viernes, 18 de septiembre de 2015

RAJOY CUENTA CUANDO LE GRITARON: ¡"MARIANO, MARIANO, QUÉDATE ...SIN RESPIRACIÓN!"

De izquierda a derecha, Alfonso Alonso, ..., Jesus Posadas, y Mariano Rajoy, ayer, almorzando en el Bar Manolo, junto al Congreso. / L. D.
De izquierda a derecha, Alfonso Alonso, José Luis Ayllón, Jesus Posada y Mariano Rajoy, ayer, almorzando en el Bar Manolo, junto al Congreso. / L. D.

Luis Dial

Según se sale del histórico palacio del Congreso a la derecha, se cruza la calle de Zorrilla hacia la de Jovellanos y enseguida se encuentra Casa Manolo, la tradicional taberna de vinos, cañas, vermut de Reus y exquisitas tapas en la que ayer almorzó el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en compañía de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, el presidente del Congreso, Jesús Posada, el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, y el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón. Eran las 15:30, acababan de votar el Presupuesto para 2016, traían cara de hambre, pidieron croquetas, riñones –que a Rajoy le encantan– y otras raciones de esas que se toman los seres racionales en los bares (Siniestro Total). Su presencia en una mesa de mármol, separada de la puerta por una marquesina de tablillas de confesionario, causó la consiguiente curiosidad de los parroquianos y las amables molestias de rigor por parte de unas señoras que querían acercarse al presidente y hacerse fotos con él. La “política de proximidad”, de carne y hueso, está en marcha. Rajoy la comenzó a practicar la semana pasada en otra taberna popular de la Villa y Corte, Casa Mariano.

“Has visto que estoy aquí”, dijo el presidente a un periodista de los que sientan plaza con mesa reservada al mediodía en el establecimiento. Intercambian algunas frases sobre la familia y enseguida surge la pregunta sobre el sondeo del CIS que da mayoría absoluta a los independentistas en las elecciones catalanas del día 27. El presidente asiente con la cabeza cuando el periodista manifiesta su impresión de que los pronósticos han sido forzados para movilizar a los electores de los partidos contrarios a la secesión. El pleno del Congreso va a tramitar dentro de media hora la proposición unilateral del PP que permitirá al Tribunal Constitucional sancionar a los presidentes autonómicos que incumplan sus sentencias. Es una reforma inoportuna, oportunista, lamentable y chusca. Toda la oposición la rechaza. Rajoy no opina y se limita a comentar que se pasará por el plenario antes de regresar a La Moncloa.

A propósito de idas y venidas, el presidente confirma que acudirá el viernes a la boda del vicesecretario general del partido y exalcalde de Vitoria, Javier Maroto, con su pareja José Manuel Rodríguez. El enlace se celebrará a las ocho de la tarde en el salón de plenos del Ayuntamiento y reunirá a unos trescientos dirigentes del partido.

Rajoy desvía hacia el ámbito deportivo el asunto de la boda gay y cuenta la anécdota de la vez que Alonso, sentado a la mesa, le invitó a ver un partido del Alavés en Mendizorroza. “La gente, al verme, comenzó a gritar: ¡Mariano quédate, Mariano quédate… sin respiración! Éste (en referencia al entonces alcalde) decía que eran un grupito irrelevante, pero yo creo que eran muchos más, casi dos terceras partes del estadio”. Ya puestos a hablar de fútbol enumera los apellidos de dos delanteras históricas del Atleti, “el equipo de la mayoría de los españoles en aquellos tiempos”, dice. Todo un elogio a los vascos. Y a continuación desvela que él y los del Madrid están en minoría en el Consejo de Ministros frente a los colchoneros. Ahora se entiende la filosofía gubernamental: golpe a golpe, decretazo a decretazo.

Como tampoco es cuestión de ponerse trascendente mientras el presidente mueve su vaso sobre la mesa, volvemos a los viajes que tiene previsto realizar este otoño, antes del fin de la legislatura. “Iré a Turquía, Nueva York y Bruselas”, dice lacónicamente entre dientes. Se entiende que tiene interés en participar en el nuevo periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas y que su viaje a Ankara guarda relación con la iniciativa del diálogo de las civilizaciones que lanzó su antecesor José Luis Rodríguez Zapatero. Bruselas es cita obligada de la próxima cumbre de la UE.

De inmediato surge la cuestión de los refugiados y la pregunta de un informador sobre su afirmación de que hay que intervenir en origen, es decir Siria. El presidente abre los ojos y muestra un gesto de extrañeza. “¿Eso quién lo sabe?”, dice. El periodista cita un artículo del diplomático Javier Ruperez, El Putinato (Revista de Libros, septiembre de 2015), pero el jefe del Gobierno prefiere no decir ni “mu” sobre el apoyo del presidente ruso al criminal presidente sirio Bashar al Asad. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría se remite a lo que diga el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y zanja la cuestión. Después de todo tampoco se trata de anunciar intervenciones militares antes de las elecciones generales y menos en una conversación de café para orearse y como dice el ministro Alonso, “pisar la calle”.

Cuarto Poder