martes, 29 de noviembre de 2016

DE SIEMPRE LA POESÍA FUE SAL EN NUESTROS LABIOS

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Juan Ignacio González

A VIEJA MÚSICA
He seguido tus pasos desde el río Amarillo
hasta el mar de la infancia,
un rastro de palabras que me vuelve a la vida.
Por los puertos de Al-Andalus y las aguas del norte
he gastado las velas persiguiéndote.
Por ti quemé mil naves en las noches insomnes
y me entregué a tu causa como los mujaidines.
Llevo pues esta herida en la memoria:
la palabra que abraza la esperanza,
el verso de la ira y la revolución,
la estrofa que recuerda el origen de todo
—de siempre la poesía
fue sal en nuestros labios—.
Oh tú, la vieja música,
en ti se hacen posibles la luz y la derrota.
En tu cuartel de invierno las consignas no escritas
solo esperan las órdenes de los desesperados.
Bajo los cortinajes del cristal de la ausencia,
en los rincones donde crece el musgo
entre las piedras de tu fortaleza,
por las puertas del norte los sueños nos vigilan,
por las puertas del sur la tristeza se escapa.
Y cuando cae la lluvia sobre la tierra seca,
de nuevo en ella brotas como la nueva vida.
Quedan solo en el patio, el aroma de espliego,
la madre que amamanta con canciones de cuna.
 
DdA, XIII/3399