viernes, 16 de enero de 2015

ATENTADOS DE PARÍS: EL MENSAJE DE AÑO NUEVO DE WASHINGTON

La brutal cadena de atentados en París, que han dejado un saldo de 20 muertos, merecen nuestra más rotunda condena. Sin embargo, una vez transcurridas las jornadas de dolor, emoción y solidaridad, ha llegado el momento de preguntarse por el verdadero significado de los ataques terroristas. Y para ello, nada mejor que partir del principio del derecho romano, cui bono, ¿quién se beneficia con ellos?

A.L.
  -El lunes 5 de enero, el presidente francés Hollande declara, una semana antes de trasladarse a Kazajistán a mantener negociaciones al más alto nivel con los dirigentes de Rusia y Ucrania, que “si se avanza a propósito del conflicto en Ucrania deberán levantarse las sanciones occidentales impuestas a Rusia”.

    -Sólo dos días después, un comando con alta preparación militar, información precisa y planificación milimétrica asalta la sede de la revista satírica Charlie Hebdo, asesinando a 12 personas. Casi simultáneamente, otro ataque en París acaba con la vida de una guardia municipal. En las 48 horas siguientes el terror se apodera de toda Francia. 80.000 policías y militares son movilizados en una auténtica caza al hombre que termina con la muerte de los 3 terroristas y otros cuatro rehenes.

    -Como en los atentados del 11-S en Nueva York, el “casual” encuentro de un carnet de identidad “olvidado” en el coche abandonado por los terroristas permite identificar a los autores de la matanza y poner a las fuerzas de seguridad tras su pista.

    -Poco después se conoce que uno de los autores del ataque había estado encarcelado por reclutar yihaddistas en Francia para la guerra en Irak. Pero desde hacía cuatro meses, en agosto de 2014, los servicios secretos franceses decidieron dejar de controlarlo e interceptar sus comunicaciones como venían haciendo desde 2008. Respecto al otro, la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) asegura haberlo detectado entrenando con Al Qaeda en Yemen.

    -Una cadena de televisión francesa consigue supuestamente entrevistar a dos de los tres terroristas. Dos de ellos afirman trabajar para el Ejército Islámico. Pero el otro asegura, por el contrario, seguir las órdenes de Al Qaeda. Dicen que sus ataques estuvieron sincronizados, pero que sin embargo no hablaron entre ellos.

    -El domingo día 11 por la tarde, tras la multitudinaria manifestación de repulsa, los ministros de Interior de la UE se reúnen en París. Aunque no hay acuerdos concretos, varios países, entre ellos España, deciden poner en marcha medidas de restricción de las libertades ciudadanas para garantizar la “seguridad”.

  -El fiscal general de EEUU convoca para el próximo fin de semana una reunión con los máximos responsables de seguridad de los principales países europeos para estudiar medidas conjuntas de “prevención”  contra el terrorismo yihaddista. Las editoriales de los grandes medios de comunicación norteamericanos se encargan de “adelantar” la agenda de la reunión : “Tal vez los europeos darán ahora un mayor apoyo a los programas de vigilancia contraterrorista montados por la Agencia de Seguridad Nacional, que fueron ampliamente condenados por los políticos y los medios de comunicación cuando fueron revelados por Edward Snowden.” (The Washington Post) “Que uno de los hermanos Kouachi estuviera en las listas de vigilancia estadounidenses debe motivar la búsqueda de una mejor cooperación y comunicación entre los aliados occidentales y de nuevas formas de lidiar con los yihadistas” (The New York Times).

    -El ex subsecretario del Tesoro con Reagan entre 1982 y 1986, Paul Craig Roberts -que ya se mostró enormemente crítico sobre la autoría de los atentados del 11-S, a los que considera un auto-ataque, y con la guerra de Irak- publica el 8 de enero un articulo en su página web donde denuncia que el “Ataque contra Charlie Hebdo fue una operación de falsa bandera”. En él, afirma que “es un ataque diseñado para apuntalar el estado de vasallaje de Francia a Washington” y que, de la misma forma que en la Guerra Fría EEUU montó la Red Gladio para organizar atentados en Europa, atribuirlos a los comunistas y forzar a los países europeos a alinearse férreamente con Washington en su disputa con la URSS, ahora está haciendo lo mismo, utilizando al terrorismo yihaddista como medio de asegurar el alineamiento de sus Estados tributarios y vasallos en la defensa de su declinante hegemonía mundial. Como ex alto cuadro del Estado nortemaericano, Paul Craig conoce de primera mano y de forma abundante cómo la superpotencia utiliza el terrorismo como una de sus muchas herramientas para intervenir y desestabilizar a aquellos países que busca controlar. En nuestra época, imperialismo y terrorismo son dos caras de una misma moneda.

