domingo, 1 de marzo de 2015

WERT PONE LA GUINDA CON EL CURRÍCULO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA

 La LOMCE saca de nuevo los cuernos al sol de sus feligreses votantes, queda confirmado que la aconfesionalidad del Estado es pura filfa, y que será motivo de mofa y escarnio quien aún ose afirmar que en un centro de enseñanza deben impartirse saberes racionales y científicos, pero en ningún caso creencias.

Antonio Aramayona 

Los actuales gobernantes ya no maquillan o disfrazan las ideas y decisiones que pueden resultar controvertidas, pues al parecer creen cada vez más que España es su España y su cortijo, y obran en consecuencia. Así, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, acosado a menudo por los propios miembros del mundo de la enseñanza y la educación, declaraba sin el menor reparo en el Boletín Oficial del Estado del 24 de febrero de 2014 que el currículo de Religión Católica para Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato de la LOMCE ha sido confeccionado, a tenor del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, mediante la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
En resumidas cuentas, la LOMCE saca de nuevo los cuernos al sol de sus feligreses votantes, queda confirmado que la aconfesionalidad del Estado es pura filfa, y que será motivo de mofa y escarnio quien aún ose afirmar que en un centro de enseñanza deben impartirse saberes racionales y científicos, pero en ningún caso creencias.
Atónito, leo en el BOE antedicho (Anexo I, Educación Primaria) de un Estado constitucionalmente aconfesional (¡qué sarcasmo!): "Jesús no sólo desvela el misterio humano y lo lleva a su plenitud, sino que manifiesta el misterio de Dios, nos hace conocer que el verdadero Dios es comunión: Dios uno y trino" o una perla pedagógica como: "El estudio y reflexión del cristianismo, por su intrínseca dimensión comunitaria, es una asignatura adecuada para desarrollar el trabajo en equipo y el aprendizaje cooperativo".
Asimismo, se establece como uno de los "estándares de aprendizaje evaluables", por ejemplo: "memorizar y reproducir fórmulas sencillas de petición y agradecimiento" (Primer Curso). En román paladino: recitar oraciones y jaculatorias será un criterio de evaluación en el aprendizaje de un niño o una niña de seis años, o "expresar, oral y gestualmente, de forma sencilla, la gratitud a Dios por su amistad" (Segundo Curso) u "observar y descubrir en la vida de los santos manifestaciones de la amistad con Dios" (Tercer Curso) o "identificar y juzgar situaciones en las que reconoce la imposibilidad de ser feliz" (Sexto Curso).
Pienso en los padres y las madres que deciden en los seis cursos de Primaria y los cuatro de Secundaria Obligatoria si sus hijos cursan la asignatura de religión católica, de oferta obligatoria en todos los centros, o la asignatura de Valores Éticos o ambas, considerando que su evaluación formará parte de la nota media global obtenida en el curso académico. Pienso en que un niño no es católico, judío, ateo, agnóstico, musulmán o evangélico, sino solo niño, y me pongo muy alta la canción de los Pink Floyd Teacher, leave those kid alone. Pienso en un incompetente rey borbón (¡otro más!), Fernando VII, que mediante el decreto de 4 de mayo de 1814, declaró nula la Constitución de Cádiz y los decretos de las Cortes, abandonando de nuevo la educación y la enseñanza a manos de la iglesia católica. Y lloro. Y exploto de indignación.
La religión es una de las trece materias optativas (entre ellas, Filosofía e Historia de España) de las que el alumnado de Bachillerato deberá elegir al menos dos. Pues bien, en el currículo de religión de Bachillerato e igualmente como "estándares de aprendizaje evaluables" encontramos, por ejemplo, que un alumno será evaluado, por ejemplo, si es capaz de
a) "descubrir, a partir de un visionado que muestre la injusticia, la incapacidad de la ley para fundamentar la dignidad humana. Comparar con textos eclesiales que vinculan la dignidad del ser humano a su condición de creatura" o
b) "calificar las respuestas de sentido que ofrece el ateísmo, agnosticismo o laicismo y contrastarlas con la propuesta de salvación que ofrecen las religiones" o
c) "reconocer con asombro y esforzarse por comprender el origen divino del cosmos y distinguir que no proviene del caos o el azar" o
d) "informarse con rigor y debatir respetuosamente, sobre el caso de Galileo, Servet, etc. Escribir su opinión, justificando razonadamente las causas y consecuencias de dichos conflictos".
Tras leer toda esta sarta de disparates, acude a mi mente una lúcida frase de Epicuro escrita hace más de 2300 años en su Carta a Meneceo: "No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente".