lunes, 16 de marzo de 2015

EL EFECTO CIUTADANS EXPLOTA COMO UNA CÉLULA YIHADISTA

 Se han puesto a husmear en el pasado de Rivera (un hombre que se presentó, en su primer cartel electoral, literalmente, en pelotas) y le han sacado una hipotética foto comprometedora, sin comprender que un joven saludando al estilo nazi puede quitarle mucho voto de fondo a Mariano, que a los quince años ni siquiera hacía el paso de la oca.

Miguel Torres

Al parecer todo hace presagiar que se avecinan pactos políticos en el horizonte. Para los dos grandes partidos, que se reparten equitativamente la derecha y la derecha, esta proliferación de siglas va a suponer una experiencia traumática, algo así como el momento en que los dinosaurios vieron corretear los primeros mamíferos o aquel día en que Vito Corleone avistó en un plato de espagueti la reunión con las Cinco Familias. Las encuestas apuntan que, por primera vez en cuatro décadas, el PSOE podría no gobernar en solitario su cortijo andaluz y tendría que echar mano de Podemos, de IU, o incluso de Ciutadans.
Por otra parte, el repentino despegue de Ciutadans (un partido en estado latente desde hace años y años, y que de pronto despierta como una célula yihadista) parece cualquier cosa menos casual. Da la impresión de que Ciutadans es un experimento que se les ha ido de las manos, un Bin Laden entrenado por la CIA que se pone a derribar Torres Gemelas con décadas de adelanto. Examinar la política española desde esta perspectiva, como si hubiera algún tipo de vida inteligente dentro de ella, resulta un espectáculo fascinante, ya que eleva la chapuza a la categoría de error de cálculo y la metedura de pata al orden de estrategia.
Únicamente así se entiende que estos últimos días circule por las redes sociales una supuesta foto de Albert Rivera adolescente haciendo el saludo nazi. No importa gran cosa si la foto es auténtica o no; lo interesante de este asunto es su oportunismo, la casualidad de que haya surgido precisamente ahora, cuando había amainado un poco la campaña de búsqueda de trapos sucios en Podemos. Tras las filtraciones de las peligrosas triquiñuelas fiscales de Monedero, el currículum de profe rencoroso de Iglesias y el acné juvenil de Errejón, alguno de los lúgubres ideólogos de Génova ha caído en la cuenta de que la súbita eclosión de Ciutadans puede ser más perjudicial que beneficiosa para el PP. De inmediato se han puesto a husmear en el pasado de Rivera (un hombre que se presentó, en su primer cartel electoral, literalmente, en pelotas) y le han sacado una hipotética foto comprometedora, sin comprender que un joven saludando al estilo nazi puede quitarle mucho voto de fondo a Mariano, que a los quince años ni siquiera hacía el paso de la oca. Mientras tanto, Floriano intenta deletrear frenéticamente Ciu-ta-dans cuidando de no hacerse un esguince en la lengua. Todavía no ha acabado de aprendérselo cuando Antonio Sanz, delegado del Gobierno en Andalucía, va y suelta que no le gusta que en Andalucía pueda mandar un tipo llamado Albert.
Que los catalanes vengan a ejercer de señoritos a Andalucía es un insulto de ida y vuelta, puesto que tradicionalmente son los andaluces quienes van a buscar trabajo a Cataluña. Eso por no mencionar algunos de los gallegos que, durante el pasado siglo y buena parte de éste, se han trasladado a Madrid con su grelos y todo. Si hay algo que sobra en Andalucía, aparte de tópicos y aceitunas, son señoritos de la tierra. La única novedad que ha presentado el PP para este enésimo asalto a la fortaleza del sur es el reemplazo de Arenas, el Increíble Hombre Rayo Uva, el opositor más longevo de España. Su sucesor en el fracaso, Moreno Bonilla, demostró su idoneidad para el cargo al explicar cómo gastaría él el dinero de la Junta: hizo una suma ante las cámaras de Telecinco en que 500 millones de euros y 227 millones de euros le daban 827 millones de euros. No sólo estuvo al nivel intelectual de la cadena, sino que, como dice mi hermano Dani, fue un ejemplo perfecto de la economía sumergida del PP: los cien millones que faltan van en B.

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