viernes, 4 de septiembre de 2015

LA IMAGEN DE AYLAN SIEMPRE LLENARÁ TODAS LAS PLAYAS


María Jesús Casals

¿Qué sentido tiene la vida? No lo sé. Pero la vivo y calculo, es inevitable, que ya no queda mucho. Es todo lo que tengo. Luego, la nada.
El tiempo existe, es ese motor imparable que dobla mi espalda, que me trae las noches cada vez más deprisa, más deprisa. La vida, el tiempo, me modelan. He perdido aquella arrogancia de la juventud y me alegro. Tengo la mente llena de recuerdos revueltos pero no confusos. Muchas veces un olor, una ráfaga de viento, me llevan a aquella infancia que no sé donde está. Veo a la niña con distancia, me cuesta comprender que fui yo.
Mis padres son un recuerdo. Algunos amigos también.
Mis hijos tienen su propia vida y solo quiero que la vivan bien. Mi compañero me acompaña, los dos sabemos de nuestras soledades y silencios, pero coincidimos en querer vivir juntos lo que nos queda de vida.
Mis ambiciones son sencillas. Deseo hacer mi trabajo lo mejor posible. Y estar con mis niños, esos tres nietos que ya tengo. Y viajar un poco. Y ver el mar de vez en cuando, vivo lejos del mar...
El mar. Un deseo, un sueño de siempre. Llevo a mis niños al mar, a una playa casi salvaje del norte. En la playa les he cantado canciones, les he contado cuentos, les abrazo, les hablo. Por eso me gusta tanto el verano.
Las playas son los lugares más bellos del planeta. Vemos el horizonte inmenso, imaginamos otras tierras más allá, nos protegen, el mar no avanza más, la brisa nos llena los pulmones de oxígeno. La playa nos calma, nos alimenta la mente de recuerdos que tal vez inventamos. Por eso no es posible, no es posible de ningún modo aceptar la imagen de un niñito que no juega en la arena, que no salta las olas, que está sin vida en la orilla, que es un cadáver devuelto por el mar, intacto, en la misma postura de su última noche en la cuna. No es posible entenderlo ni aceptarlo.
No sé qué sentido tiene la vida. Cada vez me lo pregunto menos. Dudo que importe. Pero quiero aprovechar el tiempo de la forma más digna posible. Quiero no perderme los años limpios de mis niños. Quiero no hacer daño. Quiero ver el mar pero la imagen de Aylan siempre llenará la playa, cualquier playa, todas las playas.
El sentido de la vida es el sentido de la justicia. Toda la paz, el bienestar, la seguridad y el amparo que quiero para mí y para mis seres queridos los quiero para todos los seres humanos que habitamos este mundo. Sin esta justicia básica la vida no tiene sentido, de eso sí estoy segura.

Silvia Delgado
 
La hostia que hemos recibido en la conciencia estos días nos ha dejado tiritando.
Niños muertos sobre la arena.
Alambradas.
Desesperación por manadas.
Trenes cargados de seres humanos que huyen del horror.
Muros, cuchillas, mares convertidos en sepulturas inmensas.
Andrajos, miedo, muerte.
Y nosotros, que olvidamos fácilmente contemplamos esto como si fuera nuevo.
Como si no existiera Gaza, ni Ucrania, ni Irak.
Como si el mar no fuera desde hace decenios un enorme cementerio
Como si fuera la primera vez que un país o varios huyen del espanto de una guerra inventada lejos por la codicia y sus turbios manejos.
Y todos queremos ser solidarios, deseamos abrir nuestras casas, ser mejores  en mitad de tanta desolación.
Pero la maquinaria sigue su trabajo demoledor, escupiendo sangre, huesos, patrias, infancias.
Y yo, que cada día me siento más vieja y cansada, me pregunto a estas horas, ¿qué será lo siguiente?, ¿con qué argumentos?, ¿hasta dónde permitiremos que lleguen los que se reparten la tierra y esparcen los cadáveres?
 Vivimos tiempos democráticamente homicidas,  ¿en nombre de qué o de quiénes?
La respuesta es simple: El horror  es demasiado rentable para ponerle límite, ¿vamos a permitirlo más siglos?
 
DdA, XII/3069