martes, 27 de enero de 2015

¡VAYA, SOY UN TERRORISTA?

  Paso la mañana en un portal de la céntrica calle Alfonso I de Zaragoza por lo que resulto ser un “escrachador” y por consiguiente un “terrorista” 
Paso la mañana en un portal de la céntrica calle Alfonso I de Zaragoza por lo que resulto ser un “escrachador” y por consiguiente un “terrorista

Antonio Aramayona

Nunca hubiera pensado llegar a tan abyectas capas de cívica inmoralidad, pero la ley es la ley: legalmente, soy un terrorista. Nos habían acostumbrado a que terroristas fueran solo los miembros de ETA o los GRAPO, y los que vuelan torres, trenes y mercados en nombre de su dios único y verdadero y su profeta. Sin embargo, la legalidad me abre los ojos y entonces puedo contemplar con clarividencia que también yo soy terrorista.
En efecto, entre las enmiendas presentadas por el grupo parlamentario del Partido Popular en su reforma del Código Penal se incluye un elenco de nuevas prácticas terroristas: por ejemplo, los piquetes en una huelga, los alborotadores en un acto público y sesudo de la autoridad competente y… los escraches. Pues bien, resulta que todas las mañanas del año, desde el 3 de junio de 2013, me someto a una mutación poco común y me convierto en “perroflauta” (paso la mañana en un portal de la céntrica calle Alfonso I de Zaragoza) “motorizado” (desde hace ocho años voy en silla de ruedas con motor). Ese portal corresponde a la vivienda de la Consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, y allí me planto desde hace veinte meses portando un cartel que informa de que allí vive la mencionada señora y de que allí estoy reivindicando la escuela pública y laica y denunciando los recortes en el ámbito educativo perpetrados por Mariano Rajoy y Luisa Fernanda Rudi, Presidentes del Gobierno español y aragonés, respectivamente. Suelen llamar a tal situación “escrache”, por lo que resulto ser un “escrachador” y por consiguiente un “terrorista”.
Mi terrorismo tiene aristas que me significan incluso como terrorista empedernido, pues no pienso moverme de allí mientras me resten vida y fuerzas, y de allí no me han movido hasta el momento cuatro sanciones administrativas (la última, aún pendiente y en recurso de alzada, de 600 euros de vellón), múltiples visitas de la policía y un juicio por lo penal del que he salido indemne e inocente según el Juzgado de Instrucción número 7 de Zaragoza y, tras recurso del Fiscal, también según el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.
Siempre creí que terrorismo es principalmente cargarse impunemente a un millón de personas sobre la base de mentiras y de intereses bastardos de las multinacionales petrolíferas, o dejar en la calle a una familia sin recursos económicos y con tres hijos pequeños porque el banco de turno o el fondo buitre de inversión así lo dictaminan (eso sí, acogiéndose a la misma legalidad que me declara terrorista); o que un ayuntamiento ponga marquesinas “antimendigos” en las paradas de bus para que no puedan tumbarse y dormir allí; o que un país tenga dinero para aviones y blindados, pero no para medicinas necesarias para los enfermos de Hepatitis C; o que centenares de políticos corruptos estén tan ricamente en la calle tras pagar la fianza que se les haya puesto por delante; o que se cite a enfermos de alto riesgo para el año 2017 “por error”; o que gobierne en un país un Partido infestado de dinero negro, corrupciones y corruptelas; o que haya más de cinco millones de personas en paro; o que mueren diariamente de hambre 35.000 niños en el mundo; o que… o que…
Padecemos a un ministro del Interior que, tras dedicar medallas a sus Vírgenes u orar fervientemente en la basílica del Valle de los Caídos, confunde “paz social” con ausencia de protesta social. Padecemos a la vez a una ciudadanía a la que mayoritariamente le importa un higo todo esto o al menos disimula todo lo posible y mira hacia otro lado, no sea que le quiten la pensión de la abuela o el televisor de 3D. Y así nos va…
Dice la enmienda 874 del Código Penal que cualquier delito que persiga “alterar gravemente el funcionamiento de las estructuras básicas políticas” también será considerado terrorismo. Y no digo a dónde mando en estos momentos esas estructuras básicas políticas por no aumentar más mi grado de inserción en el terrorismo.
Por otro lado, he asistido a muchas manifestaciones y concentraciones, he redactado y apoyado muchos escritos en defensa de la escuela pública y contra los desmanes cometidos regularmente por distintos gobernantes. Durante una temporada ocupé también Bancos, Cajas, Delegaciones de Hacienda, pero observé que nada de eso hace daño al poder instituido (daño, nunca violento, solo en el sentido de efectividad y contundencia). Por eso, resolví permanecer cada mañana, de lunes a viernes, en el portal de la vivienda de una Consejera de Educación de este país. Y mantengo la esperanza de que un día prenda la mecha y haya muchos “portales” en muchas ciudades defendiendo los derechos y las libertades de la ciudadanía y denunciando la demolición sistemática de los mismos. En cualquier caso y ocurra lo que ocurra, siempre nos restarán la huelga general indefinida y la desobediencia civil, polícroma, noviolenta y ajustada a cada circunstancia.

DdA, XII/2907