domingo, 12 de julio de 2015

GREGORIO MORÁN: LA DERECHA EN ASTURIAS ES TANTO PSOE COMO PP


 Las elecciones autonómicas y municipales han introducido variantes significativas en esta Andorra del lavado general de materiales procedentes de la corrupción y el narcotráfico.

Gregorio Morán

Si hubo un lugar donde la leyenda apenas cubría una realidad combativa, ese fue Asturias. Un país pequeño, de deficientes comunicaciones, con un clima para optimistas meteorológicos –que los hay; ya pueden estar cayendo chuzos de punto que le dirán que “orbaya” o “está escampando”–. La clase obrera española siempre tuvo un punto de referencia asturiano y ese era la tradición combativa de una profesión cargada de riesgos, la minería, que dio vida, junto a una metalurgia más modesta, a lo que los antiguos denominamos clase obrera. Es verdad que Asturias aportó líderes de la derecha incontestables, desde el gran Pidal, don Pedro, más conocido como “el zar”, un ultramontano belicoso y manipulador. El discreto Melquiades Álvarez, un pico de oro, que tuvo una carrera política oblicua liquidada en una muerte ominosa. La gama de líderes de la izquierda asturiana es ilimitada; Indalecio Prieto, Santiago Carrillo, Quintanilla, y decenas de modernos.
Ya sé que a los asturianos de pro les complace la mirada al pasado supuestamente glorioso, desde el Don Pelayo aquel, que según los posmodernos ya comía fabada, hasta la brutalidad del Favila echándole un pulso mortal al oso. Lo peor de todo esto es que Asturias se amamanta de las leyendas como si fueran patrimonio de la humanidad, y resulta ridículo que esta nueva Andorra dominada por el Partido Socialista durante toda la transición, casi sin interrupciones, se haya convertido en algo desdeñable para la ciudadanía que no la sufre, incluso para quien la sufre, lo cual viene a ser más grave, porque sus pautas de comportamiento han roto todos los esquemas que alimentaron otrora la leyenda. A nivel económico sigue el crecimiento de Ceuta y Melilla, pero la gente apenas es consciente de que ese pequeño país, que elogiaron personajes tan dispares como Ortega y Gasset y Albert Camus, ha entrado en un período de vasallaje y corrupción que cada vez me recuerda más aquellas visitas a Sicilia en los años sesenta, cuando los audaces preguntaban discretamente, para no ofender en los bares de Caltanissetta, o Palermo, o Catania: “¿Qué es la mafia?”. Y el paisano local, sonriente ante la candidez, respondía: “Una invención de la prensa”.
Fuera de un crimen llamativo o un accidente notable, Asturias no entra en las redes informativas españolas. Lugar turístico de paisaje encantador y comida contundente. Punto. Pero las elecciones autonómicas y municipales han introducido variantes significativas en esta Andorra del lavado general de materiales procedentes de la corrupción y el narcotráfico. Hay un paralelo entre Andalucía y Asturias. El control de todos los mecanismos institucionales por el PSOE y su capacidad para ejercer de poder fáctico, independientemente de que sea legal o lo parezca. Si el presidente de CajAstur, Manuel Menéndez, en vísperas de la quiebra fraudulenta de su entidad, saca dos millones de euros personales y los coloca en el Santander, digamos como una metáfora, nadie podrá reprochárselo. Está en su derecho; es legal y despreciable.
El responsable del sindicato minero, el inefable Fernández Villa, un delincuente con antecedentes que le llevaban hasta los bordes de la policía franquista –en palabras claras, confidente– se descubre poseedor de una fortuna superior al millón de euros en el extranjero. Intocable. Era el hombre del PSOE, del SOMA-UGT, y Alfonso Guerra en los mítines obreros con cordero a la estaca en la explanada de Rodiezmo. No puede aclarar cómo afanó su dinero porque un alzheimer repentino le ha encerrado en su casa. La exalcaldesa de Llanes, lugar donde cualquier corrupción tenía su asiento, Dolores (Álvarez) Campillo, la que consiguió que sus hermanos se hicieran ricos, ella aún más, la que decía que sus decisiones las tomaba “porque me sale del higo”, gente como se ve del bronce socialista, ha sido aforada retirándose de la alcaldía y pasando a parlamentaria local. ¡Ay, Dolores, ya nadie se acordará de la frase del presidente Rubalcaba cuando en sus veranos de Celorio (Llanes) te decía en señal de bienvenida: “Sigue así, alcaldesa, sigue así”
