martes, 28 de julio de 2015

ADIÓS AL CAFÉ COMERCIAL

Lazarillo

Como no podía ser de otro modo, cada vez que se nos cierra la memoria cultural de un viejo café de Madrid, este Lazarillo siente muy de veras que ayer haya sido el más antiguo (1887) de los que nos quedaban en la capital de este reino sin honra. No hace mucho estuve en El Comercial por última vez, en compañía de mi querida amiga María -vecina del barrio-, preguntándome -como cada vez que lo visitaba- por los años de vida que le quedaban al viejo establecimiento, dada la fea costumbre de cerrar cafés y abrir ausencias irrecuperables en el paisaje literario de la capital de la nación. En este caso, ha sido por sorpresa y sin que se sepan las razones.
He querido por eso rescatar un artículo del profesor y escritor José Julio Perlado (Madrid, 1936), autor de una tesis electoral inédita sobre la muerte en la obra literaria de Gutiérrez Solana -que me gustaría mucho leer- y profesor largos años -desde el curso en 1973- en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, en la que estudió este Lazarillo. Aprovecho la oportunidad de esta breve introducción para insistir en la necesidad de que ese estudio sobre Gutiérrez Solana se publique, sobre todo después de haber contemplado en el Museo de Bellas Artes de Oviedo el cuadro del pintor sobre una corrida de toros en la localidad segoviana de Sepúlveda, creo que de principios de los años veinte. Parece, sin embargo, que el autor no tiene por ahora intención de dar a conocer ese estudio. 
Pero lo que toca hoy es el artículo sobre el viejo Comercial, publicado en el blog de Perlado Mi siglo. (Por cierto, ¿no tendría algo que decir y hacer la flamante alcaldesa Manuela Carmena antes de que ese lugar se convirta en cualquier cosa ajena a su historia y carisma, que tanto debería cuidar un Ayuntamiento que se precie?):


"Cuando pasa uno ante el Café Comercial, en la madrileña Glorieta de Bilbao, llegan aún los ecos de tan variados cafés y tertulias hoy desaparecidos y que tantos rumores y verbales sentencias provocaron. Célebre tertulia, naturalmente, la de “Pombo”, con RAMÓN al fondo  ( ” el único café donde podían entrar mujeres de cera”, decía Gómez de la Serna) – horchatería de Condela, Nuevo Café de Levante, Café de Madrid, Café de la Montaña y Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo donde acudían, entre otros, Manuel Bueno o Ricardo Baroja.  El mismo Ricardo Baroja en “Gente del 98” cuenta las dos tendencias existentes en el Café de Madrid:  el grupo capitaneado por Jacinto Benavente y el otro más abigarrado, indisciplinado y revoltoso que iría luego a la Cervería Inglesa reuniendo allí a caricaturistas, pintores, algún cómico, literatos y estudiantes. Acudían a la Cervecería a las diez de la noche y la tertulia andante paseaba después, desde la esquina de Recoletos hasta la Plaza de Isabel ll, por la calle de Alcalá, Puerta del Sol y calle del Arenal. Eran palabras cruzadas, pasos de palabras a veces muy bohemias, desgarradas confesiones, por ejemplo, de Manuel Sawa, hermano de Alejandro Sawa.
Pero hubo tertulias aquí mismo, en esta Glorieta de Bilbao, en el Café Europeo, esquina al bulevar de Carranza : divanes de peluche a los que acudían Manuel y Antonio Machado y años después, entre 1923 y 1925, de once a una de la tarde y en torno a la figura de Jardiel Poncela, Manuel Gargallo, César González Ruano o Carlos Fernández Cuenca. De vez en cuando la tertulia cruzaba esta Glorieta y venía hasta el Café Comercial para, pasados unos meses, retornar a sus orígenes. Tras proclamarse la República, las tertulias en en el Café Europeo duraban hasta la madrugada y aquí intercambiaban sus encendidas opiniones Eugenio Montes, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez Mazas o Víctor de la Serna.

Casi enfrente de este Café Comercial, tras lo que hoy son bloques de casas  y trazos de calles, se encontraban hace algunos siglos ciertos “pozos de la nieve” que en Madrid existían. “En la calle de Fuencarral con vuelta a Barceló, Mejía Lequerica, Sagasta y glorieta de Bilbaocuenta María Isabel Gea comentando el “Plano de Teixeira” de 1656 – se situaban los pozos de la nieve. En el siglo XVll el catalán Pablo Xarquíes consiguió el monopolio de la distribución de la nieve, cuya Casa estaba encargada de abastecer al rey y a los ciudadanos a través de varios puestos distribuidos por Madrid. El origen de los pozos de la nieve se debe a la utilización de la nieve para la conservación de alimentos y medicinas, así como para enfriar las bebidas, costumbre que se mantuvo en la Edad Media gracias a las comunidades árabe y judía. La nieve la traían los neveros desde la sierrra del Guadarrama. Los edificios solían ser alargados con tejados a dos aguas, una puerta y una ventana, y en su interior se hallaban los pozos separados y aislados por tabiques, sin ventilación ni comunicación para que se mantuviera el frío
Nieve que venía de otros siglos, antepasada de los copos que descienden a veces sobre inviernos de tejados madrileños, palabras en Glorietas, palabras en torno a veladores, revueltas con brillantes cucharillas, tomadas a sorbos en tacitas blancas, palabras como naipes, arrojadas entre el desdén y la polémica, todas intentando arreglar el mundo.
(Imágenes:-Café Comercial y Glorieta de Bilbao.-foto JJP.-junio-noviembre 2010).

DdA, XII/3038