domingo, 7 de enero de 2018

LA CASA-MUSEO DE GARCÍA LORCA EN GRANADA, CERRADA POR OBRAS SINE DIE*


Félix Población

Hay mucho que ver y de sumo interés en la seductora y vieja ciudad de Granada, la del Darro y el Genil -los dos ríos que bajan de la nieve al trigo-, a la que bien se le puede dedicar una semana de estancia para hacer un itinerario histórico-artístico detenido y relajado que satisfaga la curiosidad del viajero. Entre los lugares de atracción que han de estar en la agenda del visitante, por mínima que sea su formacion literaria, está sin duda la casa-museo de Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente, que fue inaugurada en 1995.

Se trata de una céntrica ubicación dentro de la capital andaluza a la que llegan cada año, desde todas las partes del planeta, miles de admiradores de la obra del gran poeta y dramaturgo, asesinado por quien fuera jefe del Estado de este país durante casi cuatro décadas, como consecuencia de un golpe de Estado y una crudelísima confrontación armada de casi tres largos años. El poeta de Fuente Vaqueros -donde igualmente se puede visitar su casa natal, dirigida hasta su reciente fallecimiento por el poeta Juan de Loxa- es uno más de los miles de republicanos enterrados como alimañas por los militares felones de la dictadura, sin que haya sido posible hasta la fecha -tras cuarenta años de democracia- la recuperación y digna sepultura de sus restos.

Solo aquellos viajeros que se hayan tomado la precaución de leer la página web de la casa-museo, habrán podido advertir que desde el pasado mes de septiembre está cerrada al público con motivo de la realización de trabajos de conservación preventiva sobre la carpintería exterior del edificio, según reza la nota informativa. Quienes se hayan limitado a buscar los horarios de visita, como es mi caso, quizá no reparasen en la misma, que no especifica el tiempo de duración de esas obras de conservación preventiva.

Sería deseable que el Ayuntamiento de Granada, institución de la que depende la casa-museo, aclare cuándo se van a terminar esos trabajos, máxime si -como parece- son para largo. Algunos hemos hecho muchos kiómetros para encontrarnos con esa decepción, pero me consta que para quienes han recorrido muchos más -como les ocurría a varios visitantes extranjeros coincidentes- la decepción tiene otro nombre, sobre todo si se considera que es en los periodos vacacionales cuando más turistas llegan a Granada y debería evitarse, en lo posible, que el centro estuviera cerrado entonces.

A esa casa que olía a jazmines, según  cuenta Federico en sus cartas y donde escribió algunas de sus obras, llegó el poeta el 14 de julio de 1936, días antes de que se produjera el golpe de Estado contra la segunda República y los militares golpistas acabaran un mes más tarde con la vida de García Lorca en el barranco de Viznar. Tuvo el jardín de la vivienda, donde la familia de García Lorca pasaba los veranos, la sombra de una vieja palmera sobre cuyo tocón puede hoy el defraudado visitante sentarse y recordar o recitar aquellos versos del gran amigo de Federico, Rafael Alberti:


Venid los que nunca fuisteis a Granada. / Hay sangre caída, sangre que me llama. / Nunca entré en Granada. / Hay sangre caída del mejor hermano. / Sangre por los mirtos y aguas de los patios ./ Nunca fui a Granada. / Del mejor amigo, por los arrayanes. / Sangre/ por el Darro, por el Genil sangre. / Nunca vi Granada. / Si altas son las torres, el valor es alto. / Venid por montañas, por mares y campos. / Entraré en Granada.

**Artículo publicado hoy también en Elsaltodiario.com


DdA, XXIV/3738