domingo, 21 de diciembre de 2014

CUBA MERECE UN RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL Y UN FUTURO PROPIO

cubalibre
Fernando de Silva
"A Cuba se lo debo todo", me decía emocionado Mamush  mientras nos tomábamos una cerveza en un bar de Arba Minch, una ciudad ubicada al sur de Eiopía que destaca por tener la mayor Universidad del país. Era el mayor de siete hermanos, que quedaron sin padre a raíz de la guerra por la independencia de Eritrea, que tuvo lugar entre los años 1998 y 2000. Por entonces un tal Fidel Castro tuvo la ocurrencia de llevarse a 10.000 jóvenes etiopes a Cuba para ayudarles a labrar su futuro y enseñarles una profesión, con la idea de que pudiesen volver después para ayudar a la reconstrucción de su país. Estas cosas no se saben porque no interesa que se conozcan; lo importante ha sido, siguiendo las órdenes del imperialismo americano,  demonizar durante décadas al dictador cubano, mientras nos  arrodillábamos  ante los tiranos que tienen petróleo o dinero para invertir en el mundo occidental; y así se salvan de la quema países totalitarios como Dubái, China y o la cercana Guinea Ecuatorial de Teodoro Obiang, por poner algunos ejemplos. Este escenario forma parte de la permanente hipocresía de nuestra sociedad, porque así nos lo han enseñado de pequeños.
Las cosas no son blancas o negras, aunque así nos las quieran hacer ver. Ahora Obama nos descubre que los grises también existen y ha decidido perdonar la vida a un pueblo al que no han conseguido arrodillar, a pesar de haber sido sometido a un vergonzoso aislamiento durante más de cinco década, afirmando  que las cosas no se solucionan con la incomunicación sino con diálogo. Tal parece que los  Estados Unidos de América  en donde viven los buenos de la películas de guerra, han tardado más de cincuenta años en enteresarse; pero más vale tarde que nunca.
Se ha levantado la veda, y ahora ya podemos hablar bien de Cuba, porque interesa romper el muro de su aislamiento. Sabemos desde hace años que la sanidad cubana es puntera en el mundo, pero ahora nos cuentan que los primeros en llegar después de las catástrofes siempre son los médicos cubanos, los únicos capaces de acudir a los sitios más recónditos, a los que casi nadie quería acceder. Mientras en occidente seguimos pensando cómo ayudar en África por la tragedia del ébola, los cubanos ya están allí desde hace meses, dando la cara en primera línea.
Puede que los dirigentes cubanos no sean unos santos, pero tan perversos como nos los han pintado tampoco. Me he preguntado muchas veces cuál sería el presente de Cuba, si no hubiesen sufrido el embargo que ha impedido que su economía pudiese prosperar. Quizás ahora las cosas serían muy distintas, pero esto queda a la imaginación de cada uno. Lo que es una realidad, porque ha sucedido,  es que mientras  muchas cadenas hoteleras españolas invertían su dinero en ese paraíso natural por meros intereses especulativos, al mismo tiempo que salían a diario del aeropuerto de Barajas aviones repletos de varones maduros que iban a disfrutrar de los cuerpos de las cubanas que se veían obligadas a prostuirse para poder sobrevivir, muchos se han dedicado  a regocijarse con los males del pueblo cubano, convirtiendo a Fidel Castro  en un demonio peligroso.
Es cierto que en la isla de Cuba se han cometido muchas injusticias y atrocidades en los últimos años. Pero de las más recientes y más vergonzosas ha sido protagonista los EEUU de América, sometiendo a centenares de prisioneros en Guantámano a un trato inhumano y vejatorio, sin acusación formal y sin juicio,  sin que sepamos cuantas han sido las víctimas mortales por los maltratos sufridos. Pero como han sido los buenos, y no los malos, los que han violado los derechos humanos, todos miramos para otra parte y en pocos días nos olvidamos de los crímenes cometidos por lo que se consideran dueños del mundo.
Cuba se merece un reconocimiento internacional y un futuro, que han de labrarse los propios cubanos, sin injerencias ni imposiciones. Basta ya de cinismo y de hipocresía, y cuanto antes pasemos página de lo ocurrido en los últimos 53 años, mucho mejor. Por cierto, España podía haber tenido un papel destacado en la caída del muro de su aislamiento, pero  Aznar nos alejó de nuestros primos hermanos, con tal de conseguir la amistad personal de Busch;  y hasta tuvo la osadía  de meternos en la guerra de Irak, un conflicto injusto e innecesario basado en mentiras ya reconocidas, que se convirtió en un genocidio que causó más de un millón de muertes. Pero eso no importa, es secundiario,  es un tema menor.
(La foto fué tomada en el rastro de La Habana el 12 de agosto del año 2001)
SinLaVenia

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