En un reciente artículo publicado a finales de diciembre del pasado año, analizando el significado del desplome del precio del petróleo, (http://www.deverdaddigital.com/articulo/19134/contraofensiva-yanqui-guerra-economica-y-disputa-geopolitica/) decíamos:  “La contraofensiva lanzada por EEUU augura un 2015 preñado de tensiones mundiales y conflictos geopolíticos. Por un lado, Washington no puede avanzar en sus objetivos cualitativos sin someter al mismo tiempo al resto del mundo a una agitación permanente y desatar sobresaltos continuos en todo el tablero mundial. Por el otro, concentrar sus esfuerzos en romper por sus eslabones más débiles los principales frentes de oposición a su hegemonía (Rusia a nivel global, Irán en Oriente Medio, Venezuela en Iberoamérica,...) exige poner todavía más en tensión a los países situados bajo su órbita, forzándolos a intervenir en aquellos lugares donde su nueva estrategia provoque conflagraciones y desgarros y trasladándoles la factura de sus costes económicos, políticos y militares”.

Apenas han pasado 15 días y ya hemos asistido al primero de estos sobresaltos. Con él, EEUU ha enviado un claro “mensaje de año nuevo” a Europa.  Las agresivas respuestas de la superpotencia para tratar de frenar su declive han provocado dos focos de enorme inestabilidad en Oriente Medio (Irak-Siria) y el norte de África (Libia), donde se desarrollan sendas guerras sin cuartel de imprevisibles resultados y consecuencias.

Al mismo tiempo, la contraofensiva lanzada por EEUU en torno al precio del petróleo para romper el frente antihegemonista mundial por sus eslabones más débiles exige concentrar todas su fuerzas en este nuevo frente, sin que otros focos de conflicto le obliguen a distraerse de lo principal. Y sin permitir que nadie la cuestione, como acababa de hacer Hollande al admitir una posible suspensión de unas sanciones a Rusia que están dañando gravemente a la ya debilitada economía francesa.

El mensaje que lanzan los ataques terroristas en el corazón político de Europa no puede ser más claro. “Ustedes los europeos están en el blanco de la diana. Y por ello deben alinearse y prepararse para intervenir militarmente en Irak-Siria y en Libia cuando llegue el momento, su seguridad y su vida están en juego”. Momento que todos los indicios sugieren que puede ser inmediato. En Irak-Siria porque crece la convicción de que los ataques aéreos y el apoyo al combate de las tropas aliadas han servido sólo para contener momentáneamente el avance del Estado Islámico, pero son totalmente insuficientes para derrotarlo. Por lo que las predicciones del Pentágono acerca de la necesidad de enviar tropas de combate están cada día más cerca de hacerse realidad.

  En el caso de Libia porque, como decía un reciente editorial del New York Times, “A medida que la situación ha empeorado en los últimos dos años (…) en  última instancia, una 'fuerza de paz' internacional probablemente será necesaria para ayudar a restaurar el orden en Libia”. Y en ambos casos los países europeos –y entre ellos particularmente Francia por su fuerza militar y España por su situación geopolítica– estamos convocados a actuar en primera línea de combate sobre el terreno.

Ya desde 2010, nuestro país está siendo utilizado de forma creciente como plataforma de intervención  en África y Oriente Medio. La instalación de una brigada de 850 marines (ampliable a varios miles en situaciones de crisis y conflicto abierto) han convertido la base de Morón en la plataforma principal de intervención militar del hegemonismo yanqui en el Norte de África, el Sahel y el África subsahariana. Por su parte, tras la aceptación por el gobierno Zapatero a finales de 2010, la base de Rota se ha convertido en el flanco sur del escudo de defensa antimisiles de EEUU.

Las recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, acerca de que el terrorismo yihadista y la expansión del  Estado Islámico por el Norte de África son la principal amenaza de seguridad para nuestro país, unido al mensaje enviado por Washington en París, hacen prever que en un futuro inmediato nos veamos obligados a participar en primera línea de combate en las guerras larvadas o abiertas que se desarrollan en Oriente Medio y Libia. La defensa de la soberanía e independencia nacionales para no vernos arrastrados por la lógica de la guerra de Washington es cada vez más apremiante. El cierre de las bases norteamericanas en nuestro suelo y la defensa de una política activa de paz y neutralidad, una exigencia cada día más necesaria.


DeVerdad