jueves, 13 de agosto de 2015

LA PALABRA COMO CACAREO MEDIÁTICO

José Ramón Ripoll

Si todos callásemos un poco cuando hay que callar y hablar lo preciso para clarificar unan idea. Ni la tuya ni la mía, sino aquella sin dueño sobre la que giran las palabras y las opiniones. Harta escuchar a tanto tertuliano tratando de imponer su criterio más allá de la dialéctica, defendiendo su propuesta como gato panza arriba sin atender las razones del otro, que incluso no es su contrincante, sino quien le ha corregido simplemente unos datos. Parece que aquello que sostienen ya no es una idea, sino el carácter irrevocable de su exposición, como si le fuera el puesto de trabajo en admitir una debilidad. En vez de dialogar cacarean como en un gallinero, olvidando el porqué y para quién están ahí. O quizás lo contrario. Actúan de esa manera por consigna programática, para aumentar el sordo griterío de la calle, ahogado palabras atropelladas sin significado. Lenguaje y poder de nuevo. Masa en vez de conjunto de individuos. Pueblo en lugar de ciudadanía. En el Parlamento sucede lo mismo. Nadie pregunta para que le respondan ni nadie responde a la pregunta. Todo es un espectáculo mediático donde el razonamiento y la inteligencia importan poco, como todos nosotros. Los demás ¡Qué palabra también vacía! Recuperar el tono, la semilla de la lengua común, la pausa y el silencio. Quizás esta encomienda no sea sólo tarea de los poetas.

DdA, XII/3052