sábado, 10 de diciembre de 2016

AMOR Y GRATITUD A FLOR DE UVI

 La imagen puede contener: lentes de sol, una o varias personas e interior
Nuesta amistad es de un día, querido Pepe, pero bien sabes
que se debió a una razón honda que quizá debería haber perseguido 
con mayor empeño ante quienes no le prestaron cobertura para hacerla pública.
Leo tu texto y me conmueve haber compartido tus mismos sentimientos, 
por eso te he pedido permiso para compartirlo con los lectores
de este modesto DdA. Estoy convencido de que esa sensibilidad a flor de UVI
es la mayor garantía de fortaleza en pro de tu vida y en contra de cualquier adversidad.
Abrázate a tu corazón, amigo, que lo tienes grande y espacioso
para llenar de razón y emoción la intensidad de su latido.-Lazarillo
Pepe Guinea

Hace un año y algunas horas, mi padre me sujetaba en la ducha mientras me lavaba con aquella solución con betadine, para esterilizar mi cuerpo antes de la intervención. Paseábamos por el pasillo, de madrugada temprana, esperando el momento en que me vinieran a buscar para entrar en quirófano, sin tener ninguna certeza acerca de cómo iba a salir de él. Por algo la intervención se había pospuesto 5 años. Caminaba sujetándome a él. Por aquel entonces mantenerme derecho era ya un problema. Sentía confianza en que aquello iba a salir bien, era mucha la fuerza que sentía sosteniéndome, muchas las manos que imaginariamente me agarraban con fuerza en aquel momento. Me sentí tremendamente afortunado.
Cuando desperté, no sabía que había pasado. Me durmieron sin que yo fuera consciente del momento en que ‘desconecté’. No entendía nada, quería despertar de aquel mal sueño, y volver a aquel momento con mi padre, al lado de la camilla en la zona de quirófanos, donde quería despedirme en condiciones.‘Te quiero, Papa. Gracias por estar aquí. Nos veremos pronto. Diles a los demás que esperan que también les quiero’. Me dio tiempo a darle los dos colgantes que siempre me acompañan. Uno para Elena y otro para mi hermano, esperando que les hiciesen compañía y que me los pudieran devolver en unas horas, contentos de vernos de nuevo.
Cuando empecé a ser consciente en la UVI de que despertaba tras la operación, sentí un gran agradecimiento. Moví manos y piernas y me sentí feliz. Proclamé mi amor a todo el personal de cuidados intensivos durante el día que estuve allí. Apenas pude dormir aquella noche, escuchando al resto de enfermos que me acompañó, a gente que estaba realmente sufriendo. No podía verles, pero les oía con claridad, sabiendo perfectamente dónde se ubicaban. Sentí mucho amor hacia todas esas personas y mientras sentía mi corazón latir con fuerza y mi respiración profunda, imaginaba enviarles fuerza, aunque no me pudiera apenas mover. Siempre me sentiré eternamente agradecido hacia las personas que me cuidaron con tanto mimo, que me curaron, que me movieron y me lavaron con tanta atención. Personal de cuidados intensivos del Ramón y Cajal, os llevaré en mi corazón siempre. Que lección tan grande pude recibir acerca de lo que es realmente el amor. Me emocioné allí varias veces, mientras decía ‘gracias’.
Fue el comienzo de un año muy difícil, donde no podía imaginar desde mi felicidad de aquel momento, lo que vendría después.
Comencé hace un par de días el último ciclo de quimioterapia, terminaré a final de este mes. Siento de alguna manera que me lanzo a navegar por un mar desconocido, donde tengo muy pocas certezas y viajo con una bomba de relojería dentro de mi cerebro. Tengo el desafío de vivir sin dejarme arrastrar por el pensamiento de la muerte. Aprender a disfrutar de mi tiempo tal y como la vida me lo trae, sin obsesionarme por una visión negativa del futuro. Ilusionarme por emprender proyectos nuevos, por conocer gente nueva… Perdida mi vida de antes, dejar atrás el dolor y abrazar la de ahora. Sin hacer reproches a mi cuerpo, aprendiendo a quererlo... Es todo un reto. Ojalá durante mucho tiempo, pueda compartirlo con todos los que me acompañáis. Gracias.

DdA, XIII/3408