jueves, 9 de julio de 2015

NO HACE FALTA SER POBRE PARA COMBATIR LA POBREZA O APOYAR A QUIENES LA COMBATEN

Jaime Richart
No hace falta ser niño para defender los derechos del niño; no hace falta ser hombre para defender los derechos del hombre; no hace falta ser mujer para defender los derechos de la mujer, que son los mismos que los del hombre; no hace falta ser homosexual para defender los derechos del homosexual, que son los mismos que los del hombre y los de la mujer; no hace falta ser pobre para combatir la pobreza o para apoyar las polí­ticas y a los políticos que se disponen a combatirla.

Han tenido que llegar demasiado lejos los abusos de los go­bernantes hasta ahora en España, para que la sociedad civil re­accionase a través de formaciones políticas de nuevo cuño per­trechadas de una nueva moral, que en realidad es la moral más antigua, resueltos a atajarlos, a corregirlos y a evitarlos.

Porque si idealista es esa persona que piensa en los demás tanto como en sí mismo, no es España, cuna de quijotes y de cristianos que nunca debieran olvidar al prójimo, precisamente el país donde más abundan los idealistas. Lo sé de buena tinta y por experiencia propia, porque yo soy uno de ellos y no co­nozco a ninguno de mi generación ni de la siguiente. España, además de eso, por mucha solidaridad que se publicite en cier­tos estratos sociales y al margen de gestos puntuales, todavía adolece en su conjunto de mucha primariedad en ciertas mate­rias y razonamientos. Tiene destellos de lucidez acerca de "el otro", como lo prueba ese 85% de los españoles encuestados que respeta la homosexualidad. Pero en general, hasta que no nos golpea la adversidad, hasta que no vivimos en carne propia un contratiempo severo o una ofensa personal... hasta que no llega el momento preciso en que nos vemos personalmente despojados u ofendidos, raro es el que, estando acomodado, se resiente visiblemente de la precariedad ajena y brama por la justicia social. Eso, cuando no nos alegramos del mal ajeno. Y así nos va... Un país que, desde el punto de vista internacional, tiene más fama como territorio poblado por fanfarrones y vivi­dores alternados ahora con millones que viven una vida la­mentable, que valor específico como país respetable.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte los movimientos so­ciales emergentes convertidos en partidos políticos, responden al reclamo y las llamadas de una multitud de idealistas que aunque yo decía antes que no abundan, empiezo a pensar que estaban escondidos.

DdA, XII/3023