lunes, 8 de enero de 2018

ATAÚLFO GRANADA: EL ROMANCERO GITANO EN VOZ GITANA

No es fácil encontrar la Carrera de Darro solitaria, pero merece la pena buscarla y gozarla

Félix Población

Hacía mucho frío esa mañana por la Carrera del Darro, uno de los paseos más vistosos de España y una de las calles más antiguas y evocadoras de Granada. De lo hondo del río y del boscaje que desciende desde lo alto la Alhambra, empañada por la niebla a esa temprana hora, se desprendía un aliento a humedad helada que obligaba a abrigarse a fondo. 

Tiene este hermoso tránsito, sumamente apacible en las primeras horas del día, cuatro puentes, nombrados como los del Aljibillo, Chirimías, Cabrera y Espinosa, y los restos de otro que debió ser imponente, el del Cadí, que databa del siglo XI. Obligado visitar, sobre todo, los baños árabes del Bañuelo, junto al puente de Espinosa, también llamados Baños del Nogal, a los que se accede a través de un pequeño patio. Constan de tres salas para agua fría, templada y caliente, edificadas sobre elementos provenientes de restos romanos y visigodos. La sala más espaciosa -la de la imagen- corresponde a la de agua templada. Sólo una mínima parte del suelo es la original. La construcción podría datar del siglo XI, aunque su tipología se adapta más al periodo nazarí. La tecnología electrónica nos permite visualizar tal como eran los baños en su lejano pasado.

Baños del Bañuelo o del Nogal, tal como son y como eran

Un poco más adelante se encuentra la Casa del Horno de Oro, también conocida como Casa Morisca, ubicada en la estrecha y pina calleja del mismo nombre. Es una construcción del siglo XV, estructurada en torno a un patio rectangular con su alberca en el centro, que conserva su peculiar arquería nazerí como sostén de la galería porticada superior.
 Casa morisca del Horno de Oro

Siguiendo el Darro se llega al llamado Paseo de los Tristes a través de una plaza en la que el aterido paseante gozará del primer sol de la mañana, muy de agradecer en un día tan frío, mientras la niebla se va despejando en torno a la Alhambra como si despuntara de un sueño romántico, tal como lo alumbraron los escritores y artistas que la exaltaron en sus obras. Allí, junto al monumental caserón en el que viviera y muriera el padre Manjón, fundador de la escuelas del Ave María, quizá repare el visitante en las placas que hay al pie de uno de los balcones del primer piso, que hace esquina entre el Paseo de los Tristes y la calle Gumiel de San Pedro. 

Aluden a quien nació en esa casa, Ataúlfo Barroso Jiménez, artista y poeta. Unos versos suyos están grabados en una de las placas: Vete al jardín que amas y planta un limonero entre los rosales. Los seleccionó como homenaje a Ataúlfo Barroso, en 2014, la Asociación de Vecinos del Bajo Albayzín, en memoria de quien falleciera en 2010 y tiene quizá como mayor y más significativa obra la traducción por primera vez al caló del Romancero gitano de Federico García Lorca, publicado en tantísimos idiomas, pero no en el de sus protagonistas. Me lo comentó él mismo Ataúlfo durante mi primera visita profesional a la ciudad hace muchos años. Preparaba yo por entonces una serie de reportajes sobre las culturas de las nacionalidades y regiones españolas, y entre las referencias andaluzas no podía faltar la de Barroso Jiménez.

Al también cantaor flamenco, muy querido y popular en su ciudad natal, se le reconocía sobre todo por su nombre artístico, Ataúlfo Granada, razón por la que en primera instancia no recordé nuestro encuentro al ver las placas. Fue muy laboriosa esa tarea de traducción sin precedentes del Libañiró caló, verso a verso y madrugá tras madrugá. Creo que se publicó en 1980, al cabo de dos años de trabajo intensivo.

Contaba Ataúlfo de su niñez granadina, como hijo de una familia humilde del Albaicín, que únicamente recibió una educación muy elemental, precisamente en las escuelas del Ave María, y que en los bajos de su casa había una tienda de comestibles -donde ahora hay un bar que lleva el nombre de la calle- que todos llamaban la de Pepe el de la esquina, un modesto comercio que les quitó mucha hambre a él y a los suyos en los oscuros años de la posguerra

Se dice que el propio Ataúlfo Granada recitaba los poemas de García Lorca traducidos al caló con mucho brío y sentir. Es una pena que los miles de visitantes que pasan por delante de esas placas en el Paseo de los Tristes desconozcan que a Barroso Jiménez corresponde el mérito de haber dado voz gitana al Romacero gitano,  una voz que de seguro tanto le habría gustado leer y escuchar a Federico.

PS. Desconozco si al día de hoy se ha llevado a cabo la biografía de Ataulfo Granada que estaba prevista hace unos años, cuando se le hizo el homenaje, o si como tantos propósitos vinculados con la recordación de los activistas de la cultura se ha quedado en nada.

DdA, XIV/3739