sábado, 20 de diciembre de 2014

LA RELIGIÓN EN LA IGLESIA Y LA RAZÓN EN LA ESCUELA PÚBLICA

 
Antonio Aramayona
 
He contado hoy en el portal que ayer recibí en el buzón de casa (consecuencia de colgar tantas veces mis alegaciones y escritos oficiales, con mi dirección completa, en este Diario, por ejemplo) una carta postal, franqueada, en la que un hombre de cuyo nombre no quiero ni querré  acordarme me acusa, entre otras cosas, “de estar privando a la juventud española”, con mi actitud y reivindicaciones, de “lo más importante de la vida humana” (la religión, que identifica con las clases de religión en la escuela). Vuelvo a escribir en este Diario y por enésima vez mi opinión sobre las clases de religión en los centros de enseñanza.
Vamos a ver, si alguien está muy interesado en que sus hij@s adquieran una sólida formación religiosa, lo tiene la mar de fácil: entre lo que ell@s observen y escuchen en casa y lo que les digan en la catequesis o la parroquia, asunto arreglado. Si sus deseos son también que amplíen su educación religiosa en la escuela, aún le queda (de momento) otra vía más: los colegios privados confesionales. Si quiere además que asistan a clase de Religión y Moral Católicas en la escuela pública, que sea una asignatura de rango idéntico al resto de las asignaturas, que el sobresaliente en Religión que seguramente obtendrán sus hijos contribuya a la media de sus estudios, que el profesor sea designado a dedo por el obispo católico de turno no siempre según criterios precisamente académicos (algunas no renovaciones de contratos que han ido apareciendo en los medios de comunicación así lo confirman), entonces ha de concluir que le interesa mucho más lo que tiene de clase que lo que tiene de religión; o, si se me apura, más de poder e influencia que de formación y educación.

Es curioso, pero no ha habido en toda la historia de España una época con mayor libertad de cultos y creencias que la actual. Y, sin embargo, desde la Iglesia Católica siguen pataleando en cuanto atisban la posibilidad de una revisión del status quo existente e incluso pretenden quedar como víctimas  del laicismo y la persecución que supuestamente padecen. Y es que, según les convenga, van saltando de mata en mata, apelando a lo que les parece más oportuno: la necesidad de la dimensión trascendente del ser humano, la conveniencia de conocer algunos datos y hechos relevantes para la historia del arte o… el Concordato, con sus privilegios y sus dineros.
En realidad, se está dejando de lado el aspecto nuclear del asunto: en un centro educativo (al menos, público), se imparten saberes, no creencias; se estudian ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (sigamos hoy la nomenclatura de Dilthey), pero no tienen cabida doctrinas y adoctrinamientos. La fe y las confesiones religiosas son respetables como tales, pero no constituyen materia de asignatura alguna. La insistencia en las clases de Religión y Moral católicas tiene mucho más que ver con las parcelas de poder que la jerarquía católica ha poseído desde hace muchos siglos que con la religión como tal. Ese poder está condensado fundamentalmente en el Concordato y en los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede. No hace falta ser doctor en lógica para concluir que lo que realmente debe ser revisado (o derogado) son tales Acuerdos y no simplemente la modalidad y las condiciones de las clases de religión en los centros educativos españoles.
Y aquí ya hemos nombrado a la bicha… No ha habido un solo Gobierno español desde 1975 que haya osado poner sobre el tapete la revisión o la revocación de tales Acuerdos. Asistimos frecuentemente a intromisiones abiertas de la jerarquía católica en materias éticas, sociales, legales y políticas de nuestro país. Dentro de ellas, la clase de religión en la escuela pública es uno de los temas más recurrentes.
Quizá llegue pronto una día en que esta cuestión sea abordada en su raíz y quirúrgicamente. No creo que haya alguien realmente creyente que vea amenazadas sus convicciones y vivencias religiosas por la desaparición de una asignatura de religión en los centros públicos de enseñanza (deseo que en un día no lejano todos los centros sean públicos). Sus convicciones trascienden con mucho semejante casuística y sus vivencias le resultan bastante ajenas al pulso que el episcopado español pretende hacer sistemáticamente con los sucesivos Gobiernos. Por el contrario, tendrá tan claro como cualquier otr@ ciudadan@ que se trata de intereses creados, de poder de distinto sesgo y signo, y de carácter no precisamente trascendente, sino marcadamente terrenal.

Y ahora Vinos Chueca, estupenda banda (musical e incluso también algo de forajidos –es broma…) de Casetas (Zaragoza), aprovecha el río revuelto, como acostumbra, y nos canta “Si fuese Dios”, canción que viene pintiparada con lo que he estado escribiendo, y cuya letra y música no tienen el menor desperdicio.  


DdA, XI/2876