sábado, 22 de octubre de 2016

EL SOLAR Y LOS RUGIDOS DE LA AUTÓNOMA

Podemos debe analizar con cuidado su situación. Conviene su precaución porque se está insistiendo con razón en la falta que hace el PSOE, pero no se insiste lo suficiente en la falta que hace Podemos en esta democracia de inercias y castas. 

Enrique del Teso
La Voz de Asturias

La semana empezó bien en análisis político. La federación socialista andaluza, la catalana y la vasca habían dicho lo que había que hacer y cuánto había que abstenerse. Todo se movía y nadie se acordaba de la Gestora y su presidente. Así que Félix de Azúa abrió la semana compartiéndonos su placidez por ver a Javier Fernández a los mandos y recordando a España entera que Fernández preside una comunidad autónoma de lo más cuco. Ver a un asturiano al mando ya da sosiego, dice. Añade que los asturianos no queremos imponer el bable a los españoles, ni hacemos de la gaita un instrumento de tortura.
Por eso digo que la semana empezó bien en análisis, porque nada anima más que un puñado de verdades bien elegidas. Cuando salimos de Asturias, vemos cuánta razón tiene Azúa. A todos nos dan las gracias en las calles de Valladolid o Santander por no ir tocando la gaita. Y quién no recibió en Madrid o Cuenca apretones de manos emocionados por marcharnos sin haberles impuesto el bable. Claro que damos sosiego. Javier Fernández, mandando lo que mandan los mandones, trajo la paz y la moderación. Y puestos a decir verdades, Azúa nos deja recordando que Javier Fernández, y no Podemos, es el que va a exigir que los ladrones devuelvan lo robado y que se acabe con cacicazgos, aforamientos y chiringuitos públicos inútiles. Precisamente el PSOE de Asturias, precisamente la brigada Fernández-Areces, es quien va a acabar con el clientelismo, el despilfarro y la impunidad de los corruptos. Es que somos una comunidad de lo más cuco.
Javier Fernández dice que el edificio socialista está para precintar con cintas de esas de plástico y para poner carteles de advertencia porque amenaza derrumbe, pero que aún conservan el solar, que hay donde construir. El solar, sin embargo, también se agrieta. El daño de la brutalidad de González y Cebrián es profundo. Es evidente el sálvese quien pueda y que la investidura de Rajoy amenaza con convertirse en un vodevil socialista, con diputados haciéndose los disconformes votando que no y diputados absteniéndose como el Jack el Destripador de Gila, coloraos coloraos, o aún peor ausentándose de la sesión para tener «un gesto». Susana Díaz manifestará al partido con rubor impostado que se haga en ella según su palabra. Pero el PSOE será lo que dijo Fernández: un solar. Y lo que no dijo Fernández: un solar con grietas que se ensanchan.
Y entonces, para que no falte nada que confunda aún más a la gente y enrede aún más el debate, Cebrián y González, pasado perfecto, van a la Autónoma a hablar del futuro y se encuentran con rugidos y alaridos prolongados que les impiden hablar. Y aquí empieza la consabida sarta de despropósitos que consiste en encadenar obviedades con desvaríos, para llegar desde lo indiscutible hasta el disparate. Que se proteste ante Cebrián y González de manera visible y hasta ruidosa es saludable. Como todo el que incide en la vida pública, sus actos son controvertidos y son lógicos los pronunciamientos templados y destemplados en apoyo y disconformidad. Digo que es saludable, porque lo insano sería aceptarles el estatus particular de intocables al que ellos parecen aspirar. Evidentemente, que se les impida hablar, por censura de una autoridad o porque lo reprima físicamente una multitud es siempre una mala noticia. Incluso quienes creemos que los personajes merecen pronunciamientos colectivos de rechazo no tenemos ningún motivo para sonreír porque el debate o las consignas de protesta se reduzcan a onomatopeyas y alaridos. Las cabezas encapuchadas son siniestras si se trataba de amenazar, y si no, y más probablemente, son la sandez de una pose de cómic de mentes en evidente estado de floración incipiente. Si tenía algo bueno la protesta contra González y Cebrián, se esfumó cuando el efecto final fue que no pudieran hablar, porque mala cosa es que tus razones sean el silencio forzado del oponente. Hasta aquí lo indiscutible y lo que es obvio en la convivencia. A partir de aquí, empieza el cinismo y el disparate, el oportunismo burdo y la cortina de humo.
