sábado, 11 de julio de 2015

FALLECE "ROSARIO, DINAMITERA": UNA CALLE DE MADRID TAMBIÉN MERECERÍA SU NOMBRE

Lazarillo

Ayer falleció en Madrid a los 88 años de edad, Rosario Sánchez Mora, "Rosario, dinamitera". Nacida el 21 de abril de 1919 en Villarejo de Salvanés (Madrid), fue una de las primeras mujeres en alistarse en las milicias que combatieron en la Guerra de España contra las tropas franquistas en la defensa de la capital de la República. El poeta Miguel Hernández, a los pocos días de llegar a Alcalá de Henares, en noviembre de 1936, tuvo conocimiento de que una miliciana de su batallón, llamada Rosario Sánchez Mora, Chacha, había perdido la mano derecha en unas maniobras mientras ayudaba a fabricar bombas y explosivos. Era la única mujer de la sección de Dinamiteros. Cuando estuvo ingresada en el hospital fue a visitarla el filósofo José Ortega y Gasset. Miguel Hernández la hizo protagonista de unos de poemas y la invitó a ir con él a Unión Radio para leer versos: "No sabía quién era Miguel, sólo sabía que me había hecho una poesía, pero eso lo habían hecho otros, incluso uno me hizo una caricatura", declaró Sánchez. En 1939, antes de que Franco entrara en Madrid, Rosario partió para Valencia, se reunió con su padre y se dirigieron a Alicante para huir, pero fueron detenidos. Su padre, militante de Izquierda Republicana, fue fusilado. Rosario Sánchez fue encarcelada y condenada a muerte, aunque la pena capital le fue conmutada por la de treinta años de cárcel, de los que sólo cumplió tres. Ya en libertad, se hizo vendedora de tabaco. Una calle de Madrid también merecería su nombre: Rosario, dinamitera. He aquí el poema de Miguel Hernández, fallecido en la cárcel de Alicante en 1942:

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores. 

DdA, XII/3024