Los resultados electorales son aleccionadores pero no lo suficiente. Podemos se ha constituido en tercera fuerza, tras PSOE y PP, pero el juego político está entre los dos partidos corruptos. La evidencia de que el PSOE iba a gobernar de nuevo en minoría, habiendo perdido 3 escaños y quedándose en 14, era tan evidente que el periódico del monopolio local, La Nueva España, en un alarde periodístico que debería ser incluido en el Guiness de las genialidades, tituló en primera página “Mañana será presidente Fernández” (el candidato del PSOE). Lo que no había previsto es que Foro, aquel partido que montó Álvarez Cascos hoy en trance de disolución, le concediera sus tres votos al PP y quedaran empatados PP y PSOE. La cara del secretario general socialista ante el dilema irresoluble del empate deberá figurar en el catálogo de imágenes folklóricas de Asturias. ¡O sea que podemos perder por culpa de estos hideputas de la derecha! Una estupidez, porque la derecha en Asturias es tanto el PSOE como el PP y así han convivido en buena compaña desde la muerte de Franco repartiéndose el botín. Hay que decir que más inclinado a los socialistas que a los peperos, como en Andalucía, pero a escala asturiana. Un Musel de Gijón que habrá hecho ricos a muchos, ahora aforados por el PSOE, un Niemeyer en Avilés que haría las delicias de Walt Disney, una Universidad Laboral convertida en laboratorio de sacamantecas, un Montepío Minero que no resistiría una revisión de cuentas, un campus en Mieres que clama al cielo, una autopista minera cuyo argumento más sólido era el derecho de los mineros jubilados a ir a la playa de Gijón en veinte minutos…
Cuando en su intervención parlamentaria por la presidencia del principado el candidato socialista Javier Fernández se refirió a lo innecesario de abrir una Causa General de los 30 años abundantes de gobierno socialista en Asturias, ya tiene que ser bestia el material del delito acumulado. “No hay una podredumbre sistémica”, afirmó, y aprovechó para negar que la política asturiana sea un lodazal (son palabras suyas).
Los optimistas dicen que hay signos de cambio. Entretanto, el único vehículo en papel digno de tal nombre, Atlántica XXII, un bimensual, explica en su último número el significado de la introducción en Asturias de dos personajes que nos llenan de zozobra. Una vez retirado por acusaciones directas de irregularidades urbanísticas, García Simón, un paisano hecho rico en México gracias, entre otras cosas, al petróleo y socio putativo de la familia que controlaba Llanes y sus alrededores, ha aparecido Slim. El fantasma que recorre España de la mano del gran jugador de billar, Felipe González. Ahora estos se dedican al fútbol con gran éxito del personal aficionado, como si se tratara de una tarea de mecenas para gente que necesita contentarse con victorias futboleras que añoren tiempos pasados. ¡Como Berlusconi!
Del arte y las grandes colecciones de García Simón, significativamente cedidas a los grandes museos hispanos –dudo mucho que él sepa diferenciar a Ribera de Zurbarán, pero tiene dinero sin color para comprarlos–, hemos pasado a Slim. El símbolo de los nuevos tiempos de filibusterismo económico. Todos somos griegos. Eso debemos grabárnoslo en nuestro ADN íntimo. Nos evitará disgustos y nos consentirá ser discretos y no pisar la manguera del Gran Bombero. Y de no ser así, descubran los buchos, la gran novedad gastronómica asturiana, el cúbrelo todo, lo que antaño fue la invención de las alubias con almejas de éxito mundial. Sencillamente callos de merluza, como preparan en Cudillero desde hace décadas, lo mismo que los llamados callos del bacalao; el aprovechamiento de la aleta natatoria. Buchos. Asturias da para mucho. Es verdad que se acabaron los pozos mineros y el único que se mantiene ya tiene nombre, pozo corrupción, por eso puede mantenerse sin gobierno el tiempo que haga falta.

La Vanguardia  DdA, XII/3025