viernes, 2 de octubre de 2015

LLEVA QUIEN DEJA Y VIVE EL QUE HA VIVIDO


Lazarillo

Aunque este poema lleve al pie la fecha del 21 de febrero de 1915, no fue escrito en esa fecha, aunque sí lo hiciera el autor en Baena en 1915. Había llegado allí procedente de Soria, en donde perdió a Leonor Izquierdo unos años antes. Con los primeros lirios/ y las primeras rosas de las huertas,/ en un tarde azul sube al Espino,/ al alto Espino donde está su tierra, había escrito. Fue la de Francisco Giner de los Ríos otra muerte que sin duda le afectó. El poema que recita Fernán Fómez se publicó por primera vez en la revista España, el 26 de febrero del citado año, pocos días después del fallecimiento de su maestro. Luego formó parte del libro Campos de Castilla, que a su vez se incluyó en la edición de Poesías Completas en la que mucho nos iniciamos con el verso. Hay días, como los que vivimos, en que evocar la figura de un maestro como Giner con este poema de Machado resulta sumamente terapéutico. No habrá floreceres sin proponernos lo que el poeta deja escrito en el verso que da título a este post.

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? . . . Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
. . . Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama*.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas . . .
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España. 


DdA, XII/3095