Lo siguiente a la agresión es la sobreactuación de los agredidos. En la narración de los hechos del primer momento en la cadena SER algunas palabras chisporroteaban como esas sacudidas eléctricas que a veces provocan los pájaros en los cables: se oyeron expresiones como ETA, encapuchados, violencia, ataques, Navarra y, claro, Podemos. Y no, no era aquello que tuvo tan en vilo durante tanto tiempo a España. Impedir la libertad de expresión es siempre un borrón, pero no es terrorismo. Y ninguna de las críticas que se quiera hacer a Podemos es aceptable si se mezcla en la misma frase su nombre y el de ETA. El editorial de El País saca a relucir a Unamuno, a Tomás y Valiente, a la Pasionaria y hasta el No Pasarán. Tampoco. Cebrián y González tienen derecho a hablar y decir lo que les plazca y a impugnar a quienes se lo impidan, pero es simplemente ridículo que se hagan los Unamunos o los resistentes del No Pasarán. Y por supuesto no puede faltar una noble tradición de la política española, que es la instrumentalización zafia de cualquier violencia, de alta o baja intensidad. El PP pasó años aprovechando cada muerte de ETA para echársela a Zapatero. Cómo no aprovechar esta algarada para echársela a Podemos. Es tradición.
Al final, la sobreactuación, sea esta el desmayo porque se rompió una farola en una manifestación o equiparar la agresión a Cebrián con la de Unamuno, pretende siempre la cortina de humo, distraer del verdadero problema. Es Cebrián quien demandó ya a tres medios de comunicación por publicar verdades de interés público que le atañen a él. Son González y Cebrián quienes comparten oscuros intereses empresariales. Son sus oscuros intereses los que les hicieron urdir la conspiración para evitar que Pedro Sánchez acercara a Podemos al poder. No buscaban impedir unas nuevas elecciones. Buscaban que impedir que Sánchez formara gobierno con Podemos como socio preferente, porque ellos conspiran para que no gobierne en España quienes no les conviene. Ellos, manejando como en toda conspiración debilidades dispersas y ambiciones heterogéneas para alinearlas en un fin conjunto, convirtieron al PSOE en un solar. Ese es el nudo político del asunto. El desafortunado incidente de la Autónoma es marginal.
En todo caso, Podemos debe analizar con cuidado su situación. Conviene su precaución porque se está insistiendo con razón en la falta que hace el PSOE, pero no se insiste lo suficiente en la falta que hace Podemos en esta democracia de inercias y castas. El solar está libre por desmoronamiento de quienes lo habitaban. Pero Podemos debe anotar dos hechos. Este desmoronamiento es la primera circunstancia en mucho tiempo que demostró que el PSOE sí tiene bases con ideas y tendencia definidas. La placidez de las federaciones socialistas donde campa la corrupción suscitaba la pregunta de si en el PSOE habría algo más que cargos y clientes, o si había una base que se callaba por no dañar lo que después de todo era un instrumento, que era el partido. Esta resistencia al sainete de sus dirigentes muestra que sí hay bases y que Podemos tiene que ganarse el respeto del solar. Tienen que empezar a plantear ya iniciativas reconocibles en el Parlamento, que muestren proyectos e impulso de cambio. Las tienen y tienen que empezar a oírse y no quedarse en puños en alto y consignas contundentes. El otro hecho es que ese solar es como el anillo de Sauron: quiere estar habitado. Susana Díaz sólo lo agrietará más. Pero un liderazgo respetado e inesperado, y pienso en Borrell, clavaría la corrupción del PP en sus carnes como un puñal y la onda haría temblar las paredes de PRISA, pero también las de Podemos. Curiosamente, un líder socialista que no sea anti Podemos pondría como nadie a prueba su consistencia. Y Podemos haría bien en estar preparado, porque en la política española, como en el barrio de Arsénico por compasión, cualquier cosa puede ocurrir y ocurre con frecuencia.

DdA, XIII/3367