miércoles, 17 de febrero de 2016

TODA UNA CRUZADA CONTRA CARMENA, ¡VIVE DIOS!


Aguirre no quiere dejar la portavocía del Ayuntamiento porque ahí ha olido una pieza extraordinariamente simbólica, dónde hincar insultos y dientes.

Lazarillo

Aunque por veces disentimos más que coincidimos, la de hoy es una de la segundas y me gusta reflejarlo por el gusto con que le sigo siempre. Coincido plenamente con José María Izquierdo, a quien suelo escuchar a primera hora de la mañana en la SER, abriéndome la portilla de la actualidad. Mi estimado colega se pregunta, en referencia a los policías municipales que ayer se amotinaron contra un concejal, ¿cómo podían disolver disturbios quienes de manera violenta los promueven? Y es que lo de la airada y ultramontana oposición a Carmena en Madrid es de cruzada, vive Dios. El ojo izquierdo apunta la caudilla:

Ya tenemos a un concejal de ese Ayuntamiento que tanto odiamos, el Madrid de Manuela Carmena, perseguido, insultado y acorralado como un delincuente. Y por policías municipales antidisturbios, que como si se tratara de una retorcida broma del destino, han dado suficientes motivos con su increíble comportamiento para hacernos ver a los ciudadanos que la decisión de disolverles era una pura necesidad de higiene democrática. ¿Cómo podían disolver disturbios quienes de manera violenta los promueven?

Pero este incidente no es un hecho aislado. En absoluto. Es uno más en la indecente campaña de acoso y derribo desatada por esta singular derecha que disfrutamos en este país. Y, en concreto en Madrid, contra una alcaldesa a la que detestan. Enrabietados por su derrota, los poderes más reaccionarios de la ciudad han respondido con una virulencia extrema, bien azuzados por esa prensa canalla que todos conocemos, y esos graciosos comentaristas que no dudan en utilizar las armas más soeces para despellejar a la alcaldesa.
No tengan ustedes ninguna duda de que Esperanza Aguirre, esa fiel imagen de la desvergüenza cañí, no quiere dejar la portavocía del Ayuntamiento porque ahí ha olido una pieza extraordinariamente simbólica, dónde hincar insultos y dientes. Apeada a su pesar de otros poderes, tiene ahora la lideresa una última batalla que guerrear: enarbolar la bandera de las huestes anti-Carmena.
Toda una Cruzada, vive Dios.

DdA, XII/3216