martes, 29 de agosto de 2017

GANTE: UNA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DEL TERCER MUNDO EN LA CUNA DE LA UNIÓN EUROPEA


Lazarillo

Cuando llegamos a Gante por una muy transitada autopista, procedentes de Rotterdam en un lento autobús cuyo destino era Londres, me resultó casi inasumible creer que la estación internacional de autocares de esta importante ciudad belga era lo que el lector puede observar en la foto. Nos encontrábamos en un país con un índice de desarrollo humano situado en la vigésimo primera posición en el ranking global, con un salario medio que se acerca a los 4.000 euros al mes y una tasa de paro que no supera el ocho por ciento. Bélgica, cuna de la Unión Europea, es la décimo novena economía más comptetitiva del mundo. Estábamos, además, en la zona flamenca, la de mayor riqueza. 


Parecía increíble, pues, que una ciudad como Gante, situada en la confluencia de los ríos Lys y Escalda, ofreciera al visitante una tan lamentable impresión al descender del bus, siendo como es la población flamenca con mayor número de edificios históricos, comparable al menos en belleza y atractivo turístico a la próxima y más frecuentada ciudad de Brujas. Si a eso añadimos, a la hora del retorno a Holanda, que el vehículo -procedente de Lille- se retrasó casi una hora, sin tener posibilidad los viajeros de hacer la espera en una condiciones medianamente dignas, es de comprender la razón de este artículo. No se advierten en la imagen las inmundicias y suciedad que ofrece el lugar, carente tanto de asientos para los usuarios como de papeleras, pero puedo asegurar que el aspecto en general podría ser similar al de una estación del tercer mundo, con la particularidad de que ésta se encuentra en la nación cuna de la Unión Europea.

DdA, XIV/3619