viernes, 14 de julio de 2017

ENCOMIO DE LA SEMANA NEGRA Y LA HALLADERA VILLA DE GIJÓN


Octavio Colis

El siete de julio comenzó en Gijón la trigésima Semana Negra que, si bien se inició en 1988 casi exclusivamente como homenaje al género de novela negra, con los años ha ido ampliando la atención a otros géneros como el teatro y la poesía y a diversos lenguajes artísticos: el cómic, la música, la ilustración, la pintura, la fotografía, o la danza, reuniendo e implicando en sus diferentes ediciones alrededor de 15.000 autores, periodistas, editores y artistas de todas las nacionalidades y congregando alrededor del recinto en el que se celebra el evento a decenas de miles de personas cada año. Esta especie de festival literario (festival del que hay ya varias secuelas por todo el mundo, inspiradas en este modelo) fue idea de Paco Ignacio Taibo II y él lo dirigió e inspiró hasta hace algunos años. Taibo es un escritor y activista político asturmexicano muy interesante, con él tuve la oportunidad de charlar un buen rato sobre la novela negra en sí, sentados ambos en la terraza del Hotel don Manuel, lugar ya clásico de tertulias literarias durante los días del festival.
Así, a grandes rasgos, la novela negra, policíaca o no, tiene el sambenito de ser un género de estructura inamovible, de contener siempre un texto acertijo, una especie de crucigrama complejo en el que ha de haber asesinos y asesinados, policías listos, mujeres fatales y ambientes sórdidos, con música de jazz o bolero sonando en los callejones oscuros por los que transitan los actantes del relato, y que la resolución al enigma que plantea el autor ha de ser siempre al final y, para sorpresa del lector, las cosas no han de resultar como parecía que eran, porque el escritor hace trampa, a la manera de Agatha Christie, para mantener en vilo al ávido lector, al que supone desentrañando un juego de argumentos cruzados. Pero lo cierto es que la novela negra se desarrolla fundamentalmente en ámbitos socialmente oscuros y constituye principalmente el relato de una sociedad amedrentada y tramposa en un mundo injusto, desproporcionadamente injusto, en el que se debate siempre la lucha de clases. Y todos los autores que no lo reflejan de esta manera, aduciendo que son escritores apolíticos, resultan ser relatores de la visión social de la derecha política, escritores políticos de derecha que consideran el arte en general como un trasunto ornamental. El mal diseño de algo, y porque todo está diseñado, suele ser perpetrado por quienes aducen que no han utilizado diseño alguno.
A finales de 1960, rodeado de periodistas congregados por él mismo, el senador republicano Joseph McCarthy visitó a Dashiell Hammet en el Hospital Lennox Hill de Nueva York, para hacer ver al pueblo norteamericano a través de la prensa que no tenía nada personal contra el escritor, sino que todo lo que había hecho contra él (incluido meterle en la cárcel) era por responsabilidad patriótica. McCarthy se acercó a la cabecera de la cama de Hammet, ya moribundo, y le dijo: “Señor Hammet, yo no tengo nada personal contra usted, y si tuviera mis responsabilidades políticas con este gran país que son los EEUU, no permitiría usted que novelas como las suyas estuvieran en las bibliotecas públicas”. Y Hammet abrió los ojos, se retiró la mascarilla de oxígeno y con una débil voz susurró: “Señor McCarthy, si yo fuera usted no permitiría que hubiera bibliotecas públicas en los EEUU”.
Esta Semana Negra de Gijón ha resultado siempre incómoda para los políticos locales, para los partidos, porque sin ser apolítica ni anti partidista es apartidista, y lo es, me parece, hasta sus últimas consecuencias. En 1988, cuando comenzó este festival literario, España vivía una especie de revitalización democrática (falsa, seguíamos y seguimos en el posfranquismo), yo mismo trabajaba desde hacía algunos años en el diario El País, y publicaba con Moncho Alpuente (y algunos otros) una sección semanal en el suplemento dominical que llamábamos El País Imaginario, cuatro páginas de crítica satírica que tuvieron un gran éxito. Pero poco a poco nos fueron arrinconando, hasta que con la llegada de Alberto Anaut y sus planes (delegado de ellos) de expansión millonaria consideraron que nuestra presencia en Prisa era poco menos que extemporánea, “más del Ajo Blanco que de un periódico como el nuestro”, me dijo el nuevo redactor jefe, quien después de ofrecerme colaborar con el Suplemento Infantil (lo cuyo, diría yo: manda huevos, pero como me recuerda a Trillo diré: manda carallo), me despidió. A Moncho lo mantuvieron vagando por varias secciones hasta que, finalmente, la influencia de la lideresa Esperanza Aguirre, dio con mi querido amigo en la calle, y también desapareció de la SER…
En España había en los años 80 muy mala conciencia política con los artistas e intelectuales de izquierda que habían sido ignorados, cuando no perseguidos, por el franquismo, y resurgiendo memorísticamente los políticos autonómicos del bipartidismo y sus indispensables terceros en discordia decidieron renombrar y relumbrar a sus héroes locales a los que no se había hecho puto caso durante tantos años. Así, se decidió picassizar Málaga, azconizar La Rioja, buñuelizar Aragón, lorquizar Andalucía, valleinclanizar Galicia, etc., y se promovieron actividades y foros, se nombraron institutos y teatros con los nombres de los ignorados, calles, avenidas, plazas y glorietas, pero lo cierto es que al final de toda esa política memorística regenerativa lo que han hecho es malaguizar a Picasso, riojanizar a Rafael Azcona, aragonizar a Luis Buñuel, andalucinar a Federico García Lorca, galleguizar a Valle Inclán… Y así me temo resulte con la semananegrización de Gijón, que acabará como en el resto de los eventuales eventos patrios de izquierda tan falsa como refulgente, se gijoneará o xixoneará la Semana Negra (aunque veo muy recios y resistentes a sus organizadores, siempre hay algunos escasos políticos que lavan la cara de sus partidos con recalcitrante insistencia y hay en la organización del festival quienes así operan con generosidad y lealtad), porque como en el cuento del escorpión ayudado a pasar el río a lomos de un sapo, el escorpión clavará su aguijón en el sapo, matándolo y hundiéndose con él en el río, simplemente porque así es su carácter.
Y si digo esto (también por conjurar tan proceloso destino) es porque, aparte de lo que he charlado y oído por el festival es porque, el primer día, cuando nos llevaron a la recepción en el ayuntamiento, a pesar de que este es sin duda un acontecimiento de primerísimo nivel cultural para Gijón, y lo sería en cualquier parte, en la recepción no estaba la alcaldesa, sino la concejala de festejos (cultura) y una escasísima representación de la política asturiana, de los consulados, de los prohombres y promujeres gijoneses. Y así ha ido siendo en el resto de las actividades convocadas por el evento. Todavía aportan los políticos cantidades de numerario sin las cuales sería imposible la celebración de la Semana Negra, ese acontecimiento envidia de los políticos de otras autonomías, pero ya es evidente que la actitud independiente del festival es muy incómoda para los políticos, casi insoportable. Yo los felicito muy solidariamente, me considero ya un semananegrista más, y volveré a Gijón todas las veces que pueda, porque, por cierto, gracias a que he estado allí estos días, he sabido apreciar lo bella y acogedora que es la villa, y no pienso perdérmela nunca más.

DdA, XIV/3585