viernes, 19 de enero de 2018

PIROPOS: ¡A POR ELLOS, OE, OE!


La etimología del término piropo nos trae esta palabra directamente del latín, donde ‘pyrōpus’ era el modo en el que se le comenzó a llamar a una piedra preciosa de color rojo, similar al rubí. Éstos habían cogido prestada la palabra (pyropos) de los griegos y que se utilizaba para describir a aquello de color encendido o parecido al fuego.

Por lo tanto, el piropo llegó a nosotros como una joya, la cual solía ser regalada a las enamoradas por sus correspondientes pretendientes y, por lo tanto, pasó a definirse como el acto de regalar algo bonito/bello/precioso a una mujer.

Durante el Siglo de Oro la verborrea e ingenio español, tan característico para decir halagos y galanterías a las damas, hizo que la palabra diese un paso más allá, utilizándose para describir ese acto de lisona. Esto fue de gran ayuda para su popularización al ser utilizado por algunos célebres autores en sus obras (tanto la palabra piropo como el halago en sí).

Goti del Sol

Estéticamente, la expresión de aquél piropeador que se dirigía a la chica vestida de negro con un "quién se ha muerto en el cielo para que esta vírgen se vista de luto", sin ser San Juan de la Cruz, sí que contenía una cierta dosis de poética mística. En ese terreno, no es lo mismo que la imprecación del burribuey de turno refiriéndose a las bonanzas anatómicas de una fémina o, incluso, a sus ensoñaciones con partes íntimas de la misma. Sin embargo, ambas demostraciones tienen una raiz común, la prepotencia masculina, fruto de una cultura patriarcal arraigada en el cuerpo social, que considera que está autorizado para acosar al elemento femenino con sus elucubraciones "literarias" y, encima, que éstas deben sentirse halagadas por tal demostración de ingenio. Pero como siempre es posible una vuelta de tuerca, en estos días se conocen las conversaciones de un grupo de chicos a costa de una compañera, con expresiones verdaderamente aberrantes y preocupantes. Todo ello forma parte de esa cultura que cuenta con poderosos partidarios que niegan la situación y se empeñan, con medios no escasos, en su pervivencia. Acabar con ella es una tarea común. Aquí si que grito aquello de "a por ellos, oe, oe".

 DdA, XIV/3750