer la siguiente hasta comienzos de los años 80 cuando decide retirarse de los escenarios, no sin antes aprovechar para dejar grabadas una serie de canciones que aparecerían en 1981 editadas por la casa Dial Discos con el título de A las madres de los mineros.  Pero, aunque su última grabación fue en los discos De L.laciana vengo, de Rosario González, y en el recopilatorio Con voz de muyer, editado por el Instituto Asturiano de la Mujer en 2004, Diamantina no deja de aparecer en diferentes recopilatorios, como gran maestra que es de la asturianada. Siendo ella hoy el referente por el que cantan las nuevas voces de la canción asturiana, ha recibido multitud de homenajes en los últimos años, entre los que destaca el Centru d’Estudios de l’Asturianada al que en octubre de 2009 el Ayuntamiento de Mieres -donde reside desde hace años- pone su nombre.

Una amplia biografía de Diamantina Rodríguez, el análisis de todas sus grabaciones, la recopilación de las letras de sus temas, un recorrido fotográfico por su vida y, con ella, la de la historia de la canción asturiana, en la que destaca el afianzamiento de las voces clásicas a través de la emisión radiofónica de sus grabaciones en la década de los años cuarenta así como el momento actual de renovación generacional de la tonada. Todo ello lo recoge el interesantísimo volumen Diamantina Rodríguez. Memoria de un tiempo de la canción asturiana, título de la obra con la que Xaime Arias (Mieres, 1987) acerca a aficionados, cantantes y público en general la historia viva de la canción asturiana. “Uno de sus personajes más queridos y respetados”, como afirma Ismael Arias en su prólogo, en que resume lo que esta intérprete significó para su tiempo: “la capacidad de arriesgarse. Lo hizo afrontando un repertorio muchas veces nuevo y, otras, enriquecido con la presencia del piano o de los ritmos de panderu. Lo hizo atreviéndose con composiciones propias. Como también convirtiéndose en la gran voz femenina de su tiempo -un tiempo en el que la sola presencia femenina ya era por sí innovadora”. Con todo, “nunca dejó de representar lo mejor de la tradición asturiana. Aunque haya sido, principalmente, por convertir a esta tradición en un valor del presente no tan sólo un legado del pasado. Y, gracias a ello, para hacerla llegar hasta el futuro”. Un libro único e indispensable para acercarse a una mujer, a un tiempo y a una cultura.

DdA, XIV/3780