martes, 21 de junio de 2016

A.M.D.G. Y EL PRIMER ARTISTA ADOLESCENTE




Mi estimado Luis Arias publica hoy en el diario El Comercio este excelente artículo sobre la novela de Ramón Pérez de Ayala que este Lazarillo leyó con mucho interés en la adolescencia. Creo que el ejemplar pertenecía a la misma edición que sirve de ilustración al artículo de Arias, ejemplar que luego alguien se llevó de mi biblioteca juvenil sin que pudiera recuperarlo y que me parece se trataba de una primera edición. Volví a leer la novela muchos años después, pero la impresión no se pareció a la que me causó haber leído el libro en el mismo periodo vital en que transcurre la historia del protagonista. No era muy diferente la adolescencia de un colegial del tiempo de don Ramón de la de otro en los años sesenta de la dictadura. Sobre todo, en un colegio de curas. Así de retro fue el franquismo y pretenden que lo olvidemos.-Lazarillo

Luis Arias

Acaba de cumplirse el centenario de la publicación de la novela de Joyce que tiene por título “Retrato del artista adolescente”, lo que facilita una buena oportunidad no sólo para acercarse, según los casos, a una relectura de esta magnífica narración, o también para leerla por vez primera. Pero, al margen de eso, lo que no excluye la calidad que atesora el libro del gran escritor irlandés, conviene recordar, en clave asturiana, que la primera gran novela que se publicó en Europa y que tiene como protagonista a un niño que se convertirá en artista adolescente y también en artista en la edad madura es de Pérez de Ayala. Se trata de “A.M.D.G”, cuya trama transcurre en Gijón, en el colegio de los jesuitas. Su protagonista es Bertuco, que, en el llamado ciclo autobiográfico, acabará siendo el alter ego ayalino, Alberto Díaz de Guzmán.
Pérez de Ayala y el artista adolescente. Gijón y Pérez de Ayala. Asturias en la obra narrativa de uno de los mejores prosistas del siglo pasado. “AMDG” se sitúa dentro de una tipología muy concreta, “la novela de colegio”, de la que se ocupó Juan Marichal. En esta tipología habría que incluir también otras novelas como “El Jardín de los Frailes”, de Manuel Azaña, así como “El Obispo Leproso” y “Nuestro Padre San Daniel”, de Gabriel Miró.
Novelas de colegio que, por otra parte, plasman uno de los rasgos distintivos de la generación de 1914: su afán pedagógico que, a la contra, arranca de la educación recibida en colegios religiosos por parte de sus figuras más importantes. Así, Ortega, se “educaría” en un colegio jesuítico en la localidad malagueña de Miraflores del Palo. Azaña, en colegio que los agustinos tenían el Real Sitio de El Escorial y Pérez de Ayala, como ya hemos consignado, con los jesuitas de Gijón. Ese afán pedagógico que, en el caso de Azaña, llevaría a apostar claramente por una enseñanza no dogmática y laica en el Estado republicano. Tanto fue así que Azaña, anotó en sus memorias la actitud de Ortega cuando pronunció  el famoso y magnífico discurso “España ha dejado de ser católica”: “El señor Ortega, cada vez que yo miraba hacia su banco, daba cabezadas de aprobación…  Don José Ortega me dijo que no había oído nunca un discurso parlamentario me­jor”.
Y  el propio Ortega, en un artículo publicado en “El Imparcial”, “Al margen de AMDG”,  hace una crítica brillante y certera de esta novela ayalina: “Este libro trasciende de la literatura y significa un docu­mento valiosísimo para el problema de la reforma pedagógica española. Léanlo quienes, prepuestos a nuestro gobierno, son responsables del porvenir nacional. Léanlo los padres antes de elegir la educación para sus hijos”.  Y añade Ortega: “Sólo hallo una divergencia: Ayala envuelve las escenas de su muchachez en un paisaje del Norte, que conviene muy bien a su melancolía y al dolor de la vida que describe, al paso que la armadura de una infancia sometida a la pedagogía jesuítica me llega a mí bajo los recamos de un mediodía magnífico. Mas yo pongo la mano a modo de visera para resguardarme las pupilas de esa refulgencia excesiva en que flotó mi infancia, y entonces descubro la misma niñez triste y sedienta que formó el corazón tembloroso de “Bertuco”, el pequeño héroe de Ayala”.
Por otro lado, Ortega no puede ser más claro a la hora de condenar el modelo de enseñanza que recibieron Ayala y el propio filósofo: “La supresión de los colegios jesuíticos sería deseable, por una razón meramente administrativa: la incapacidad intelectual de los reverendos padres”
Retrato del artista adolescente, del niño que llegará a ser un artista adolescente melancólico y hamletiano. Retrato ayalino en su novela A.M.D.G, que, además de adelantarse a Joyce a la hora de crear toda una tipología en el género, incurre también en lo que Darío Villanueva definió como novela lírica: “Porque la novela lírica se identifica en gran medida con una singular manifesta­ción del Bildungsroman o novela del aprendizaje: el relato autobiográfico de la constitución de una sensibilidad artísti­ca, personificada en un personaje emblemático, alter ego del autor. Basta reparar en una serie de significativas concomitan­cias, traspasando las fron­teras de una sola literatura, para comprobar las profundas raíces de este nuevo modelo noveles­co”.
Y, en fin, el crítico Ricardo Gullón también se refirió esta tipología novelística en los siguientes términos: “Si llamamos líricos a estos escritores, o, cuando menos, líricas a sus ficciones, no es porque les falte el elemento narrativo propio de la novela realista, sino porque lo destacable, lo en verdad memorable en ellas no es la acción, sino la emoción”.
La emoción, melancólica, a resultas de una sensibilidad artística, en este caso, del alter elgo ayalino.
Añadamos a todo lo expuesto que “A.M.D.G” estuvo censurada durante todo el franquismo y que esta novela no aparecía en las “Obras Completas” de Ayala que en su momento publicó Aguilar.
Y pongamos todo el énfasis que el caso merece en que el primer artista adolescente (o preadolescente) de la literatura europea fue creado por Pérez de Ayala y su peripecia transcurre en Gijón, ciudad asturiana a la que llamaría Regium”.
Por tanto, la paternidad de una tipología de novela con la que Joyce alcanzaría cimas como narrador está en Asturias.
¿Qué les parece? ¿Qué nos parece?

DdA, XIII/3301